• Caracas (Venezuela)

Ramón Hernández

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Ramón Hernández

Prohibida la estupidez

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Hay noticias que preocupan y otras que acongojan, pero las que más trato de evitar son las que sin que revelen muchos detalles causan escalofríos y descomponen el cuerpo. Me ocurre con los titulares que ahora aparecen en la primera página del diario que dirige mi antiguo profesor de Informativo III y IV, en la UCV, y que hasta poco tiempo después de la muerte de Migue Ángel Capriles se autodenominaba “el diario del pueblo”.

Un corrientazo frío me recorrió la columna vertebral cuando leí: “Van 1.266 contrabandistas capturados”. Por Dios. Un título que para el ministro de Interiores, Justicia y Paz es un alarde de eficiencia, pues en páginas interiores se refiere a la cantidad de toneladas de harina de maíz precocida que las fuerzas del orden se incautaron. Si los porcentajes que usan los criminólogos fuesen creíbles, la cifra de detenidos representaría apenas 10% de las personas que de manera organizada se dedican a esa actividad; quedarían por detener 11.394, de ahí la propuesta de incorporar la tropa regular a ese combate.

En la palabra “contrabandista” yace la sensación de peligro que hiela la sangre. ¿Cuántos kilos de harina incriminan al portador como contrabandista? Hasta ahora ningún organismo del Estado ha perdido tiempo en esa minucia. Quizás parte de que ellos saben que es una gallina cuando la ven y no hay necesidad de descripciones ni definiciones.

No me voy a atrever a deducir cuántos están presos, y en las pésimas y miserables condiciones de hacinamiento, violencia y sanidad ambiental, sin derecho a comida, por intentar pasar al otro lado de la frontera seis kilos de harina PAN, o menos. Cuando la revolución de los bolcheviques cumplía 15 años, el Koba Stalin decretó el fin de los kulaks, de los propietarios de la tierra, por ser enemigos de clase. Empezó con los grandes terratenientes y sus familias, a quienes despojaba de sus propiedades y fusilaba sin miramientos. Liquidados estos, les tocó a los medianos, y luego a quienes tenían una parcelita para cultivar nabos y criar conejos. Entre 1928 y 1933 el periódico Pravda anunciaba, como Últimas Noticias hoy, los triunfos de la “deskulakización” y la cantidad de “enemigos del pueblo” fusilados y presos. Como consecuencia de esa política más de 40 millones de rusos, pobres y ricos, sufrieron la más terrible hambruna, y cerca de 7 millones murieron. Se peleaban a dentelladas los excrementos de los pocos animales vivos. Todavía quedan quienes justifican estos horrores y están dispuestos a cometerlos otra vez. Marx decía que el desconocimiento de la historia lleva a repetirla, casi siempre como tragedia, otros creen que haciendo lo mismo obtendrán otros resultados. El materialismo dialéctico como alquimia. Vendo metro para medir la estupidez.