• Caracas (Venezuela)

Rafael Rodríguez Mudarra

Al instante

Se lo llevó quien lo trajo

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Una República  como la de Venezuela, asediada por los males que la permean; que sitúan  a la mayoría de sus nacionales en estado de pobreza crítica, donde la constante y permanente subida de los precios se hacen incontrolables; donde la fuga de capitales, los desequilibrios  fiscales, el  alza del dólar paralelo subiendo de manera exponencial supera en más de cuatro dígitos al dólar oficial, asimilándonos a la situación  de crisis vivida  en la región latinoamericana en los años ochenta y noventa, sufridas en Argentina, Bolivia, Brasil y Perú, disfrutada por el dólar petrolero de nuestro nacionales en consideración a “el todo barato”; donde la canasta básica en vía de aumento exorbitante se sitúa en más de 150.000 bolívares mensuales, lo que para algunos economistas predicen en sus elucubraciones de oficio, que supuestamente vamos en forma precipitada a una hiperinflación, concepto éste definido “como un mal económico que surge en circunstancia extremas  como una guerra, una mala administración”, lo  que en el caso venezolano, conlleva, de manera imperativa a propiciar una unificada voluntad nacional para dar al traste con el falso esquema socialista,  que nos permita  la recuperación  anhelada.

La imposibilidad de adquisición de divisas, así como el asedio hoy emprendido  contra las Industrias Polar, mediante la ocupación deliberada  de los galpones propiedad de ésta entidad, es algo que incrementa la inflación: fortalece el “bachaqueo”, expresión , esta última, de un “lumpen proletario” al servicio, de mafias enriquecidas en forma súbitas por  provechos mal habidos derivados del Estado en el manejo y distribución de alimentos, medicinas, artículos industriales, y otros renglones vitales para el  proceso del desarrollo humano.

Las suscitadas tomas improvisadas, de las pocas empresas de alta producción, de estima  ciudadana  y de inmejorables aportes a la vida cultural, deportiva y asistencial de la nación, crean estado de tensión, que impide la comercialización y logística de alimentos e incrementan la miseria de lo sectores medios y desposeídos; situación imposible de solventar, dada la  conducta contumaz del actual régimen, cerrada para su  solución; lo que es más, tales medidas contra revolucionaria golpea seriamente el sector trabajo, por cuanto incide  en la condiciones de vida de los que laboran en las intervenidas empresas, impidiéndoles el derecho al trabajo y el derecho a un salario suficiente; situando al Estado como incompetente para ser garantía del derecho al trabajo, constitucionalmente pautado; llegándose al extremo que los trabajadores de la entidades  intervenidas, han conformado una unidad obrero patronal en defensa de su subsistencia, desconociendo la odiosa ocurrencia dizque socialista del sector gobierno, que los coloca en estado de inestabilidad laboral, lo que fuerza hacernos una pregunta: ¿será capaz el llamado proceso  bolivariano  de lograr la instauración de  un gobierno marxista leninista, como dice  el presidente Maduro, habida cuenta del rechazo uniforme  y permanente  que en Venezuela  le propicia  sector proletario?

La situación que padece Venezuela, la que dejó de ser prospera, tiene su origen en  la entronización de un gobierno, por demás  improvisado  en su conformación; que hubo de tener el respaldo  de una clase social de  estirpe e ideología  de derecha, con marcados apegos burocráticos, dedicados a la predica   de la anti política; y de la negación de los partidos políticos,  hoy gozosos y panzones, estos venerables señores, con el disfrute fácil e incontrolable de las prebendas  del poder,  por cuanto son  exponentes sin control  de las bondades de la “revolución”, conocidos con el remoquete de “boliburgueses”

La improvisación  del  gobierno se constituye  en  realidad, cuando llegado un militar a ocupar el Solio  presidencial,  el equilibrio  que se había logrado  en el conflicto  que  solía presentarse: entre los sectores  del gobierno y los  de la  oposición,  lo que se resolvía   dando cabida al consenso, como garantía  de el manejo de las políticas del Estado, dejó de tener existencia y dio paso con mayor  intensidad  a un autoritarismo, que no hace mas que reproducir  la situación que habíamos  superado, de dividir la sociedad venezolana en dos grupos antagónicos:  el uno que persigue y  el otro  que es perseguido .

Maduro legatario  civil de las órdenes   que le fueron impartidas por el  testador, en sus funciones de gobierno se ha rodeado  de una cúpula integrada  por  militares activos, transformando  una institución  constitucionalmente profesional, organizada por el Estado para la independencia y soberanía de la Nación en una fuerza  con deliberada participación en los actos  de propaganda, militancia  y proselitismo político, poniéndoles al frente  de los altos cargos de la administración que requieren  de una preparación pertinente, con desalojo  visible de la sociedad civil de la Nación; y en componenda  con el que preside el Poder Legislativo, convierte  al fiscal de la República, al Consejo moral Republicano, a la Defensoría del Pueblo  y a los  que integran el poder judicial, en sus  soldados obedientes al servicio subalternos de los caprichos del Ejecutivo, con intenciones presuntas de perpetuarse  en forma vitalicia en la presidencia de la República,  que estamos seguros  no lo va lograr.

El fracaso  del actual régimen, la merma de su  popularidad,  la demagogia de orquesta, no entendida por la población, hoy victima del fracaso del llamado proceso revolucionario, hubo de ser definido por el catedrático universitario, jefe del Centro Garibaldi,   ministro durante  la presidencia de Hugo Chávez, en la forma que se expresa a continuación: “El Chavismo llegó a su final, estamos  como ya viniendo, resulta doloroso y lamentable  ver una presidencia que no transmite  liderazgo. Hay que tener direccionalidad de las cosas, particularmente de la economía, aquí no hay dirección, la política cambiaria es un problema político  porque la única empresa del Estado que genera divisas es  Petróleos  de Venezuela, con 94% de ingresos, estamos raspando la olla para ver como hacemos para pagar la deuda y para comprar medicinas y alimentos”.

Agregaríamos a tan atinente  presagio, que la pretensión del continuismo autoritario militar, que existió cuando América Latina  era un  Cuartel,  con caporales como:  Odría, Perón , Rojas Pinilla, Castillo  Armas, Batista, Trujillo, Somoza , Ibáñez y Pérez Jiménez,  dejó de  tener asidero, no quedándonos   otra expresión  que no sea, la de  afirmar: “la revolución se la llevó, quien la trajo”¿ será verdad que tenemos Patria?

rodríguezmudarra@cantv.net

@Ramudarra