• Caracas (Venezuela)

Rafael Rodríguez Mudarra

Al instante

El presidente abusa ostensiblemente del poder

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


Los países que conforman la región latinoamericana, desde sus comienzos como Estados independientes, no han tenido otro sistema de gobierno, cual no sea el identificado con el régimen presidencial, entendido este, como aquel donde el presidente de la república es la persona que además de ser jefe de Estado dirige la acción de gobierno; en el caso venezolano, no obstante establecer la Constitución que el Poder Ejecutivo lo ejercen el presidente, el vicepresidente, los ministros y demás funcionarios, sería necio pensar que así sea, por cuanto el ejercicio de este órgano se concentra en el presidente, siendo los funcionarios señalados de libre nombramiento y remoción de este; es decir, las atribuciones del jefe del Ejecutivo, que prevé el texto constitucional vigente a excepción de exclusión de subordinación de los gobernadores de los estados, se mantienen incólumes desde 1830, fecha de la creación de la República.

En la región, priva el sistema presidencialista, pero, se ha establecido también; encontrándose su fundamento en lo que se conoce como la “Carta Democrática Interamericana”, que la solidaridad y la cooperación, mediante la reafirmación de la democracia participativa en los diferentes ámbitos de la vida política de los países que integran la referida región, constituye la aceptación para que la democracia sea esencial en el desarrollo y perpetuación del Estado de Derecho; por lo que para que se explane como tal, tienen que privar sus elementos fundamentales consistentes en el respeto de los derechos humanos y las libertades públicas, para el buen logro del poder político mediante el ejercicio del sufragio universal en representación de la soberanía plural y participación con independencia de todos los sectores que conforman la vida de los países que integran el conglomerado interamericano.

El presidencialismo ha dejado como producto del desarrollo civilizado y dialéctico de los pueblos de ser la feudal forma de ejercicio de autoridad de quienes ejercen el poder sin consenso participativo; de los  que no admiten critica; de los que mediante el abuso del poder imponen gobiernos absolutistas y de familias.

Los gobiernos que hoy gozan del respaldo del elector en este continente latinoamericano, han hecho honor a la civilidad en cuanto a reafirmar su compromiso con la “Carta de Organización de los Estados Americanos” y la “Carta Democrática Interamericana”, ambas proclaman “que los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de impulsarla y defenderla, es decir, se instruye que en el conglomerado de las naciones circunscritas a la región latinoamericana es de obligante cumplimiento a tenor de sus constituciones “la garantía y pleno respeto de los derechos humanos y la consolidación de la democracia”.

En Venezuela, Nicolás Maduro, dada su condición de presidente de la República, se encuentra entre aquellos magistrados de elección popular, que por haber cumplido más de la mitad del periodo presidencial que viene ejerciendo ha sido objeto de una solicitud de revocatoria de su mandato, cual cuenta con respaldo visiblemente ostensible de la ciudadanía opositora; proceso de legitimidad, hoy envuelto dentro de una continuidad de hechos reñidos con la Constitución, que tratan de impedirlo, contándose como gestor de la mediocre actividad fraudulenta, al propio presidente, sumados cuatros funcionarios públicos expertos en argucias, así como la complacencia servil del CNE y del TSJ.

Como es del conocimiento de todos, la ascensión al poder de Nicolás Maduro no fue más que el deseo de la voluntad del difunto ex presidente Hugo Chávez, quien actuando como testador del solio presidencial, a través de acto público, notorio y comunicacional, sin consenso de ninguna especie, hizo de un civil: Nicolás Maduro “el albacea del poder”, lo que por interpretación de muchos, no fue más que una intención para inducir la presencia del sector de la Fuerza Armada en servicio activo en el desempeño de cargos públicos, constituyéndose a la vez, el componente castrense en un poder deliberante, como efectivamente está sucediéndose.

Cierto es, duda no cabe, que el presidente Maduro durante el tiempo de más la mitad en su ejercicio presidencial, se ha desempeñado en  forma tan cuestionada que confirma lo que se dice de él, que si bien llenó los requisitos para ser presidente: “Venezolano por nacimiento, no poseer otra nacionalidad, mayor de 30 años, de estado seglar y no estar sometido a condena mediante sentencia definitivamente firme”, está comprobado por evidencia de hechos, que durante el tiempo de su mandato, cual puede considerarse como una pasantía de control de eficiencia, ha resultado de una incapacidad demostrable y notoria que no nos queda otra salida para el bien del país; para la restauración de la convivencia nacional; para la recuperación de nuestra devastada economía; para la pulcritud administrativa; para el cese de la persecución política, para el establecimiento de un régimen democrático, transparente de respeto a los derechos humanos; de la independencia de los poderes públicos; del resguardo de los derechos sociales; de cese a la persecución política; que no sea el de la revocación del mandato presidencial pautada en la Constitución, lo cual nos permitirá ponerle término al abuso ostensible que del poder ha venido haciendo Nicolás Madura, la cual no es otra que respaldar en forma patriótica y unitaria la solicitud de hacer realidad el referéndum revocatorio para el cese por adelantado del nefasto gobierno de Nicolás Maduro.

La solución para el cambio de gobierno no puede darse con un diálogo entredicho, con discursos laudatorios e inducidos con apego al gobierno, con velado propósito de desconocer la realidad política del país e imponer componendas no admitidas por el elector originario de la nación venezolana. Existe actualmente una situación enmarcada dentro de la Constitución venezolana, que se le ha sido solicitada al CNE. La revocación tiene que cumplirse.

Como colofón para fortalecer lo que se dice, transcribo lo que ha dicho como vocero adscrito al diálogo, el presidente de Argentina, Mauricio Macri, copio: “De este momento que vive el pueblo venezolano solamente sale si hay elecciones este año para que pueda elegir nuevamente quién conduce su país. Revocatorio-elecciones, ese es el camino”, fin de la cita.