• Caracas (Venezuela)

Raúl Fuentes

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Raúl Fuentes

Patadas

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En un crónica publicada en el matutino español  El País, la periodista argentina Leila Guerrero atribuye al escritor colombiano  Héctor Abad Faciolince  una  afirmación que envidio y me hubiese gustado  haber sido yo quien la pronunciara o escribiera: “Desde hace tiempo lo que escribo me sabe mal. Me gusta más lo que escriben los otros”. La frase nos obliga a pensar y repensar los argumentos con  que, semana a semana, hilvanamos nuestro artículo  dominical, sobre todo cuando nos invade una agobiante sensación de déjà vu al revisar lo que acontece en el país.

Por fortuna – o por desgracia -  en estos días sólo se habla de una cosa: de fútbol, naturalmente. Albert Camus llegó a sostener  que todo lo que sabía con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debía al fútbol; como el autor de La peste, otros insignes creadores han prodigado elogios a un espectáculo  cada vez más industrial y menos deportivo; también y, felizmente, hay encumbrados escritores que denuestan de él.  A Jorge Luis Borges, por ejemplo, le resultaba inaudito que nunca se le hubiese echado en cara a los británicos “haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol”, al cual, además, se refería como, “uno de los mayores crímenes de Inglaterra”. Y el español Fernando  Savater, aunque  lo considera interesante en tanto fenómeno de masas, ha abominado del balompié calificándolo de ordinariez e ignominia.  

Como se ve hay pros y contras para todos los gustos, pero no vamos a tomar partido ni por los fanáticos ni por los detractores de ese pasatiempo  que ahora mismo acapara el interés  de casi todo el planeta y provoca el airado rechazo de los brasileros a los dispendiosos gastos que supone montar un evento como el campeonato mundial que se está celebrando contra viento y marea; nos interesa, sí, el hecho de que se practique a las patadas, sobre todo en momentos en los cuales es muy fácil constatar que lo muy poco que hizo el ínclito de Sabaneta con las manos lo deshizo Maduro rápida e inmisericordemente con los pies. 

Le viene bien al régimen  el certamen mundialista  en momentos en que no pega una en materia de trapos rojos; durante un mes buena parte de los venezolanos se instalará frente a sus televisores para seguir las incidencias de cada encuentro en emisiones saturadas de publicidad oficial que nadie verá dada la estructura de la transmisión que concentra los mensajes comerciales en un solo bloque entre los dos tiempos reglamentarios. Le viene bien porque los medios probablemente estén compitiendo entre ellos para ver quien acapara más lectores, escuchas o televidentes, de modo que la rebeldía juvenil corre el riesgo de pasar a segundo término en el plano informativo, a no ser que la ocasión sea aprovechada creativamente para que la ciudanía haga oír su voz y saque oportunas tarjetas rojas al equipo gubernamental. Le viene bien que este jolgorio  sea previo al tercer congreso del PSUV para que las brigadas de choque  Bolívar-Chávez (UBCh) pasen desapercibidas y no nos demos cuenta de que no son tantas como pregonan  o para encubrir enfrentamientos en el seno del partido que pudiesen conducir a su fractura y dejar a más de uno en la estacada (qué bueno sería que en esa convención apareciese un Nikita Krushev para desenmascarar al eterno y cósmico comandante). Y le viene bien principalmente porque ahora, cuando se ha hecho evidente que, en nuestro país, la justicia la administra la cúpula cívico militar atornillada al poder, pueden sus “juristas” arreciar sus ejercicios de hermenéutica e interpretar lo que, hablando de fútbol, tal vez quiso decir o pensó pero no dijo, y no importa porque subliminalmente subyace en sus declaraciones, tal o cual  persona ligada a la oposición, contando para tan grotesco proceder con la complicidad absoluta del ministerio público, cuya titular nada tiene que envidiar al Cardenal Richelieu quien  dejo para la posteridad esta sentencia: “Dadme dos líneas escritas de su puño y letra por el hombre más honrado y encontraré en ellas motivo suficiente para hacerlo encarcelar."A tono con el torneo, el oficialismo no parará de arremeter a  puntapiés contra cualquier intento de negociación y colocar zancadillas al diálogo; siempre en posición adelantada,  sus voceros seguirán  profiriendo las sandeces y los exabruptos que forman parte de la  desgastada cháchara de un mandón que “podría decir cosas interesantes si dijera lo contrario a lo que piensa” (Arrabal dixit) y no ha asimilado los alcances de su responsabilidad ni lo que se espera de él y que, perplejo, deambula por la cancha sin poder concretar jugada alguna. Continuará, sin duda, metiendo la pata una y otra vez.