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Ramón Escovar León

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Ramón Escovar León

El saludo militar y la Constitución

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“Si advertimos que el adversario utiliza una argumentación con la que nos abatirá, no hay que consentir que el debate tome este giro y llegue hasta el final, sino que debemos interrumpir a tiempo la disputa, salir de ella o desviarla y llevarla a otra cuestión. Es suma,  practicar la mutatio controversiae, postula Arthur Schopenhauer. Es precisamente lo que hace la sentencia de la Sala Constitucional, número 651 del 11de junio de este año. En esta decisión, la Sala avaló la utilización de actividades de proselitismo político de parte de miembros de la Fuerza Armada.

Para llegar a su conclusión, la sentencia toma el argumento utilizado por los accionantes de un amparo constitucional y lo desdoblan para pronunciarse sobre temas periféricos. En efecto, la solicitud se centraba en pedir el amparo contra distintos actos de proselitismo político, entre ellos el acompañar el saludo militar con consignas como “Chávez vive, la lucha sigue” y “Hasta la victoria siempre”, así como la participación de militares en marchas políticas del PSUV. El tema que tenía que decidir la sentencia era muy concreto y fácil: contrastar la forma que se ha estado haciendo el saludo militar con la prohibición contenida en los artículos 328 y 330 de la Constitución. El primer de estos artículos señala que la Fuerza Armada “está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”. Y según el segundo, que los integrantes de las Fuerza Armada no pueden optar a cargos de “elección popular, ni participar en actos de propaganda, militancia o proselitismo político”.

Pese a la claridad de las normas constitucionales, la Sala se desvía y hace comentarios generales sobre lo que es el saludo militar, sobre las atribuciones del presidente de la República en relación con su función de dirigir la Fuerza Armada y sobre el contenido del denominado Plan de la Patria. Luego afirma que el Ministerio del Poder Popular para la Defensa puede diseñar el lema militar, a pesar de que lo anterior no fue objetado por los accionantes, puesto que lo planteado fue que ese saludo no podía (ni puede) contener consignas chavistas ni de ninguna parcialidad política. La sentencia concluye proclamando que la participación de los integrantes de la Fuerza Armada en actos políticos “no constituye un menoscabo a su profesionalidad, sino un baluarte de participación democrática y protagónica”. Desde luego que esa declaración marcha a contrapelo con el claro mandato constitucional.

En el cuerpo de la sentencia se advierte que desde el punto de vista lingüístico, repite frases calcadas y expresiones recurrentes que se caracterizan por el uso exagerado de adjetivos calificativos. Hay una suerte de deseo de ir contra el principio de economía del lenguaje, al repetir incansablemente las mismas frases y las mismas opiniones.

En lo que atañe al aspecto argumentativo, la sentencia hace unas consideraciones generales que evaden el asunto de fondo, esto es, ¡si puede el saludo militar incluir una consigna política! En efecto, nadie ha planteado que se prohíba el saludo militar; y muchos menos que éste no sea una manera de honrar los símbolos de la patria. La sentencia modifica el núcleo de lo que se discute para buscar una premisa con la que todos estemos de acuerdo (que existe y es válido el saludo militar) para promover la tesis que quiere justificar sobre el comportamiento que ha sido cuestionado.

Ante el cuadro anterior, cabe preguntar si todo lo que ha dicho la Sala Constitucional para justificar la posibilidad de que el sector militar lleve a cabo actividades proselitistas a favor del PSUV también aplican a favor de la oposición, es decir, si los militares pueden hacer proselitismo político a favor de la oposición o formular críticas al gobierno. ¿Pueden los militares gritar “Libertad para los presos políticos”? Todo esto se debe a que esta sentencia no consideró los riesgos que esto implica para la democracia. Es de desear que sea revocada en primera oportunidad.