• Caracas (Venezuela)

Rafael Rodríguez Mudarra

Al instante

La oposición requiere pluralidad

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En forma sorpresiva, sin previo conocimiento doméstico, hubimos de enterarnos a través de un comunicado oficial emanado de la Secretaría General de Unasur “que en el curso de los últimos días del mes próximo pasado, en la República Dominicana, los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero de España, Leonel Fernández de República Dominicana y Martin Torrijos  de Panamá, por invitación de Unasur sostuvieron reuniones para explorar con las partes el marco para iniciar un diálogo nacional con representantes del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de la oposición representada por partidos de la Mesa de la Unidad Democrática”. El sitio escogido para tan amena reunión no fue otro que el bello y codiciado balneario de Punta Cana, dada su condición de estar blindado a la delación.

La canciller, Delcy Rodríguez, en la forma atípica que la identifica en el desempeño de su magistratura, vía Twitter informó “que ella, el alcalde  de Caracas, Jorge Rodríguez, y el diputado Elías Jaua, conformaron la representación del gobierno nacional, expresando a la vez que el presidente Maduro ratifica al pueblo su indeclinable propósito de garantizar la paz, el bienestar y la defensa irrenunciable a la soberanía, lo que nos da por entendido, que el gobernante entredicho, con el logro de estas negociaciones antes desconocidas, persigue mantenerse insepulto: enfriar las calles evidentemente agitadas; y, mediante la solidaridad con Mercosur impedir la discusión de la Carta Democrática como también la revocación de su mandato; a través de un dialogo artificioso con la oposición, lograr su entendimiento con esta, incrementar las contradicciones que vienen suscitándose, para recobrar la fuerza que le permitan una permanencia autoritaria en el poder.

Tal intento de entendimiento sin asiento de información alguno al pueblo que se expresó en las elecciones parlamentarias del 15-12-2015, ocasionó que la Conferencia Episcopal, ratificando su firme convicción de disposición para el diálogo y presta a actuar de buenos oficios para propiciarlo, en forma categórica, hubo de expresar que “Unasur tiene muy poco que hacer en cuanto a promover el diálogo, como el no ser actor adecuado, por cuanto en su génesis el gobierno tuvo mucho que hacer, además de que en otra oportunidad las gestiones de Unasur no llegaron a nada, por lo que se requiere de un actor fuerte o de varios organismos internacionales, reconocidos por ambas partes como validos”. La iglesia en Venezuela fuerza, ha sido intransigente en la insistencia del diálogo en situaciones de extrema gravedad para el país, estimándolo como el único canal para entenderse.

En verdad, pues, los ex presidentes, supuestos gestores de buenos oficios en la reunión cumbre, le dieron tanto valor, que el secretario general de Unasur, a viva voz expresó: “Después de hacer reuniones, en forma alternativa, los ex presidentes constatan que existe una voluntad de diálogo de ambas parte, por lo cual se propuso continuar explorando nuevos contactos; y como agregado a lo dicho, la canciller venezolana parte importante en el entendimiento, llegó a decir que: “Los encuentros para avanzar hacia un diálogo entre ambos sectores ha sido propiciado por el Ejecutivo nacional. No cabe duda, algunos de nuestros políticos por más que se cambien de ropa mantienen inalterable su estilo.

Como corolario de lo antedicho, se convocó el Consejo Permanente, que finalizó como había de presumirse, en la declaración de diálogo votado, que condujo al gobierno de Maduro a cantar victoria, permitiéndoles a los dirigentes del régimen disparar sus cañones contra el secretario general de la OEA, Luis Almagro.

Para los que hemos vivido las argucias políticas, la tibia e inducida declaración de diálogo propuesta por la OEA, no es más que una burda complacencia a las aspiraciones burocráticas del presidente Macri, para el  logro negociado con Venezuela de una representación en la ONU, que les permite a los dirigentes del gobierno que preside Nicolás Maduro continuar violando los principios constitucionales más elementales e intangibles de los venezolanos. Estimar tal postura como un avance democrático y de garantía institucional no es más que hacerle el juego a un gobierno nefasto, en estado moribundo que busca respiro; a la vez que coloca a la dirigencia que quiere atribuirse la dirección opositora en peticionaria de indulgencia.

La reversión de las instituciones no puede mendingarse. El pueblo, no partido político alguno, dio la orden de buscar a través de la Constitución el cambio del actual gobierno, para ello promueve sin ninguna clase de negociación el referendo revocatorio del mandato presidencial de Nicolás Maduro, habida cuenta de la incapacidad de este para gobernar durante el periodo de prueba que constitucionalmente le fue otorgado. La unidad opositora más que nunca requiere una dirección y comportamiento serio, responsable, inteligente y plural, integrado por todos los sectores de la vida nacional: obreros, sindicatos, gremios, mujeres, jóvenes, partidos políticos, intelectuales, empresarios progresistas etc. Almagro tiene todo nuestro respeto por haberse sustituido mediante instrumento legal la defensa institucional de la república. Ser consecuente con este probo luchador social de la región es más que un compromiso, constituye una obligación moral, defraudarlo es cobardía.