• Caracas (Venezuela)

Ramón Hernández

Al instante

Ramón Hernández

Suma cero

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Los guapos de barrio y su peor perversión, los azotes, son seres esencialmente solitarios, gente de pocos amigos que sólo se junta con los de su misma ralea y con los que ajustan cuentas de la peor manera: a balazos o a cuchilladas; nada de diálogo o de trompadas estatutarias. Su nula propensión a hacer amigos, ampliar el círculo social, influir en otros grupos, contar con la aprobación y el respaldo del vecindario para salir airosos en situaciones inesperadas descartan su participación en actividades políticas, que obviamente implican saber ganar amigos, conquistar seguidores y sumar voluntades.

Los fascistas y las derivaciones bolcheviques no sólo coinciden en el uso de la violencia y el terror para imponer sus caprichos y su modelo de felicidad obligatoria, sino también en toda esa jerigonza que rechaza la capacidad de los otros de razonar y escoger su propio destino. Ambos más que convencer pretenden vencer, derrotar, aniquilar, volver polvo cósmico a los adversarios, que siempre serán enemigos.

La civilización ha impedido que los modos salvajes de conquistar el poder sean los más populares y recurridos en los tiempos que nos tocan, pero con la generalización de la democracia los émulos de Boves han encontrado intersticios, rendijas, fallas y goteras para horadarla y demolerla. Utilizan las herramientas de la participación ciudadana para destruir la ciudadanía y convertir a los electores en zombis que, con la mirada fija en la nada, acuden a los centros de votación a sufragar por la camarilla que con su ineptitud les ha cuadriculado la existencia. Dan poder a los verdugos convencidos de que la miseria y el sufrimiento los hará libres. Ay, Nicolás.

Cualquiera que tenga algo de sentido común y se asome a la ventana se daría cuenta de que la tormenta que se divisa en el horizonte amerita que se tomen previsiones extraordinarias. Hasta el azote de barrio debería estar negociando ya con el vecino y con los que le pagaban peaje por usar las escalinatas de todos, porque solo no podrá capear el temporal y se le derrumbará el castillo de naipes, el poder. Es obvio. No es tiempo de peleas ni de distanciamientos, sino de remar juntos y de meterle el pecho al país. Un candidato que no suma sino que espanta, amenaza, divide y desprecia la esencia de la política, la convivencia, mal puede presentarse como salvador, mucho menos como el conductor que separa las aguas para proteger a los pasajeros.

No se trata de dialogar por dialogar, sino de entender que al no contar con el liderazgo ni con el poder de convencimiento, la gracia de un buen político, se impone pasar de la suma cero a la suma con ganancia, que es incorporarse a un proyecto de país unido y sin las vergonzosas exclusiones que han servido para que la camarilla verdirroja se apropie de la riqueza de todos. Vendo cartilla de hospitalidad y manual del buen vecino.