• Caracas (Venezuela)

Ramón Escovar León

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Reflexiones de Doña Bárbara

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Parte de la tragedia venezolana se debe al hecho de que hemos sido dirigidos por personas que hablan sin cesar, aun de aquellos temas que desconocen. Hay una suerte de relación simétrica entre el hablar mucho y el saber poco. Esta circunstancia fue advertida por Rómulo Gallegos cuando en Doña Bárbara presenta este aspecto de  nuestra cultura en el diálogo entre Lorenzo Barquero y Santos Luzardo. En este diálogo Lorenzo Barquero habla con enorme sabiduría: “Es necesario matar al centauro que todos los llaneros llevamos por dentro”. Se refiere el narrador a un hombre mitad humano y mitad caballo que representa la “barbarie” o, más bien, la cultura de la marginalidad y del resentimiento. Aunque en la novela se refiere a los llaneros, la experiencia venezolana enseña que esta reflexión no se limita a ellos.

Uno de los comentarios que más llama la atención es el que Barquero le hace a Santos en relación con los habladores de paja, de quienes dice lo siguiente: “Sabía que todo aquello que los demás admiraban en mí era mentira. Lo descubrí a raíz de uno de los triunfos más celebrados de mi vida de estudiante: un examen para el cual no me había preparado bien. Me tocó desarrollar un tema que ignoraba por completo, pero empecé a hablar, y las palabras, puras palabras, lo hicieron todo. No solamente fui bien calificado, sino hasta aplaudido por los mismos profesores que me examinaban. ¡Bribones! Desde entonces comencé a observar que mi inteligencia, lo que todos llamaban mi gran talento, no funcionaba sino mientras estuviera hablando; en cuanto me callaba se desvanecía el espejismo y no entendía nada de nada. Sentí la mentira de mi inteligencia y de mi sinceridad” (Doña Bárbara, capítulo 10). Este tipo de personajes, a los cuales se refiere Lorenzo Barquero, han resultado nefastos para la historia de Venezuela, y el maestro Gallegos tuvo la sabiduría de exponerlo con agudeza y humor en boca de Barquero. Lo más grave, es que estos repetidores de palabras huecas suelen tener éxito, y en contrapartida el país se hunde.

En la actualidad seguimos viendo cómo alguien que habla, habla y habla logra hipnotizar a la población. Es parte de la tragedia venezolana. Este pasaje que recoge la conversación entre Lorenzo Barquero y Santos Luzardo es uno de los mejores de la novela por su gracia y su buen tino. Se presenta en esas líneas a un Lorenzo Barquero que describe, con inteligencia, un rasgo del alma venezolana.

En adición a lo anterior, tenemos el tema de la tragedia familiar, surgida por la indefinición de los linderos entre los fundos Altamira y La Barquereña que es “la causa de la discordia que destruyó a los Luzardos”. En el documento de partición, al pretender fijar el lindero, se utilizó una expresión ambigua: “Hasta el palmar de La Chusmita”. Esta falta de fijación precisa produjo unos efectos devastadores en el desarrollo del tema nuclear de la novela. En efecto, debido a ello comienza la lucha entre los herederos, con pleitos y diferencias permanentes, porque hay una falta de precisión en los límites de cada cual.

Esto produce la imagen del desorden y la falta de límites que caracterizan a los personajes. En vista de que nunca se fijó el lindero, y mucho menos se instaló el alambrado, se presenta un estado psicológico donde nadie sabe hasta dónde puede llegar. Y si, además, no hay escrúpulos, la falta de límites produce consecuencias devastadoras. En este sentido, Gallegos interpretó con acierto un rasgo de nuestro país: no conocer los límites. Esto se observa en la conducta del funcionario público que en pose de sobrado y descarado abusa de su poder con muecas de patán. Así ocurre con el amanuense del jefe civil que está hecho de la misma tela: está convertido en un rábula, diseñando emboscadas legales. No saber cuáles son los linderos es lo que permite a los funcionarios públicos utilizar los bienes públicos para asuntos personales, apropiarse de las instituciones sin ver los límites que establecen las reglas de la democracia, desarrollar a rabiar el nepotismo, utilizar innecesarios escoltas para sí y para familiares. Y este rasgo se eleva cuando el funcionario público sabe que para él hay impunidad y puede hacer lo que desee. Falta de límites e impunidad llevan a la degradación de la sociedad.

¿Por qué Gallegos, que planifica toda su novela, dejó sin definir el asunto de los linderos? Porque quiso potenciar la imagen de la falta de límites que ha caracterizado la conducta venezolana, hecho que ha quedado comprobado de manera rotunda en los años recientes. Por estas, y muchas otras razones, Doña Bárbara debe ser leída y releída a la hora de interpretar  nuestra historia. Quizás allí estén muchas de las respuestas que ahora buscamos.

@rescovar