• Caracas (Venezuela)

Raúl Fuentes

Al instante

Corderos en fuga y acetaminofenos en flor

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Acaso escribir no sea solo, como simplificó Mallarmé, poner negro sobre blanco; tampoco esperar a que afloren ideas para llenar el vacío de una página. El mismo autor de la Siesta de un fauno dijo alguna vez que “no escribimos con ideas, sino con palabras”. La cuestión es dar con estas para tratar de continuo un único asunto con enfoques distintos y conclusiones novedosas. Los publicistas tienen el don de decir cada vez lo mismo de una forma siempre diferente, tanto para persuadir al consumidor, cuanto para convencer al cliente: es la esencia su oficio; pero, para buena parte de los escribidores no alineados con la verdad oficial, que publican sus opiniones en este y otros periódicos que aún conservan su independencia editorial, no se trata meramente de conseguir los vocablos adecuados, sino de esquivar la tediosa temática inducida por un ejercicio del poder arbitrario, errático, desmemoriado y ramplón.

Felipe González acaparó la atención de quienes están hasta los tequeteques de la monotonía informativa que arrastra consigo la inmovilidad de esta administración, su presencia hizo repuntar la curva de desaciertos escarlatas cuando, desde el estado mayor cívico militar, se le tildó de fascista, lo que es una soberana estupidez y una muestra de ignorancia crasa que da alipori. Impidiéndole que visitara a los presos, las autoridades magnificaron su estulticia. Con sísifica testarudez, insistieron en que cuatro gatos manifestaran en su contra; el tiro devino, entonces, en estentóreos suspiros culateros que desacoplaron su rabo de paja para hacer el ridículo universal (basta revisar la prensa internacional para darse cuenta de ello). Cuando creían que la conmoción había cesado porque el español (a quien se negó toda posibilidad de entrar en contacto con los presos políticos o de asistir a las audiencias de Leopoldo López y Daniel Ceballos) optó por marcharse, el país se desternilló de risa con el desopilante llamado de Rona del Valle Gómez, compañerita del PSUV que busca estrenarse como diputada, a sembrar “maticas de acetaminofén” para poner término a la crónica la escasez de fármacos. ¿Cómo lucirán los acetaminofenos en flor?

En el escenario descrito es una papaya no ya criticar o impugnar la gestión nicochavista, sino, a pesar de sus deplorables efectos, mofarse abiertamente de ella. Es lo que ha sucedido con el ataque de culillo otológico u otoculillo –morbo común entre quienes padecen del síndrome de Pinocho– que sufrió el mandón ante la perspectiva de ser desenmascarado por el santo Pancho. Esa falta de incentivos para tomar en serio al gobierno es quizá la razón por la cual la MUD se ha convertido en la pagapeos predilecta de militantes de escritorio, radicales ampulosos y grupúsculos presumidos que juegan al situacionismo mal entendido, compran lo nuevo por diverso y fomentan, con carácter excluyente y monopólico, su propia empresa política; una empresa que cuestiona todo y nada propone, propiciando el inmovilismo y alentando el desaliento. Puede decirse que, tal vez sin procurarlo, se la ponen de bombita a los rojos, cuyas posturas en las apuestas por el aplazamiento o suspensión de las elecciones siguen subiendo, y hacen más que preocupante el celestino mutismo del Consejo Nacional Electoral

“El demagogo lleva el timón mediante el sistema de celebrar plebiscitos cuando le place. El arte está en el modo de plantear la pregunta; si se resuelve bien este punto, la respuesta es abrumadoramente afirmativa, no solo en virtud del número, sino también en virtud de la uniformación (sic) espiritual, que alcanza hasta las élites”. La pertinencia de esta reflexión (Ernst Jünger, Eumeswil, 1977), seguramente traicionada en la traducción a juzgar por la hórrida “uniformación”, se hizo patente con los comicios en serie propiciados por Chávez, para ratificar o elegir –siempre con acento plebiscitario– sus majaderías y digitaciones. Tenía, empero, el cardiopatriota comandante para siempre dos cosas de las que carece el sucesor: carisma y centavos como monte; desangelado y en la carraplana, al ornitólogo no le queda más que un trémolo nalgatorio y el consabido ahí viene el lobo –¿se persignará la abuelita?, ¿se alegrará Caperucita?, ¿huirán los corderos?–.

“Si fracasara la revolución bolivariana y el imperialismo toma el control del país, que se preparen para un tiempo de masacre y muerte”, profetizó, amenazador y apocalíptico Maduro, sin percatarse de que la revolución fue involución desde el principio y que habrá “masacre y muerte” solo si una victoria por las buenas de la oposición, en las legislativas que guindando están, es desconocida por la malas. Así se deduce de su espeluznante advertencia. Pero, si para “poner negro sobre blanco” hay que tener algo que decir, para asustar hay que mostrar algo más que espuelas; por eso, no es la inhibición estrategia aconsejable ante semejante ultimátum.

 

rfuentesx@gmail.com