Caída en barrena
14 de agosto 2012 - 03:52 pm
El candidato presidente parece andar solo, a pesar de tener un inmenso soporte comunicacional y publicitario.
Por supuesto, que mucha gente trabaja para él. Es obvio que hay especialistas tras su campaña. Aun así da la impresión de que actúa por su cuenta. Las contradicciones entre su publicidad y su conducta son tangibles.
La publicidad enfatiza amor y paz -Chávez, el corazón de Venezuela- pero él destila una desmedida agresividad y odio contra los opositores. Es más, en una misma presentación el candidato es capaz de contradecir lo dicho unos minutos antes.
Afirma que hay que atraer a la clase media, pero lanza todo tipo de improperios contra las empresas, el capitalismo y un estilo de vida que él presupone dispendioso e inmoral.
Despotrica contra la educación privada, educación preferida también por sectores de modestos ingresos ante las condiciones lamentables de muchos planteles públicos.
Si alguna cosa es delicada en una campaña electoral es suspender los actos públicos con el electorado. Tal cosa ha ocurrido tres veces recientemente: primero pospuso un mitin en El Valle, luego suspendió la visita a Ciudad Guayana y la semana pasada pospuso una concentración en Catia La Mar.
¿Coincidencias, mala programación, asuntos imprevistos, salud, falta de gente, errores de agenda? Sea cual fuere la razón, el hecho es que no se cumplió con lo anunciado y muchos se quedaron frustrados, con los crespos hechos. Como si lo anterior fuera poco, el domingo antepasado ocurrió algo insólito: el candidato presidente perdió la compostura al ver la reacción de unas cuantas personas cuando anunció la candidatura oficial a la Gobernación de Carabobo. Fuera de sí gritó que él decía quién era el candidato.
Dos días después, la prensa nos informó lo declarado por un dirigente del PSUV: "A Chávez no se le puede dar un cheque en blanco". El choque de los gritos presidenciales con los de quienes clamaban por una candidatura distinta de la anunciada, constituye una señal clara de que algo anda mal en el partido de gobierno; muy probablemente se trata de la obvia contradicción entre un partido político, que pretende actuar como organización en la cual existen puntos de vista diferentes, y el egocéntrico autoritarismo de quien lo preside. Dado lo escandaloso del incidente, cuando el sábado pasado el candidato presidente anunció el retiro de Tareck el Aissami como candidato a la Gobernación de Táchira, sin designar al sustituto, es inevitable pensar que el oficialismo es presa del temor a nuevos encontronazos en público. Abundan los comentarios sobre la escualidez de las concentraciones del candidato presidente.
Tengan base o no las especulaciones, el hecho es que él mismo informó que cambia la orientación de su campaña, en vez de grandes concentraciones, reuniones focalizadas en sectores... o algo por el estilo. Lo que parece difícil de cambiar es la propensión a hacer el ridículo cuando se miente.
Ejemplo: "El país produce 80% de los alimentos que consume". Parece que la campaña entró en barrena. Más allá de la campaña electoral, es insoslayable preguntarse: ¿en qué estrategia política estará pensando el oficialismo? ¿Es un simple truco de campaña o amedrentamiento insistir en que Capriles se porta al margen de las normas, que no respeta al árbitro y que la oposición planea desconocer el triunfo seguro del candidato presidente? ¿Es algo intrascendente hablar de mercenarios y magnicidios? ¿Cómo reaparecerá lo de la enfermedad presidencial? Si la campaña oficialista anduviera bien, interrogantes como éstas no tendrían importancia alguna, pero como va mal, hay que hacerse tales preguntas u otras más graves. Cuando se entra en barrena, se entra en barrena. La caída vertical es mala consejera.

