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Iglesia, universidad y Alcaldía de Mérida rechazaron la violencia

Monseñor Baltasar Porras Cardozo; Mario Bonucci, rector de la ULA, y Carlos García, alcalde de Mérida | Foto: Leonardo León

Monseñor Baltasar Porras Cardozo; Mario Bonucci, rector de la ULA, y Carlos García, alcalde de Mérida | Foto: Leonardo León

El rector de la ULA y el mandatario local coinciden en la importancia de monseñor Porras como mediador por la paz

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Monseñor Baltasar Porras Cardozo; Mario Bonucci, rector de la ULA, y Carlos García, el alcalde de Mérida, rechazaron de manera conjunta la violencia vivida en la ciudad andina desde hace varias semanas y abogaron por la paz del pueblo merideño.

Porras leyó un documento en el que exhortó a las autoridades regionales a que busquen alternativas de mediación y diálogo. “Representamos a tres instituciones fundamentales en la vida de la ciudad y del estado. Nos une la preocupación por la situación que vivimos desde hace un mes y medio. Urge ponerle cese a la violencia. Tanto la Conferencia Episcopal como nosotros mismos lo hemos señalado repetidamente. Nos duele la muerte fratricida de todos los caídos, sin excepción. Por todos ellos elevamos una oración y pedimos por sus familiares para que en su corazón no aniden sentimientos de odio y desesperación”, señaló en su lectura.

Mario Bonucci, rector de la ULA, reiteró la declaración del Consejo Universitario en la que condenan la violencia representada por grupos armados que agraden a la población civil indefensa que en ejercicio de su derecho protesta de manera pacífica, y exhortó al diálogo: “Proponemos la creación de una mesa en la que las partes puedan dar soluciones a los verdaderos problemas del país, tales como la inseguridad, desabastecimiento, desempleo, entre otros”.

Dijo que las partes de conflicto necesitan negociar y considera que la intervención de la Iglesia Católica puede ser una mediación para los problemas que afronta el país. “La paz no se decreta, se construye”, concluyó Bonucci.

El alcalde del municipio Libertador de Mérida, Carlos García, destacó que rechaza la violencia, la agresión a los ciudadanos y los daños causados a los bienes públicos e instituciones de la ciudad. “Consideramos que la intervención del arzobispo Porras nos demuestra que su papel es fundamental como actor de mediación ante la crisis de estos últimos días”.

Afirmó que debe reinar la paz, la tranquilidad y la hermandad en momentos en que todo el que piense distinto al gobierno es perseguido, y resaltó el caso del alcalde de San Cristóbal, reelecto por la voluntad del pueblo, a quien encarcelaron injustamente.

 

Anexo documento leído por Monseñor Baltazar Enrique Porras Arzobispo de Mérida

 

 

RUEDA DE PRENSA CONJUNTA

RECTOR ULA, ALCALDE DE LIBERTADOR, ARZOBISPO DE MERIDA

Palacio Arzobispal de Mérida

26-3-14

+Baltazar Enrique Porras Cardozo

 

Buenos días. Agradezco la comparecencia de los medios de comunicación a esta convocatoria que hemos hecho conjuntamente el Sr. Rector de nuestra máxima Casa de Estudios, el Sr. Alcalde de Libertador y mi persona. Representamos a tres instituciones fundamentales en la vida de la ciudad y del Estado. Nos une la preocupación por la situación que vivimos desde hace mes y medio. Urge ponerle cese a la violencia. Tanto la Conferencia Episcopal como nosotros mismos lo hemos señalado repetidamente. Nos duele la muerte fratricida de todos los caídos sin excepción. Por todos ellos elevamos una oración y pedimos por sus familiares para que en su corazón no aniden sentimientos de odio y desesperación.

 No podemos obviar que la protesta (mecanismo estatuido en la Constitución) es el producto de la angustia y desesperación que se genera por años del deterioro en la calidad de vida sin que se observe una respuesta efectiva para frenarlo. Como una evidencia de algunos elementos que señalan este deterioro podemos citar el colapso del sistema productivo que deriva en la necesidad de importar un exagerado porcentaje del consumo nacional y una escasez a niveles alarmantes; la inseguridad que ha costado la vida en forma violenta a manos del hampa a miles de venezolanos con impunidad en la mayoría de los casos; la corrupción en materia cambiaria denunciada por funcionarios gubernamentales sin que se produzcan las investigaciones y sanciones correspondientes de los involucrados, quedando solo en acusaciones generales de saboteo. Frente a todos estos elementos y a las consecuentes protestas, a quienes protestan por no estar de acuerdo con estas y otras innumerables situaciones contrarias a una buena calidad de vida, la descalificación, el insulto, la intolerancia y la fuerza desproporcionada de los organismos de represión genera, en algunos casos, reacciones desesperadas que tampoco podemos justificar o avalar.

Pero, además, el abultado número de heridos, la represión con excesos, los daños materiales, y la alteración de la tranquilidad a la que tenemos derecho todos los ciudadanos, nos ponen ante una realidad que no podemos minimizar o negar. La presencia de grupos o bandas armadas que actúan a placer, los excesos y abusos con la que los órganos de seguridad del Estado generan una violencia colectiva que nos pone ante una terrible realidad a la que hay que ponerle fin cuanto antes.

 Este clima de zozobra, anarquía, destrucción y muerte, nos hace despreciar el tesoro mayor que tenemos: la vida y la tranquilidad, a la que todos tenemos derecho para dedicarnos a la construcción del bien común. Se han hecho muchos llamados a la paz y a mesas de diálogo. Pero, como dice el Papa Francisco: "la paz social no puede entenderse como un irenismo o como una mera ausencia de violencia lograda por la imposición de un sector sobre otro".

Nosotros entendemos que la responsabilidad principal y el deber de garantizar la paz pública corresponden al Estado y a los órganos que lo representan legal y legítimamente; pero el lenguaje, los discursos y las acusaciones destempladas llamando a la paz, se convierten en un llamado ambiguo a la irracionalidad, emocionalidad y violencia. El verdadero diálogo exige escuchar y ser escuchado. "La paz hay que construirla, día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres". Hacen falta gestos y acciones claras, trasparentes que generen confianza y credibilidad. Necesitamos reconocernos los unos a los otros y tener el convencimiento de que ningún grupo en particular tiene el monopolio de la verdad. Esta debe construirse con la participación y la sensatez de todos.. Lo que implica ceder, aceptar, compartir, para crear una plataforma mínima común.

 Hoy, queremos hacer un llamado cordial pero urgente, a nombre de la fe cristiana de la mayoría de nuestro pueblo, a que pongamos todas nuestras energías para la búsqueda del bien común y de la paz social. Para encontrar caminos auténticos para entendernos, pongamos en práctica los sencillos consejos que nos da el Papa Francisco:

Primero, "que la unidad prevalezca sobre el conflicto. El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido". Aceptemos que existe un conflicto social, un reclamo, un anhelo que espera una respuesta. No seamos sordos o ciegos. Asumir la existencia del conflicto, nos permitirá determinar su magnitud, su verdad. Hay que hacer posible desarrollar una comunión en las diferencias, para ir más allá de la superficie conflictiva y construir una solidaridad donde los conflictos, las tensiones y los opuestos alcancen una unidad pluriforme que engendre nueva vida.

Segundo, "la unidad es más importante que la idea". La realidad es, está allí, la idea, la ideología, el fanatismo termina separándose de la realidad. No hay que ocultar la realidad, manipular la verdad, sino, con humildad y respeto, analizar todos los puntos de vista para encontrar consensos que nos permitan caminar unidos.

 La presencia de la universidad, la alcaldía y la arquidiócesis es una muestra de la voluntad sincera de aportar, cada una desde su ámbito, lo mejor de sí, para seguir siendo instituciones al servicio de toda la comunidad merideña. Como Iglesia, estamos abiertos a toda propuesta sincera, clara, en un ambiente de reconocimiento y respeto mutuo que contribuya al encuentro fraterno de todos, más allá de las diferencias, porque son muchas más las coincidencias, para que la paz y el consenso nos haga vivir mejor, con esperanzas y sueños posibles. Que el Señor y la Virgen bendigan a nuestro pueblo.

 Amparados por estas premisas nos atrevemos a proponerle respetuosamente al señor gobernador del estado la celebración de una reunión para examinar las causas de este conflicto, pasar revista a los problemas de la entidad federal que pueden generar nuevas confrontaciones y explorar el modo de poner cese a las tribulaciones que hoy perturban la vida de los merideños y la marcha de importantes instituciones.