• Caracas (Venezuela)

Rafael Rodríguez Mudarra

Al instante

La unidad de las fuerzas opositoras para avanzar

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


La unidad y la solidaridad para el logro de los objetivos democráticos que deben propugnar los que tienen responsabilidad de dirigir, sin impertinencia maniquea de rechazo a la inclusión, no puede ser otra que la de persistir en la más sincera actitud que nos lleve a estudiar la deplorable situación en la que se encuentra la nación, exigiéndole a los que tienen oportunidad de conducirla, percatarse de  que la “unidad nacional” no puede ser mero juego de palabra sin profundidad de análisis, con riesgo manifiesto de colocarlos fuera del cumplimiento del mandato social, cual impone obligante la aceptación de las normas de convivencia que puedan llevar al consenso colectivo.

Siendo entendido que el venezolano como vocero incasable de la tesis de la unidad nacional, cuya historia ha aprendido de dos acontecimientos contemporáneos inolvidables que se sucedieron: el uno con las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente celebradas el 30 de noviembre de 1952, cuando el pueblo mediante la conducción de Jóvito Villalba y del ejercicio cívico del voto derrotó los “tanques” poseídos por el régimen militar del entonces, oprobioso régimen, el otro: expresión del glorioso movimiento cívico unitario con adhesión institucional de la Fuerza Armada progresista que el 23 de enero de 1958 dio al traste con la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez e impuso el camino de la institucionalidad democrática, nos hace por convicción de fe democrática, sostener que la única relación que en los actuales momentos podría separarnos de la unidad y solidaridad del pueblo, solo tendría asidero en cualquier aventura no pertinente, de rechazo a la pluralidad.

Después de 17 años de pérdida de la institucionalidad republicana: el 6 de diciembre de 2015 hubo de producirse un cambio fundamental en el equilibrio de las fuerzas políticas del país mediante una voluntad plebiscitaria del integrado y masivo elector opositor. El pueblo venezolano obtuvo una contundente victoria al arrebatarle al gobierno autoritario que hoy dirige Nicolás Maduro, el dominio de la Asamblea Nacional. Fue el resultado de un proceso de alta compactación popular, que representa, independientemente de la entereza política de muchos de los que participaron en esa maravillosa gesta de espontaneidad electoral, la gran victoria del pueblo venezolano, expresión de rechazo patriótico y bolivariano al gobierno usurpador; no el triunfo de un partido sobre las aspiraciones electorales del otro partido; constituyó una batalla ejemplar. No entender que esto fue así, nos colocaría al margen de la Constitución, por cuanto le arrebataríamos al poder originario la fuerza que hizo posible la recuperación del órgano más importante del poder público, cual no es otro que la Asamblea Nacional.

Sin duda alguna: a fuerza del querer de la voluntad popular se logró integrar una Asamblea Nacional la que no ha cedido en su función autonómica. Este órgano del poder público nacional se encuentra verdaderamente acosado por un Poder Judicial conformado y subordinado a los dictados del Poder Ejecutivo, que en todo momento le impide las funciones de controlar y legislar que constitucionalmente se le son atribuidas, lo que nos obliga a reconsiderar de la manera más sana y sensata el comportamiento futuro del mayoritario pueblo opositor; que si actúo con solidaridad compactada para derrotar al gobierno de turno, en el evento legislativo, hoy se encuentra aunque disperso, igualmente presto para acudir nuevamente a las urnas electorales, en forma unida, solidaria y con la mejor reserva de ciudadanía, con el objeto de lograr el cambio de gobierno que durante más de 17 años hemos venido soportando, por uno que sea la expresión cabal de la instauración de un gobierno de integración nacional.

El enfrentamiento de la oposición democrática con el gobierno autoritario, conformado por mayoría de militares activos que participan habitualmente en la política, está referido para llevarse a cabo mediante la realización de dos procesos electorales: la revocación del mandato presidencial de Nicolás Maduro, que a juicio de los solicitantes han hecho gestiones legales al CNE, se debe a deficiencia funcionarial de este señor, durante la pasantía de más de la mitad del periodo, tal revocación trae como consecuencia que de darse en el tiempo legal, habrá que llamar a elecciones presidenciales; el otro evento lo constituye, las elecciones regionales, conquista de la  IV República, que dio como resultado la descentralización de los estados, hoy revertida a los caprichos de los que se dicen detentadores del poder. En estos procesos regionales se elegirán por mayoría simple a los gobernadores de estado y consejos legislativos, adicionalmente se eligen los alcaldes y concejos municipales de los municipios, y otras autoridades especiales como lo son los alcaldes mayores y sus respectivos cabildos en los municipios  del área metropolitana de Caracas y del distrito Apure.

Como conclusión de los dicho, en este escenario de participación electoral tenemos que desenvolvernos todos y cada uno de los que cerramos filas de vanguardia en el combativo y mayoritario pueblo opositor; no reconocerlo podría convertir la soberbia en abono de cultivo para beneficiar al adversario. Las contradicciones percibidas entre líderes congregados en el partido MUD, no son del todo unitarias, ayudan a la disgregación de esfuerzos.

Dirigir los procesos antedichos, teniendo en cuenta las dificultades, sin programa de hegemonía de ninguna índole, constituye la manera de la construcción de la unidad política, lo cual no será posible si no se hace abstracción de todo lo que en el sector de la democracia oposicionista constituya un obstáculo para la integración.