• Caracas (Venezuela)

Ramón Hernández

Al instante

Ramón Hernández

Sin luz ni talento

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Los líderes son seres iguales a todos los demás, pero tienen la cualidad de ver más lejos. No importa que sean miopes o hasta ciegos, tampoco se trata del don de adivinar o leer el futuro. Su mente, en la política, funciona igual y con reglas parecidas a los meteorólogos, y utilizan operaciones muy básicas y elementales como la regla de tres, tanto simple como compuesta.

Fueron Lenin, primero, y Stalin, después, los que en su malinterpretación de la dialéctica de Marx terminaron de convertir en un guiñapo las teorías de Hegel. Iosif Vissariónovich, el Padrecito, fue el que más daño causó a sus compatriotas. Las víctimas se cuentan por millones. Aplicó la pena de muerte en todas las variedades: paredón, acuchillamiento, violaciones, desangramiento, torturas y hambre. Nunca mostró piedad y siempre procuró que los fallecimientos parecieran estadística, nunca tragedias. También se aprovechaba de las desdichas ajenas, pero en su brutalidad e ignorancia supina confiaba en las más disparatadas ecuaciones. Si exprimía peras esperaba obtener jugo de naranja con la misma seguridad con que le ponían enemas de agua de mar caliente para quitarle la resaca de sus borracheras con vino barato y dulzón.

A muy pocos de los que ahora se dicen socialistas –en público– y comunistas –entre camaradas– les gusta que les mencionen al “Padrecito”, salvo como héroe de la Segunda Guerra Mundial, aunque saben que la gran mayoría de los 20 millones de muertos fueron innecesarios, que la táctica de “tierra arrasada” perjudicó mucho más a los rusos que a los soldados alemanes.

Ahora sus discípulos del siglo XXI repiten sus canalladas, persiguen a los comerciantes y empresarios con la misma sordidez con la que los bolcheviques emplearon contra quienes les garantizaban el pan, el tocino y el grano para el vodka, en el nombre de los proletarios, aunque era lo menos que había en ese país de campesinos que era Rusia.

Los burócratas, con sus malas mañas y sus comisiones, no solo meten mano a la bolsa del pan de todos, sino que disminuida por su mala administración también pretenden hacer suyo lo que otros levantaron con sacrificio y sudor. Los ejemplos son muchos en el campo arrasado por Jaua y Loyo. Fincas que eran ejemplo de producción de leche y carne, ahora son ruinas, se comieron las reses y talaron los árboles para hacer parrillas; también acabaron con industrias prósperas y comercios que daban trabajo con las apropiaciones. Ineptos nos dejaron sin café y sin jabón, ahora están haciendo todo lo imaginable para dejarnos sin patria con la excusa de que persiguen a los especuladores. Vendo estantes vacíos y alacena ídem.