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Apagones y robo de cableado afectan producción

Algunos establecimientos advierten con letreros en la calle la suspensión de labores por falta de electricidad | Foto: ELEONORA DELGADO

Algunos establecimientos advierten con letreros en la calle la suspensión de labores por falta de electricidad | Foto: ELEONORA DELGADO

Algunos clientes comprenden la situación, pero otros han devuelto la mercancía. En otros casos hacen recorridos para procurar un servicio completo.

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“Justo se acaba de ir la luz y necesito sacar media docena de vestidos”. Así empezó la conversación con Eugenia Alviárez, quien tiene una pequeña fábrica de ropa para damas.

No sólo los apagones no programados le afectan su negocio sino el robo del cableado conductor de energía eléctrica. Este material, de acuerdo con información suministrada por las mismas autoridades, es llevado de contrabando a Colombia donde pagan sumas muy altas.

“En menos de un mes nos han robado, en cinco oportunidades, los cables de la calle. En el último quedó solamente una fase de 220 y se nos quemó la plancha y otros electrodomésticos. Gracias a Dios en ese momento las máquinas de coser no estaban conectadas y no sufrieran la descarga”, narró Alviárez, quien indicó que tal circunstancia los dejó casi dos días sin servicio.

La tardanza en reponer el cableado se debería a que Corpoelec no consigue el material con facilidad. La información que le han suministrado es que los robos son constantes en varios sectores de San Cristóbal.

“Hay gente que conoce de eso y sabe cómo cortar esos cables sin sufrir ningún accidente, según nos han explicado”, dijo.


Las cuentas. “Ahorita, los cortes son de dos a tres veces por semana. Algunos son de una hora, otros de dos horas y esto me ha generado pérdidas debido a que estamos prácticamente en temporada navideña y es la mejor época recuperar nuestras ganancias”, expresó Alviárez.

También los bajones en el fluido eléctrico afectan la producción de ropa y aunque cuenten con protectores, las máquinas son apagadas  para evitar daños o averías.

“No las prendemos porque ni siquiera los protectores nos garantizan que la máquina pueda sufrir algún daño”, dijo la empresaria.


Cifras preocupantes. “Por cada corte de una hora, nosotros perdemos entre 4.000 y 5.000 bolívares”, dijo Alviárez. La cifra puede variar según el cumplimiento de los pedidos y la tolerancia de los clientes.

“Hay algunos que entienden porque sufren en sus negocios por este mismo problema y también han tenido pérdidas de equipos o artefactos, pero hay quien se molesta porque no conoce cómo es el trabajo. En una oportunidad, un cliente al que le teníamos que entregar una mercancía se molestó y no nos la recibió. No es culpa nuestra que esos cortes se produzcan de manera repentina”, dijo.


Belleza sin luz. Alexis y su esposa son estilistas. En el local en que ambos trabajan él se encarga de los hombres y ella, de las mujeres. Reconoce que hay semanas en las que pueden laborar sin inconvenientes, pero hay otras que sufren dos apagones en la mañana e igual número o más en la tarde.

“Por cuestión de horarios, cuando los apagones son los fines de semana sí se siente las bajas en los ingresos porque es cuando viene más gente”, relató el barbero.

Adquirir una planta eléctrica no está en su presupuesto aunque no descarta la posibilidad. Por lo pronto, cuando se registran apagones, bajan las brekeras hasta que se restablece el servicio.

“A la mayoría de los hombres se les puede arreglar con tijera. Algunos esperan hasta que les pase la máquina, pero con las mujeres es más complicado. ¿Cómo haces con el cepillado? La que se pinta el cabello no se lo puede cepillar o las que se hace uñas acrílicas o algún tratamiento que requiera la utilización de un equipo que funcione con electricidad”, explicó el hombre.


Cuatro puntos. En los 29 municipios de la entidad se registran apagones con frecuencia. Sin embargo, en la zona de frontera, en los municipios Bolívar y Ureña, es donde hay más afectación. De acuerdo con residentes, todos los días de la semana hay apagones por sectores y en oportunidades dos sectores simultáneamente quedan sin electricidad. A esto se suma la inestabilidad del voltaje. Lo menos de un apagón es de dos horas y lo máximo cuatro horas. En Ureña, hace tres semanas, el apagón se extendió por 27 horas.