• Caracas (Venezuela)

Ramón Hernández

Al instante

Las escarpadas rutas de la Cota 905

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La avenida Guzmán Blanco era la alternativa bucólica para llegar al parque El Pinar, donde los representantes de la fauna, desde tigres que se espantaban las moscas con el rabo hasta los pavo reales que andaban a sus anchas, estaban acostumbrados a los despiporres y bullangas de muchos vatios que se formaban en el club de la Policía Metropolitana que quedaba justo al lado. No es que los agentes y oficiales fuesen unos bonchones, sino que alquilaban sus salones para invites, bodas y demás guachafitas.

Era una vía casi rural en una Caracas que se llenaba de distribuidores con nombres de insectos y cefalópodos –La Araña, El Pulpo y El Ciempiés–, y no precisamente por falta de héroes y mártires recientes. Poco iluminada, la Cota 905 servía para evadir embotellamientos. No era zona roja, sino zona verde: contaba con importantes dispositivos militares y abundantes zonas boscosas. Sorprendía de que por un costado de la plaza Washington de El Paraíso se tuviera acceso a esa carretera negra que parecía recién asfaltada y de alguna provincia lejana.

Los años no pasan en vano en un sitio donde las ordenanzas de convivencia ciudadana son desobedecidas bullangueramente por quienes, precisamente, son los encargados de que se cumplan. Así como el ruido de las fiestas chocaba en los árboles cercanos sin que nadie reaccionara, llegaron los machetes, el pico, la pala y el banqueo, que fueron abriendo paso a los ranchos, a las casas con platabanda, a los servicios –luz y agua– y a la postergación infinita de la red de cloacas. El bosque derivó en rancherío, ciudadela, barrio y nadie duda de que ahora es un laberinto hecho ciudad, o viceversa.

La desidia que ha convertido en ruinas una ciudad avasallante y llena de vida, con piezas arquitectónicas y urbanas que asombraban a los visitantes más precavidos, y la más criminal impunidad se han enseñoreado en los márgenes de la vida en los últimos 20 años, porque el chiripero le abrió paso a estos lodos. Andan juntos en los vericuetos de eso que llaman oficiosamente Las Quintas. A balazos a discreción ha quedado al descubierto otra sentina del régimen, antes como depósitos de pobres y malvivientes, ahora igual, pero como escenario de fondo de las protuberantes y obscenas mentiras y violaciones que cuajan en las salas situacionales del gobierno. Quieren tapar la hambruna que viene y que generaron, mientras se reparten dólares a 6,30 y los trafican a 630. ¿Los malos son los que buscan la verdad, la encuentran y la publican? Vendo espejo tamaño natural, platanote.