• Caracas (Venezuela)

Ramón Pérez-Maura

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Ramón Pérez-Maura

La compañera Capaya contra Monedero

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El caótico tráfico de la capital de la India es peor de lo habitual, colapsado por las huestes del AAP, el “Partido del Hombre Común”. Para entendernos: el Podemos de la India. Esta formación controla 67 de los 70 escaños de la Asamblea Legislativa de Delhi. Pero, aun así, su forma de actuar sigue siendo tomar la calle. Por ello llego tarde a la conferencia que debo dictar en el Instituto Cervantes sobre “El auge del Populismo en Europa”. Durante varios días he razonado esta tesis en entrevistas y conferencias con personalidades indias y en el prestigioso think tank Observer Research Foundation (ORF).

La audiencia en el Cervantes, mi única intervención en español, es modesta. Una veintena larga de oyentes. Por eso sorprende aún más ver que casi un tercio de los asistentes son la embajada en pleno de la República Bolivariana de Venezuela: hasta siete miembros. Mi alegría es evidente. Honra mucho a ABC ver que la presencia allí de un periodista de esta Casa pueda movilizar a las huestes del chavismo encabezadas por la jefa de la misión venezolana, la encargada de negocios compañera Capaya Rodríguez González. Dos de los suyos la flanquean en segunda fila y el resto de sus colaboradores se diseminan por el aula, como en las asambleas de facultad de la década de 1970.

Terminada mi exposición, con las tesis que los lectores de ABC pueden haber visto tantas veces, arranca la compañera Capaya acusándome de haber descalificado a Hugo Chávez como demagogo y advirtiéndome que “el comandante Hugo Rafael Chávez Frías es el presidente eterno de Venezuela”. Tenía gracia el asunto, porque en 40 minutos hablé mucho de demagogia, cierto, pero mi única referencia a Chávez fue la frase: “Sus cuadros dirigentes (de Podemos) han sido durante años asesores de la revolución bolivariana de Hugo Chávez en Venezuela”. Y respecto a la condición de “presidente eterno”, no hacía falta añadir nada a la afirmación de la compañera Capaya. Si acaso que esa era una buena manifestación de la “calidad” de la democracia venezolana: una democracia con “presidente eterno”. El coloquio, jaleado por los venezolanos, fue muy entretenido, como cuando nos explicaban al resto de los asistentes que la pluralidad de medios en Venezuela es óptima “hasta el punto –explicaba la compañera Capaya– de que en televisión nacional tienen un programa ¡todos los días! para decir durante media hora lo que quieran. Y después, el gobierno media hora para contestarles”. Y sonreía la compañera Capaya, orgullosa de su libertad de expresión…

Claro que el momento estelar de la velada fue cuando el conferenciante tuvo la imprudencia de mencionar los cobros de Juan Carlos Monedero por su asesoría en el aborto de la moneda única del Alba. Comenté las sospechas de muchos de que ese dinero pagado por Venezuela –entre otros– había servido para financiar Podemos, y la compañera Capaya se lo tomó a mal. Negó ningún pago a Monedero en ningún concepto y afirmó que “si Monedero dice que Venezuela le ha pagado, tendrá que demostrarlo”. Yo intentaba explicarle que Monedero ha presentado una factura… Nada. “¡Que lo demuestre!”.

Las palabras de la compañera Capaya ponen a Monedero en una situación difícil ante Hacienda. Pero deduzco que la credibilidad de la compañera Capaya debe de ser escasa, porque el colega de Efe presente en la sala, que hacía preguntas similares a las de los venezolanos, no consideró que la acusación de la encargada de negocios venezolana a Monedero mereciera un teletipo.