• Caracas (Venezuela)

Ramón Hernández

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Ramón Hernández

Paquetazo con disimulo

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Mi vecino es un hombre muy discreto en sus avatares económicos y políticos. Supone que es lo mejor para mantenerse lejos de la mira y de la trayectoria de la bala. Va de su casa a sus asuntos y viceversa. Omite la crítica y también la queja. Ayer me sorprendió.

Se me acercó con tres recibos de electricidad, que siempre ha sido una factura difícil de entender y que es peor desde que le incorporaron la línea “cargo por ajuste combustible y energía”. No sé lo que pechan en ese rubro. Descarto que se refiera al “ajuste” del pasaje del transporte que se aplicó el 27 de febrero de 1989 y que sirvió de “combustible” para los saqueos fomentados por grupos de la PM liderados por un subinspector que ahora desde el poder comanda un sacudón de las policías oficialistas. Consultadas las teorías de Einstein y los textos de James Watts no hubo manera de encontrar la diferencia entre “combustible” y “energía” y se decidió dejarlo de ese tamaño y considerarlo un error de tipeo.

Comparadas las tres facturas, encontramos que en noviembre de 2011 Corpoelec cobró 88,27 bolívares por 1.204 kwh, de los cuales 16,97 bolívares fueron por “ajuste combustible y energía”; en octubre de 2012, el aviso de cobro por 1.308 kwh fue de 276,26 bolívares, de los cuales 20,86 bolívares fueron por “ajuste combustible y energía”. Un salto sorprendente. Por un consumo extra de 104 kilovatios, Corpoelec cobró 187,99 bolívares. Una cantidad que no se deriva del precio de cada kwh adicional ni del aumento de la tarifa eléctrica sino de algún capricho informático. Lo que sacó al vecino de su silencio fue la factura del 20 de octubre de 2014, que lo obliga a pagar 668,59 bolívares por el consumo de 1.168 kwh. Comparado con 2011, el “ajuste combustible” aumentó a 20,34 bolívares aunque su precio ha permanecido estable desde 1999 y, además, se consumió menos electricidad. Por menos energía, mi vecino pagó 2,5 veces más sin que hubiese anuncio de nuevas tarifas.

La muchacha que recogió la factura que metieron por debajo de la puerta, y vive en El Amparo, Catia, exclamó: “Por los mismos kwh en mi casa pagaron 34,87 bolívares; pero no es más barato ser pobre. El año pasado pagábamos 3,50, con lo que el aumento fue diez veces superior”. Cerrado por apagón.