• Caracas (Venezuela)

Ramón Hernández

Al instante

Expropió la batea y tampoco lava

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No hace falta referirse a los estragos económicos, sociales y humanos que el socialismo estalinista ha perpetrado sobre la faz de la tierra desde que ha sido implantado por asaltantes de bancos, terroristas y emuladores iletrados de Iván el Terrible que llegaron al poder a la fuerza o con la falsa promesa de la democracia verdadera, para describir el drama actual de Venezuela.

Un país que era considerado en vías de desarrollo y que había logrado erradicar muchas de las penurias del tercer mundo, como el paludismo rampante, y exhibía altos índices de producción y programas de los cuales sentirse orgulloso como las becas y créditos de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, se dejó engatusar por los encantos de un malévolo prestidigitador y casi en babia se lanzó gozoso al abismo. Entregó sueños y haciendas y recibió a cambio injusticias, penurias y calamidades a montón.

Mucha labia y mucho blablá, también mucha violencia, han traído estos tigres de papel que asfixian y ahuyentan a los más timoratos en su insistencia en revolcarse en el basurero de la historia, o peor, en el estercolero. Ni aprenden ni rectifican. Con la fe del carbonero persisten en que con los mismos métodos y procedimientos obtendrán distintos resultados.

Quizás el mejor espécimen sea el ministro de Educación Universitaria que no parece dispuesto a dar su brazo a torcer. Insatisfecho con que el régimen haya convertido en gran medida a las mejores universidades en liceos grandes, incapacitados de generar conocimiento y producir ciencia por las restricciones presupuestarias, ahora –como dice mi amigo el filósofo– pretende que sean casas de beneficencia, más que dar conocimiento y preparación profesional su función sería dar abrigo y un plato de comida.

El Estado totalitario que se construye en la patria de Bolívar se apropió de las divisas para darles mejor uso, y el país entero está desabastecido de todo lo que se debe de importar; expropió los hatos de las empresas productoras de bovinos, y no hay carne; se apoderó de la producción de aceite, y se evaporó; monopolizó la compra de café a los productores, y el guayoyo “desapareció de la visual”; colectivizó los centrales azucareros, y no existe manera de endulzar tortas y ponquecitos; ahora dicen que Pdvsa es de todos, pero tienen al BCV emitiendo billetes de 10 y de 20 sin respaldo para tratar de ocultar el tsunami inflacionario, la poca producción y el déficit de caja. Ay, mi madre. Vendo la historia del agrimensor Trofim Lysenko, ejemplo del científico universitario socialista.