• Caracas (Venezuela)

Raquel Gamus

Al instante

Por fin qué dice la Fapuv

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Experimentar la crisis económica nacional –colas, escasez, inflación desbordada– en la vida cotidiana tiene un efecto pavoroso. Y vaya que nos concierne a los profesores universitarios. En lo que nos atañe ya no se trata de mantener un nivel de vida de clase media profesional, que hace tiempo perdimos, sino de acceder a la adquisición de los bienes básicos de alimentación y salud. Justamente esa fue la razón por la que en septiembre del año pasado, ante la falta de respuesta del Ejecutivo a las demandas salariales, el ya prolongado conflicto gremial pasó a la suspensión de actividades.

Recordemos que la directiva de la Fapuv fue la única de las asociaciones gremiales que no aceptó las mejoras propuestas por el ministerio en la mesa de negociaciones, la cacareada Acta Convenio con todos los gremios reales e inventados de las instituciones de educación superior de cualquier pelaje. Para ratificar la voluntad ya expresada en las universidades autónomas que la constituyen –como es el caso de la UCV– la Fapuv promovió en el mes de octubre pasado una consulta profesoral cuyo resultado irrefutable fue la suspensión de actividades. Con gran combatividad mostraba una decisión inequívoca de continuar la lucha gremial hasta lograr la razonable satisfacción de las justas solicitudes.

Pero inexplicablemente a comienzos de diciembre, cuando apenas faltaban pocos días para las elecciones y para las vacaciones navideñas, esa misma directiva hizo un llamado a suspender el conflicto sobre la base de un compromiso verbal del ministro de Educación Superior, cuyo contenido nunca se ha conocido ni mucho menos concretado; tampoco sabemos si será reconocido por el nuevo ministro. Con esta decisión la directiva de la Fapuv no solo atropelló la opinión profesoral que consultó y esta vez ignoró, sino que le infringió una grave herida al movimiento gremial al restarle toda credibilidad y poder de negociación.

El brillante discurso del diputado Miguel Pizarro en la  nueva Asamblea Nacional y la designación de una comisión para atender con prioridad la crisis universitaria generan optimismo, pero aún queda por resolver hasta qué punto el gobierno nacional tomará en cuenta las recomendaciones y decisiones del  órgano legislativo.

La enorme deuda moral de  la directiva de la Fapuv  con el profesorado no ha sido saldada. Con su proceder inconsulto dejó toda decisión en manos del ministerio. Hasta el momento han guardado silencio; ni siquiera en la asamblea convocada por la Apucv, que no acató la decisión, a comienzos de enero hicieron acto de presencia, ni han publicado ninguno de los comunicados a los cuales nos tenían acostumbrados. Deben una explicación de su objetable conducta.  

Raquel Gamus