• Caracas (Venezuela)

Raúl Fuentes

Al instante

El tercer hombre

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Es cómodo trabajar con abreviaturas, siglas y acrónimos, pero corre uno el riesgo de meter la pata y, entonces, tener que rectificar –donde dije digo, digo Diego– como ahora hago en relación con una imperdonable confusión de identidades, pues donde debía leerse PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) puse PSOE (Partido Socialista Obrero Español) –movimientos no muy afines, como cabe pensar, a juzgar por el tratamiento dispensado por los fanáticos de acá al histórico líder de allá– por lo que presento o pido excusas o disculpas o lo que sea por lo sucedido y por no titular esta entrega “No es lo mismo ni se escribe igual” y, antes de que esto se vuelva, con la venia de Lope, soneto de Violante –en mi vida me he visto en tanto aprieto–, vayamos a lo nuestro.

Hoy domingo 28 de junio se celebra el Día Nacional del Teatro, motivo por el cual, inferimos, el partido oficial realiza sus elecciones primarias, pues mucho de farsa tendrá esta jornada, descrita como “juego de quita y pon” por un militante crítico y burlón, en la que se simulará elegir a quienes de antemano han sido seleccionados por una camarilla que no se cree lo de la participación o el poder popular y que, en la práctica, se reduce a Nicolás y Diosdado, un singular binomio (¿quién manda a quién?) cuyos integrantes, se barrunta, son más rivales que curruñas; el lunes, sin embargo, dirigieron al alimón un ensayo general del sainete que hoy se representa y sembraron vientos preñados de tempestad: “Si la derecha gana las parlamentarias yo seré el primero en lanzarme a las calles”, juró y perjuró Maduro; “firmen sus renuncias antes de traicionar”, exigió Cabello, previendo defecciones desde el vamos.

La pantomima roja irrita porque el país no está para comedias sino para tragedias; el chavismo, con y sin el que te conté, lleva 16 años poniendo la cómica y no hace reír sino sufrir, pero antes de su partida, y a pesar de los cubanos, o gracias a ellos, Chávez controlaba el coroto; ahora este no pareciera sintonizar del todo con una jefatura ambivalente, instaurada por militares que, a punta de fueros y sinecuras, la revolución convirtió en privilegiada castrocracia sin la cual es impensable esa gerencia a cuatro manos. Por eso se teme que, detrás de la diarquía, haya un tercero moviendo los hilos.

Reales o ficticias, las parejas siempre han sido objeto de culto, admiración o rechazo. En Grecia se adoraba a Cástor y Pólux, “los Dioscuros que velaban por los navegantes”; en el Popol Vuh se cuenta la historia de dioses gemelos, Hunahpú e Ixbalanqué, que se convirtieron en Sol y Luna; la Eneida y la Biblia relatan las tribulaciones de fratricidas primigenios: Rómulo, fundador de Roma, y Caín, hijo de Adán, que mataron a sus hermanos, Remo y Abel. También la ficción recrea duplas memorables –Don Quijote y Sancho, Sherlock y Watson–. En la vida real, alguno termina haciendo cui-cui: Castro era compadre de Gómez y vea usted. En el caso de la yunta que ha trepado a “las alturas del poder”, no está claro hacia dónde se inclina la balanza, porque si bien es cierto que Nico se dice presidente y en tal condición debería ser responsable de la política exterior, su sombra aparece como una suerte de superplenipotenciario que gestiona la adquisición de alimentos en Brasil o, valiéndose de su petrodependencia, presiona a Michel “Sweet Micky” Martelly, músico, bailarían y presidente de Haití, para que este le facilite acceso a un funcionario del Departamento de Estado a fin de negociar inmunidad e impunidad a cambio de información privilegiada sobre tejemanejes cubanos e iranés en los que estaría enredada la revolución.

Sutor sutoribus, latinajo que usan los diplomáticos y quiere decir zapatero a tus zapatos, debe haber exclamado más de un funcionario de Itamaraty ante las inusuales diligencia del hombre del mazo y las demandas; pero, lo que habrá pasado por la cabeza de Thomas Shannon cuando descubrió la identidad de su interlocutor, solo puede ser materia de especulación: suponemos que privaron los intereses sobre los principios. O se impuso la resignación. No será Talleyrand o Metternich, de acuerdo, pero “toda diplomacia es negocio y todo negocio es diplomacia” ha debido filosofar el adjunto de Kerry, recordando sus lecturas oxfordianas, así que, haciendo de tripas corazón, posó para la elucubración; por la noche, el capitán quizá bailó con la Rodríguez Sòti nan Mereng rive nan Kompa Dirèk. De recuerdo quedo la inverosímil foto. Teatral, como la función a la que acudirá hoy la pareja dispareja. ¿Asistirá también el tercer hombre?