• Caracas (Venezuela)

Ramón Hernández

Al instante

Periodismo canalla y alevoso

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La encargada de las relaciones exteriores convocó de urgencia a los responsables de la imagen de Venezuela en el mundo, a patriotas cooperantes y también a tarifados, para “esclarecer” por qué de un tiempo para acá el país aparece ante los ojos de las demás naciones como un Estado que viola sin misericordia los derechos humanos. Lectora apasionada de los órganos del oficialismo y del suboficialismo, televidente perenne de los canales tomados por el PSUV y oyente cautiva de las radioemisoras que administran los que llaman a la guerra de cuarta generación, todavía no se ha enterado de lo que sucede en ese sótano oscuro y maloliente que se conoce como “la tumba”, en donde recluyen a los estudiantes que salieron a la calle “a luchar por una novia que se llama libertad”.

Siendo hija de una víctima de funcionarios policiales que extremaron sus funciones y violaron la ley, que fueron apresados, juzgados y condenados por el homicidio cometido, lo racionalmente humano sería que no le temblara el pulso, ni la consumiera el miedo para impedir que en la revolución por la cual su padre ofrendó la vida no se cometieran tropelías similares, y fuese una defensora a ultranza de los derechos humanos, que su voz se alzara con energía ante el más mínimo atropello en las sedes policiales, fuesen de inteligencia o de todo lo contrario. Haber sufrido el arrebato del padre y todas las dolorosas consecuencias debió afectarla profunda y humanamente. Lo lógico sería que deseara que nadie viviera algo parecido. Debe ser su caso, y lo es, sin duda.

No ha protestado ni ha enviado una carta reclamándoles a las autoridades pertinentes ni se ha parado en el consejo de ministros a cuestionar la actuación de los guardias nacionales que descargaron sus escopeta de perdigones en el rostro de una niña ni ha protestado por los demás crímenes cometidos y los otros abusos perpetrados porque todos han sido invisibilizados –censurados– por el periodismo canalla, impreso y audiovisual, que emula a los diarios de la dictadura de Juan Vicente Gómez, un tirano que guindaba por los testículos a sus adversarios y nadie se atrevía a publicarlo, o el Pravda de Stalin, que tampoco reproducía la lista de fusilamientos que el Koba elaboraba a mano. Ella no sabe lo que pasa en el país, lo saben los que viven fuera y por eso condenan que se violen de manera tan salvaje y descarada los derechos humanos. También podría pensar que los opositores no son humanos, pero ese es otro artículo. Vendo lentes que no ven, de última moda, de carey y grandotes.

@ramonhernandezg