• Caracas (Venezuela)

Ramón Hernández

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Revoloteo de moscas

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Hoy se celebra el Día del Periodista, una especie en extinción que es perseguida sin piedad desde todos los flancos y sin contemplaciones. No solo el hampa los asesina sin conmiseración, sino que antiguos oficiantes de la libertad de expresión han devenido en sus más severos y sanguinarios verdugos y sicarios desde puestos de dirección o manejando las tijeras y el lápiz rojo en los centros de censura oficial.

En alguno que otro gobierno democrático fue motivo de escándalo que el jefe del Estado llamara a un diario o a un alto ejecutivo de un medio radioeléctrico para quejarse del contenido de textos informativos que pudieran afectar su honorabilidad o la de terceros. Por supuesto que, en principio, era inadmisible tal intromisión en la “línea editorial”. Se recomendaba utilizar el derecho a réplica como la vía para subsanar los estropicios cometidos. Ahora hay una línea directa del Ministerio de Propaganda con los medios “adqueridos” y no se alarman, obedecen.

El régimen arbitrariamente desconoce el derecho a réplica en los medios que maneja, domina, manipula, cercena, domestica y apendejiza. Tampoco la blande para expresar su punto de vista cuando algún medio que resiste las emboscadas y asedios gubernamentales se hace eco de alguna información o porque errare humanum est, sino que acude a los tribunales para que procedan al ajusticiamiento sin respetar el debido proceso ni el derecho a la defensa. En revolución todos son culpables aunque demuestren su inocencia.

Mientras las aulas de las escuelas de formación profesional se llenan de jóvenes ilusionados, en proporción geométrica cada día son más los medios que cierran o reducen la plantilla profesional. No solo se restringe el suministro de papel y los insumos de impresión, sino que también los precios de los equipos profesionales –computadoras, micrófonos, grabadoras, etc.– se multiplicaron exponencialmente. Además, los anunciantes atraviesan situaciones similares: no tienen nada que vender ni servicios que ofrecer.

La hegemonía comunicacional no informa, tampoco editorializa, un esfuerzo contrario a su esencia servil. Su única función es repetir consignas que ni siquiera inventa, se las envían desde ultramar. La metrópoli determina qué se informa y en qué momento político acudir al patrioterismo en defensa de la soberanía y la autodeterminación. Desde hace más de 50 años en Cuba se imprime el mismo diario con el mismo contenido. En Corea del Norte es delito usarlo como papel tualé y se paga con la vida embarrar la foto del líder que aparece en todas las páginas. Cambio un mazo de insultos por un ramo de libertades florecientes y definitivas.

@ramonhernandezg