• Caracas (Venezuela)

Raúl Fuentes

Al instante

Raúl Fuentes

Fantasmas de abril

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De los milagros atribuidos a Jesús, ninguno más asombroso que el haber devuelto la vida a Lázaro, a quien había llorado por ser su amigo (así lo cuenta en el Evangelio de Juan), anticipo de su propia y divina resurrección, ocurrida  al tercer día de su crucifixión –así como la de todos los muertos cuando se convoque el  juicio final– y es motivo de celebración hoy Domingo de Pascua florida. Ese portento fue definitivo para cimentar la creencia de que el Nazareno era, en efecto, hijo de Dios. La resurrección de Lázaro es anecdótica; la de Cristo trascendental y por eso, aunque su reino no es de este mundo, se le cantan glorias, salves y hosannas. Y es que una resurrección no es cualquier cosa. En Venezuela estamos siendo víctimas de una, propiciada por la chapucería de quienes mataron al tigre y huyeron del cuero, que fue colofón de los sucesos acaecidos  entre el 11 y el 13 de abril de 2002, todavía  no satisfactoriamente explicados ni por los vencedores ni por los vencidos.

Ha querido la casualidad que por estos días reparásemos una asignatura pendiente y leyésemos Anatomía de un instante (2009), ensayo y crónica que pudo ser novela, en la  que Javier Cercas lleva a cabo  una rigurosa revisión del fallido golpe del 23 de febrero de 1981, construyendo un fascinante relato a partir de las imágenes captadas por la televisión estatal de ese instante, diseccionado por el autor para explicar lo que en alguna página tildó de españolada. En el prólogo (Epílogo de una novela), Cercas se pregunta si  los actores que construyen ese crucial punto de inflexión de la democracia hispana –Adolfo Suárez, Rodríguez Mellado, Santiago Carrillo, Tejero– no serían acaso ilusorios y se apoya, para ese planteo, en una encuesta realizada en el Reino Unido, en 2008, según la cual “la cuarta parte de los ingleses pensaba que Winston Churchill era un personaje de ficción”. Achaca esta percepción a la escasa o nula exposición televisual que tuvo el ex premier británico, que no es el caso de los personajes mencionados cuyos gestos y actitudes sirven de soporte al escritor para un prolijo examen de los hechos y sostener que el golpe había triunfado a los dos minutos de producirse, pero fue derrotado en el tercer minuto. Hay mucho de metáfora y simbolismo en estas afirmaciones y profundizar en ellas no es la intención de estas líneas. Pero, si Cercas ha necesitado casi medio millar de páginas para reflexionar sobre los 15 minutos de fama del coronel Tejero, ¿cuántas cuartillas habría que escribir en este atribulado país para aclarar lo sucedido en esos turbulentos días de abril que supusieron la caída y el renacer de un régimen que excluye a la mitad del país y sojuzga, a través del clientelismo, a la otra mitad?

Hay muchos cabos sueltos, bastante tela que cortar y demasiadas preguntas sin respuestas en relación con esa episódica asonada. ¿Cómo no sospechar que el quítate tú pa’ ponerme yo, televisado y difundido en cadena nacional, no fue en  realidad una pantomima para camuflar una celada, preparada con milimétrica minucia, a fin de desarticular a la disidencia, que pisó el peine, y  salir de una oficialidad alérgica al comunismo, que también cayó en la trampa? ¿Cómo elucidar el providencial contragolpe del general  Baduel, Deus ex Machina que restituye al ángel caído, sin un tiro de por medio? ¿Por qué no se conformó una comisión que indagase los antecedentes, pormenores  y consecuencias del resbalón presidencial y el fugaz encumbramiento de Carmona? ¿Quiénes  ayudaron a que este huyese del país? ¿Quiénes ordenaron enrumbar la marcha a Miraflores? ¿Quién redactó el deplorable decreto leído durante la juramentación del hombre de Fedecámaras? ¿Cómo evitar que lo acontecido no parezca una comedia de enredos, urdida en alguna  sala situacional? Estas son, apenas, unas pocas interrogantes que surgen cálamo currente y quedarán en el aire, pues, mientras el castrochavismo siga copando la escena nacional, no sabremos si hubo de verdad un putsch o si el “vacío de poder” fue un invento de la televisión o la evocación de un épico pasado forjado por la imaginación del astro comandante galáctico.

En el epílogo de la obra comentada (Prólogo de una novela), puede leerse: “El golpe no triunfó, ni siquiera triunfó en parte, pero a corto plazo algunos objetivos políticos de los golpistas parecieron cumplirse”. No fue este nuestro caso: Chávez no pudo ser redivivo biológicamente cuando le llegó la hora de decir adiós, pero sí lo fue políticamente; los sediciosos solo lograron atornillarlo al poder. Por este espejo retrovisor deben mirar los opositores que quieren cambiar de canal, no vaya a ser que resuciten los fantasmas de abril.

 

rfuentesx@gmail.com