• Caracas (Venezuela)

Ramón Piñango

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Ramón Piñango

No será un día cualquiera

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Para la inmensa mayoría de quienes nos oponemos al régimen votar o no votar no constituye un dilema. Simplemente, estamos conscientes de que quienes detentan el poder prefieren una y mil veces que los opositores se abstengan de votar en las elecciones del próximo domingo. Es obvio: para el madurismo es asunto de vida o muerte demostrar, ante el país y el mundo, que es capaz de ganar elecciones. Si gana, gana mucho; si pierde, pierde muchísimo. Por su parte, para la oposición también es fundamental ganar.

Un triunfo electoral le abre opciones en sentidos diferentes a su acción dirigida a desplazar del poder al madurismo.

Ni el madurismo ni la oposición pueden darse el lujo de no votar. Eso está claro.

Lo que ocurra después de las elecciones es lo que no está claro, porque ello dependerá de quien gane y de quien pierda. Si gana el madurismo, viviremos, prácticamente de inmediato, la radicalización del mismo tipo de acciones que se han desarrollado en los últimos meses: hacer lo que sea, sin respetar elementales normas constitucionales y legales, más censura, más represión, más violación de derechos humanos y políticos, más persecución. Hacer lo que sea necesario para mantenerse en el poder, para eso hay armas, dinero y gente dispuesta a actuar impulsada por el fanatismo o el dinero.

Si pierde el madurismo, probablemente seguirá el mismo camino, con mayores dificultades pero lo intentará desesperadamente porque está muy consciente de lo que implicaría dejarlo cuando tanto se ha abusado de él. No hay ninguna señal creíble de una apertura al diálogo con la oposición.

Si la oposición gana, su liderazgo tendrá ante sí el reto de hacerse respetar por quienes votaron contra el régimen y no ven la hora de un cambio de gobierno que produzca una transformación a fondo del país. Comprar tiempo va a ser difícil para quienes manejan la estrategia opositora.

Después de las últimas elecciones las propuestas radicales han cobrado mayor fuerza y sobran las razones para pensar que después del 8d se potenciarán aún más, gane o pierda la oposición.

La conducta del régimen, más y más totalitaria, destructiva, vejatoria, inconstitucional y arbitraria, hace inevitable que la gente la perciba como la rápida materialización de un régimen comunista. La gente que rechaza al régimen y que conforma al menos la mitad del país, quiere respuesta de sus líderes en términos de acción.

Para gran parte de esa gente "respuesta" significa algo retador que obligue a retroceder a quienes tienen el poder, y que eventualmente logre su desplazamiento. Eso no es cualquier cosa.

Gane quien gane, de nuevo quedará claro lo que ya sabemos desde hace largo tiempo: el país está dividido políticamente en dos partes ninguna de ellas despreciable. Pareciera que tanto el régimen como la oposición cuentan cada uno con el apoyo de al menos un cuarenta por ciento de la población. Eso representa un apoyo significativo.

Gane quien gane, el 8d será más evidente que el país es inmanejable sin tomar en cuanta al "otro", a menos que se recurra al uso desmedido de la fuerza. En las últimas semanas hay señales de que el régimen está dispuesto a quedarse en el poder cueste lo que cueste Seguirá avanzando en este sentido. En la medida que este comportamiento continúe y el liderazgo opositor trate de detenerlo, lo logre o no crecen las probabilidades de que alguien surja de "la nada" para evitar lo peor: un enfrentamiento fratricida.

El 8-D no será un día cualquiera.