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Crisis en unidad de radioterapia obliga a familiares a pedir colaboración para tratamientos

Unidad de radioterapia / Daniel España

Unidad de radioterapia / Daniel España

Tanto el acelerador lineal como el tomógrafo del Hospital Miguel Oráa de Guanare están dañados y el Ministerio de Salud lleva meses tramitando la reparación. El costo del tratamiento de radioterapia oscila entre 20.000 y 35.000 bolívares

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La crisis que padece desde junio del año pasado la Unidad de Radioterapia del Hospital Miguel Oráa de Guanare, se siente en las calles de la ciudad y de caseríos aledaños, pues los familiares de los pacientes con cáncer se han visto obligados a solicitar colaboración a la ciudadanía para costear los tratamientos.

Tal es el caso de la joven Élita García. Su padre, de 63 años de edad, padece de un cáncer en la encía, y debe guardar reposo absoluto, en cama, porque los médicos le prohibieron llevar sol y realizar cualquier esfuerzo.

El diagnóstico lo hicieron en un centro de salud de la ciudad de Barinas donde le practicaron la biopsia. Luego la familia acudió a la unidad de oncología del Hospital Miguel Oráa de Guanare a solicitar apoyo con el tratamiento, y allí sólo se comprometieron a practicar la quimioterapia desde este lunes, pero la radioterapia no pueden aplicarla porque los equipos no sirven.

Refirió García, que acudieron a Acarigua para solicitar presupuesto para el tratamiento con radioterapia en un centro privado, donde les informaron que las sesiones recomendadas tenían un costo que supera los 23.000 bolívares, lo cual excede la capacidad económica de la familia.

Por ello, la joven junto a otros familiares decidieron desde este domingo comenzar a pedir colaboración a los viajeros que pasan por la avenida Juan Pablo II, intersección con Troncal Nº 5, a la altura del caserío La Flecha muy cerca de la vivienda donde residen.

García reveló que su papá trabajaba vendiendo plátanos y frutas, y que no cuenta con los recursos para el tratamiento. Aspira que con el apoyo de la ciudadanía de buena voluntad puedan reunir el dinero para el tratamiento o que las autoridades, finalmente, pongan a funcionar la Unidad de Radioterapia de Guanare para acceder gratuitamente a las sesiones recomendadas.

No es el único. El caso del señor García –su hija prefirió no decir su nombre completo– no es el único que padece la situación de la Unidad de Radioterapia de Guanare. Más de 80 pacientes de Portuguesa, Barinas, Cojedes, Táchira, Mérida y Apure, que diariamente se sometían a tratamientos gratuitos contra el cáncer en el Hospital Miguel Oráa, ahora deben acudir a clínicas o hacer cola en los hospitales donde funcionan el acelerador lineal y el tomógrafo de las unidades de oncología de estados como Lara, Carabobo y Distrito Capital.

El servicio de radioterapia del Hospital Miguel Oráa de Guanare dejó de funcionar desde hace ocho meses, debido a que tanto el tomógrafo como el acelerador lineal, que fueron instalados mediante el convenio de salud entre Argentina y Venezuela en el año 2011, sufrieron desperfectos y no han sido reparados.

La paralización de la unidad de radioterapia de Guanare ha obligado a muchos pacientes a pedir ayudas al Gobierno regional, hacer colectas públicas o vender propiedades, para poder cubrir las radioterapias que tienen un costo aproximado de 20.000 a 35.000 bolívares porque incluyen hasta 36 sesiones.

Pañitos calientes. En la unidad de Guanare sólo colocan semanalmente hasta 8 implantes de cuello uterino, lo que también se denomina braquiterapia. El mantenimiento anual de los equipos de radioterapia tiene un costo de alrededor de 300.000 bolívares, dinero que no ha sido aportado por ningún organismo, pese a la importancia de la Unidad de Oncología.

Fabiana Azuaje, que padece de cáncer de mama, manifestó que se hizo el tratamiento de quimioterapia en la unidad del hospital guanareño, pero está preocupada porque le corresponde empezar el tratamiento de radioterapia y en Guanare es imposible hacerlo, pues los equipos no funcionan.

Expresó que las sesiones se las mandaron urgentemente y que está en el proceso a ver si consigue una ayuda por Barquisimeto para realizárselas allá en un centro público, dado que en los centros privados cada sesión cuesta hasta 1.000 bolívares y todo el tratamiento puede abarcar 30 sesiones.

“Esperamos que las autoridades tengan conciencia. Es algo que los enfermos necesitamos. Que se toquen el corazón y entiendan que también pueden llegar a la misma situación. Tengan compasión”, suplicó.
Alida González, que padece de cáncer de cuello uterino, contó que tuvo la suerte de hacerse 25 sesiones de radioterapia en la Unidad de Oncología, pero el proceso fue muy lento. Explica que no pudo realizarse las sesiones todos los días pautados, porque los equipos fallaron mucho en ese lapso y cada vez le decían que no se podía hacer la sesión, pues la máquina tenía un desperfecto. El tratamiento se prolongó por cuatro meses aproximadamente.

Otro caso de cáncer de cuello uterino es el de Delia Colmenares, quien debió ir a la ciudad de Barquisimeto en noviembre para hacerse las sesiones de radioterapia, porque en Guanare llevaba cuatro meses esperando que repararan los equipos de la unidad y esto no se concretó.

Vía crucis. Con base en la información obtenida, la unidad se paralizó en principio porque tanto el tomógrafo como el acelerador lineal no habían sido calibrados, lo que era indispensable para que funcionara adecuadamente. Luego de varios meses de espera se logró que la Dirección de Salud comprara los equipos de calibración –check in diario y monitores de área–, pero los equipos todavía no han llegado al país.

Después de alrededor de cuatro meses de haberse paralizado la unidad, en junio del año pasado se le dañó la tarjeta al tomógrafo y en octubre se dañó el acelerador lineal, exactamente las láminas de dinamización y el reflector de las multiláminas. Cuando se presentaron los desperfectos se notificó a la empresa Meditrón para que los revisara, pero nunca lo hizo.

Las autoridades de la Dirección Regional de Salud y del Ministerio de Salud están al tanto. Al parecer, las autoridades ministeriales están en conversación con los responsables del Convenio Argentina-Venezuela para concretar la reparación y el mantenimiento de los equipos, pero aún no se ha concertado ninguna fecha.

Poca vida útil
El acelerador lineal y el tomógrafo son el corazón de cualquier unidad de radioterapia. En la unidad de Guanare del Hospital Miguel Oráa, la vida útil de estos equipos ha sido mínima, pues fueron puestos en funcionamiento a principios de 2011, en diciembre de ese año tuvieron que ser reparados y en junio de 2012 se volvieron a dañar.
Siguen sin funcionar hasta la fecha.
Se pudo conocer que la razón de la poca vida útil de estos equipos radica en que pasaron cuatro años almacenados en espera de la construcción del búnker de Guanare, sin controlar los cambios de temperatura ni otras variables. Cuando se materializó la instalación y puesta en servicio, a los equipos sólo les quedaba un año de garantía.

Convenio con altibajos
El Gobierno de Venezuela firmó en 2004 un contrato millonario con 2 empresas de Argentina para dotar 18 centros de radioterapia: una fue la filial de la multinacional Philips en ese país y la otra, la compañía pública Invap, cuya sede está en Bariloche. Ambas suministraron un conjunto de 53 equipos clave entre los que había 10 aceleradores lineales y 8 unidades de cobalto, los cuales son empleados precisamente para emitir las radiaciones curativas en los tejidos afectados por células malignas.

A finales del año pasado, voceros vinculados a las empresas proveedoras confirmaron que en 2012 habían vencido las cláusulas de los contratos que garantizaban el mantenimiento preventivo de los aparatos. Eso ha incidido de manera importante en la irregularidad en la prestación de los servicios en los hospitales del país donde fueron instaladas las máquinas. El convenio con Argentina ha sido el más grande ejecutado por gobierno alguno para dotar las unidades de radioterapia del sistema de salud público, pero su implementación no ha garantizado a los afectados por la enfermedad un servicio sin interrupciones.