• Caracas (Venezuela)

Ramón Hernández

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Ramón Hernández

La batalla del ex

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No tiene nada que ver con la rapiña, la necrofilia, el gusto por la carroña, con la pelona y cementerios, pero su desaparición del mundo físico, a pesar de su poco peso molecular, se ha constituido en un problema de estado, al rojo vivo, con trascendencia internacional. El grupo que se ocupa de su permanencia sabe que su existencia es una mera formalidad, pero sus puestos, su estatus, su prestigio y todo lo que de ahí se deriva está ligado, inexorablemente, a cómo lo perciba la ciudadanía, en quien reside la última palabra.

Nos referimos a la tilde diacrítica del adverbio “sólo”, que la Real Academia de la Lengua desaconseja utilizar. Pocos han hecho caso. La gran mayoría prefiere seguir usándola, algo parecido a lo que ocurrió con la grafía de whisky que nunca pudo ser trastocada a güisqui en el uso corriente, mucho menos en el comercial. Nadie compraría nada que tenga esa palabreja en la etiqueta, podría ser chicha gallega. Arf.

Aunque quienes van por el mundo amancebados con la lengua tienen fama, y bien merecida, de mantener relaciones insanas y promiscuas todas las veces con la libación de lo que cariñosa y cursimente denominan bebidas espirituosas, los supuestos cancerberos del buen decir, los académicos, parecen desconocer que la grafía “whisky” identifica al agua de vida, su significado originario, que se fabrica en Escocia, Gales, Canadá, Japón y también en La Miel, estado Lara, mientras que “whiskey” distingue al que se destila en Estados Unidos. Uno y otro tienen similares consecuencias en el organismo, pero ambos fueron hechos con insumos y procedimientos diferentes. No imagino a Edgar Allan Poe aceptando un trago de “güisqui” ni en su trance más desesperado por una gota de alcohol. Esa grafía no es feliz, sólo verla da náuseas; casi huele a medicamento hecho con creolina.

Pero más desafortunada fue la Real Academia al convertir de un porrazo el adjetivo “ex” en un prefijo inseparable, que es lo que implica eliminar el espacio el blanco que le seguía. Ahora su uso es más complicado, pifia a la que se plegaron sus agentes en ultramar y algunos esbirros dispuestos a crear confusión y contradicciones en el seno del pueblo, que es el que manda en la lengua.

Aunque a las primeras de cambio la mayoría escribió “expresidente” y consideró periclitado separarlo, con el uso muchos se han dado cuenta de que la regla genera disparates, malentendidos, usos aberrantes, significados obscenos y otros denuestos indeseados, y que por respeto al lector no me atrevo a ejemplificar, baste con preguntar a qué se refiere la palabra “expreso” cuando aparece sola. La lista es enorme. Para evitar equivocaciones sugiero colocar el ex separado del cargo que ejercían en el período fenecido, por ejemplo: ex ministro, ex vicepresidente, ex presidente de Pdvsa, ex viceministro, etc. Vendo fallo magistral, casi golpe de alta magistratura.