• Caracas (Venezuela)

Ramón Hernández

Al instante

De mazos, rezos, santos y mentiras

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@ramonhernandezg

 En los vericuetos del alma siempre hay puntos oscuros, huecos negros y uno que otro aguacero que no termina de escampar. Los materialistas, los que se mueren negando la existencia del espíritu y burlándose de sensibilidades, y limitando la vida a ecuaciones que determinan la pérdida y ganancia de energía, son los que, por lo general –y por si acaso–, en el último suspiro de vida claman por una oración del prójimo para que el cielo los perdone. Hasta ahí. No se atreven a nombrar a Dios.

Todavía no se ha desvanecido el desconcierto que me invadió cuando leí la invitación a la misa y funeral de uno de los pocos teóricos marxistas-leninistas que han abordado el materialismo-dialéctico e histórico con seriedad en Venezuela. Me parecía insólito que al único venezolano a la altura de José Carlos Mariátegui la  familia le organizara una ceremonia funeraria de cuerpo presente. Se supone que lo menos que posee un materialista es fe. Nada de credos, vida eterna ni resurrecciones.

Ahora los sociólogos han enhebrado explicaciones de diversa índole, y todas acuden a la locución “sincretismo criollo” como la razón de tantos desaguisados espirituales y reiteradas contradicciones existenciales. Históricamente, han sido los gobiernos más sanguinarios y menos espirituales los que se aprovechan de los sentimientos religiosos y creencias populares. Mientras más abultada es la cuenta bancaria, en Andorra, Bielorrusia, Irán y las islas Caimán, más recurrente es la necesidad de que los otros menos bienaventurados, las víctimas de la escasez en los hospitales y de la penuria alimenticia, crean que Dios proveerá, que perdonará los pecados y les hará milagros para mantenerlos saludables y con fuerzas para enfrentar los demonios del imperialismo y de la burguesía apátrida.

Habiéndose descubierto las menesterosas alianzas entre la iglesia ortodoxa rusa con el funcionariado estalinista, los entendimientos de ciertas cofradías de la santería con el neosovietismo cubano, no puede sorprender que aparezcan rezanderas y rezanderos, con los ojos del difunto impresos en el pecho, que con el mazo en alto le clamen un milagro para fundirlo con la fe católica, la mayoritaria, entronizarlo en sus templos y capillas. Ya lo incluyeron en la Corte Malandra y obsequian su imagen de yeso, con boina roja y vestido verde olivo entre lo cultos que se desparraman por Sorte. Rezar no exceptúa de cumplir el mandamiento: amar al prójimo como a ti mismo. Vendo pomada de árnica, buena para golpes, despechos y traspiés.