• Caracas (Venezuela)

Ramón Hernández

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Coincidencias, eructos y la inocultable tos

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La dictadura de Augusto Pinochet duró 17 años y se desvaneció con el voto mayoritario de la ciudadanía que le dijo al tirano que prefería vivir en libertad y sin tutelajes. Fue el proceder de empleados públicos y modestos campesinos, también de carabineros y choferes de autobús. Incurso en crímenes de lesa humanidad y en actos de corrupción en los que participaban numerosos miembros de la familia presidencial y de la junta militar que lo acompañaba, la transición comenzó sin reclamos ni voces de despecho.

Sin necesidad de consultar a los babalaos ni pedir la ayuda de un amigo, ambos bandos en disputa se dispusieron a reinstalar la democracia y rescatar lo que hubiese que salvar del progreso económico que funcionaba para beneficio del pueblo chileno.

Al cumplirse 17 años del triunfo electoral de Hugo Chávez, que murió y dejó en el trono a una comandita que mientras él agonizaba utilizaba un sello de caucho con su firma para legalizar devaluaciones y nombramientos, la voz del pueblo, de manera pacífica, soberana y rotunda manifestó su deseo de cambiar, de no seguir por el camino de la ineptitud y el fracaso, de la restricción de libertades y de crueldades. En voz bien alta manifestó que prefería la vuelta del Estado Social de Derecho y que se le pusiera fin al capricho y las desmesuras de los instalados en el “socialismo”.

Habiendo desmantelado la institucionalidad y destruido el aparato productivo; habiendo convertido una de las principales empresas petroleras del mundo en una indignante suplicadora de créditos al Banco Central, que se los otorga imprimiendo billetes sin respaldo que luego perforan los bolsillos de los más humildes y de los que no tienen acceso directa ni indirectamente a los dólares preferenciales que se reparten las mafias en las taquillas de Cencoex, era más que obvio que la única respuesta que podían esperar era el desalojo. Sin embargo, el pelucón, sin mayúscula inicial, ciego y sordo, no encontró mejor explicación que decir que el pueblo había votado en contra de su propio bienestar, que se había equivocado al aliarse con la contrarrevolución.  

No rectifica ni está dispuesto a reconocer su descomunal fracaso, sino que amenaza con profundizarlo y hacerle más dura la vida a los humildes que “lo traicionaron”. Tiene razón. El pueblo se equivocó, pero no ahora, sino hace 17 años. Ahora empezó la rectificación y el regreso al camino de la civilización; se cansó de la barbarie, el salvajismo y de los abusos. ¿Habrá ofertas del jefe por nueve días?

@ramonhernandezg