• Caracas (Venezuela)

Ramón Escovar León

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Ramón Escovar León

Resentimiento y poder

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El hombre del resentimiento es atraído por el impulso de venganza cuando se siente víctima de algún atropello. Generalmente, su conducta está orientada por la idea de hacer daño a quienes considera responsables de la imaginaria afrenta que siente le ha infligido la sociedad. De esta manera, resentimiento y deseo de venganza están estrechamente ligados.

Enseña Nietzsche que el hombre noble lleva una vida franca y confiada consigo mismo, en cambio “el hombre del resentimiento no es ni franco, ni ingenuo, ni honesto ni derecho consigo mismo”. ¿Quiere esto decir que el hombre noble no puede padecer estados anímicos propios del resentido, que no puede sufrir odios o envidias? Desde luego que sí puede, como humano que es. Pero la diferencia entre el alma noble y el alma resentida es que en la primera, el resentimiento es pasajero, es decir, se agota en una reacción inmediata y, por ello, no envenena. El alma genuinamente resentida sufre su dolor a perpetuidad porque su enfermedad es incurable, salvo que se dedique –según Nietzsche– a practicar el budismo que permite controlar este sentimiento.

Max Scheler, por su parte, estima que el origen del resentimiento está ligado, en primer lugar, a “factores innatos del material humano correspondiente, en segundo lugar, a la estructura de la sociedad en que estos hombres viven”. Por consiguiente, el resentimiento propiamente dicho es inherente, según Scheler, a la persona desde su nacimiento. Pero puede ser que esta enfermedad sea adquirida en el ambiente social en el cual el enfermo vive y desarrolla su personalidad.

El resentido puede ocupar posiciones de poder y cuando esto ocurre, su acción puede estar acicateada por su deseo de venganza. Si alguien ha crecido con la idea de que el destino lo ha colocado en la posición de víctima o de desventaja en una sociedad, pues esta no le ha brindado las mismas oportunidades o no ha tenido la misma suerte que otros, activará su palanca para la venganza. Una vez llegada la hora, tomará represalias sin miramientos. Ocurre que en la medida que aumenta su poder, aumenta simétricamente su resentimiento. Esto lo hace vivir en permanente conflicto porque, por definición, el resentido es un ser débil e inseguro que amolda sus decisiones en función del “desquite”. El tema del resentimiento y el proyecto político fue considerado con buen tino por Ruth Capriles en El libro rojo del resentimiento, obra en la que expone buenas reflexiones sobre el caso venezolano.

El resentido ve enemigos por todas partes. Por eso su rencor no va dirigido solamente contra los que considera, en su fuero interno, como superiores, sino también en contra de los que considera inferiores. En estos últimos ve potenciales rivales que pueden poner en peligro su cargo. Algo parecido al resentimiento que sintió la nobleza ante la burguesía o “esta frente al proletariado, o de un estamento profesional tradicional frente a uno nuevo que le disputa preeminencia”, como apuntó Manuel García Pelayo en sus Notas sobre el resentimiento en su dimensión psico-política.

El resentido se puede poner al servicio de otro resentido que tenga más poder y que disponga de una posición desde la cual pueda hacer más daño. De haber enemigos comunes, pueden potenciarse las acciones de venganza. El resentido atrae a otro resentido. Así, por ejemplo, Albert Speer, en sus Memorias, cuenta que cuando salía de viaje con Hitler, este en sus momentos de reposo se apartaba para juntarse con Heinrich Himmler, Martin Bormann y demás jefes del partido nazi. Se agrupaba con los que eran como él y se apartaba de quienes no consideraba afines en su resquemor. La lealtad basada en el resentimiento, en verdad, es un  proyecto de destrucción. El gran reto de Venezuela es erradicar el resentimiento en la política y en la vida nacional, porque esta enfermedad del alma ha estimulado la polarización entre venezolanos y nos ha llevado a la miseria. En todo esto hay que volver con Nietzsche, para quien el alma resentida “ama los escondrijos, los caminos tortuosos y las puertas falsas”.