• Caracas (Venezuela)

Raúl Fuentes

Al instante

Parques y ejes temáticos

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Pierre Menard, insólita aunque verosímil invención de Borges, no plagiaba un libro; duplicaba al autor para elaborar un texto que coincidiera, palabra por palabra, nada menos que con el Quijote –“Puedo premeditar su escritura, puedo escribirlo, sin incurrir en una tautología”–, una empresa –“complejísima y de antemano fútil”– a la que dedicó años porque quizás intuía que la novela del genial manco complutense contenía todas las novelas. Henning Mankell, escritor sueco fallecido en octubre del año pasado, puso de moda la novela policial escandinava; sus libros, se convirtieron rápidamente en best sellers, en todas las lenguas a las que fueron vertidos, incluyendo la que masticamos y garabateamos los venezolanos. Por si fuera poco, hemos podido disfrutar, a través de Film & Arts, de dos series, una sueca y otra británica, basadas en ellos; por eso, no temo equivocarme al suponer que los lectores han de estar familiarizados con la figura del melancólico detective de Ystad que aquí invocamos, no por sabueso, sino por tener un padre pintor, artista singular que, durante décadas, ha plasmado en sus lienzos un mismo paisaje en el que ocasionalmente aparece un urogallo. Toda una vida al servicio de una idea fija, no para reproducirla automáticamente, sino para imaginar que es un nuevo y definitivo punto de vista, aunque el resultado sea un cuadro idéntico a los anteriores.

“Es lo mismo, solo que diferente” es frase que escuché a un pescador adiestrado para decirte que el futre sabe a mero y viene al caso al observar cómo la obsesiva reiteración de sus demonios y fantasías por parte de muchos artistas los induce a experimentaciones formales para darle vueltas y revueltas a sus fantasmagorías y presentarlas de manera novedosa u original. Algo similar sucede con el rediseño continuo del empaque estilístico que ha transformado los artículos de opinión en un monotemático dale que dale  con cierto ingenio, a fin de hacer digerible el listado de calamidades que el ciudadano parece soportar con resignado estoicismo, pero que podría acentuar la angustia que el rojo anacronismo bolifascista ha convertido en existencial. De allí que, para no incordiar al lector, procuremos pincelar otros panoramas y pergeñar, en lo posible, un discurso alternativo.

“Con la llegada de Chávez al poder, en 1999, los viejos sueños de Antonio resurgieron. Para toda su generación, el gobierno comenzó a proponer una suerte de parque temático de los años sesenta. Por momentos, el país parecía un espacio adonde sacar a pasear las nostalgias”. Cuando leí este párrafo de Patria o muerte la más reciente novela de Alberto Barrera Tyzka –elogiada por múltiples motivos, algunos de los cuales fueron expuestos por Pablo Antillano en el Papel Literario de este periódico (10/01/16)– me asaltaron recuerdos del Chile de la Unidad Popular; del cosmopolitismo revolucionario que hizo suyas las calles de Santiago y, especialmente, de los exiliados brasileños que sambaban con caipiriña sus saudades de playas cariocas y bares paulistas. Uno de eso canarinhos, el compositor y cantante Geraldo Vandré –autor de “Caminhando” (“Pra não dizer que não falei das flores”), auténtico himno de la resistencia contra la dictadura militar que derrocó a João Goulart– alucinaba con la creación de lo que denominaba “República das belezas de Benvirá”, suerte de Disneylandia socialista que contó con animadores entusiastas y de peso, como Darcy Ribeiro, quien se ofreció para someter a consideración de Allende la delirante utopía en la que se planteaba la cesión de tierras en el norte chileno para su establecimiento y manutención: Benvirá contaría con un puerto y una autopista para que Bolivia tuviese acceso al mar, pagando un royalty que garantizase una confortable subsistencia a los tejedores de sueños que la poblarían. A sus 80 años, Geraldo, que ahora es el Dr. Pedroza de Araujo, funcionario jubilado y ensimismado, no ha vuelto a hablar del proyecto, tampoco de su música, pero ahí está –fazendo canções e versos em silêncio–, esperando quizá ser contado o cinematografiado como vívida expresión del surrealismo latinoamericano.

En Venezuela se sigue hablando del poder comunal y el Ejecutivo dispuso un parapeto en el capitolio buscando escapar del control parlamentario; también se instaló un “comité preparatorio del congreso de la patria”, plenario de derrotados cuyo objetivo sería, según la pedantería de Aristóbulo, definir “los ejes temáticos para la construcción del nuevo bloque histórico” y, para Nicolás –olvidando lo que se dijo antes, durante y después del proceso constituyente que parió a la bicha–, ¡refundar la patria!… y es aquí donde retorna el ¿qué vaina es esta? que provocó el decreto de emergencia económica. Y es que el parque temático chavista es apenas un deplorable y carnavalesco templete de supercherías en el que son venerados por igual el Eterno y el Conejo.