• Caracas (Venezuela)

Rafael Rodríguez Mudarra

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Rafael Rodríguez Mudarra

De la entredicha revolución

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El mito de la revolución difundida por los que la pregonan como marxista bolivariana, tendencia morbosa, constitutiva del legado ideológico del hoy  desaparecido comandante eterno Hugo Chávez, contradictoria por falta de aplicación integral dada su  disparatada concepción, por cuanto, como hemos dicho en reiteradas oportunidades, entre lo que pudo pensar Bolívar y la pretendida integración de sus ideas liberales al socialismo esgrimido por el alemán Carlos Marx evidencia una idiosincrasia, nada símil al comparar una de las ideas con la otra, por cuanto al hacerlo se presentan perfiles distintivos  incompatibles en común, que puedan conjugar tan atípica campaña discursiva  de los que se han apoderado del término: patria, por lo que para ilustración de la no similitud pretendida, así como la ignorancia inveterada en la interpretación de la historia, con aquiescencia del hoy distinguido aquelarre  oficial; y para ilustración de la ciudadanía en su totalidad, Carlos Marx, a exigencia que le fuere hecha por el directivo de un periódico norteamericano, se expresó del Padre de la Patria en la forma que se inserta a continuación: “Un palurdo, un botarate, un aristócrata con ínfulas republicanas, un ambicioso mendaz cuyos contados éxitos militares se deben solo a los asesores irlandeses que ha hurtado como mercenarios”; y en carta dirigida a Engels, llama a Bolívar: “Canalla, cobarde brutal comparándolo con Soloque, el extravagante caudillo haitiano que en 1852 se había hecho coronar como emperador”; dicho esto y por cuanto en el preámbulo de la Constitución se establece que “el pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana”, nos lleva en virtud de la reflexión, que acarrea, hacernos la siguiente reflexión: si lo dicho carece de desmentido, ¿por qué los historiadores e intérpretes del proceso han permitido que se cometa tal desaguisado con la figura más excelsa de la vida republicana de la nación?, ¿será que para estos llamados compatriotas le es de más importancia, la permanencia en cargos burocráticos que la vigencia de la Constitución?

Los dirigentes de la  llamada revolución, no han tenido empeño alguno en cumplir el logro constitucional para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica en un Estado de justicia, que consolide los valores de libertad, independencia, la solidaridad, la garantía universal de los derechos humanos, teniéndose en cuenta que el Estado tiene como fines esenciales la defensa  y el desarrollo de la persona humana, el ejercicio  democrático de la voluntad popular.

El galimatías continuo e interesado de los factores dirigentes del oficialismo, el servilismo eunuco para los que disfrutan sin responsabilidad alguna de los dineros públicos, la falta de concienciación en cuanto a la coexistencia  pacífica para la solución de los problemas de interés nacional, las apocalípticas amenazas de extermino de los sectores que irresponsablemente han dado en llamar de la derecha, la falta de interés en restituir las libertades públicas, la restricción de la libertad de expresión, el no permitir el regreso de los exiliados, colocan en entredicho el ineficaz proceso dizque revolucionario, en razón de que el presente régimen de exclusión de la civilidad por más empeño de difusión mediática, de cartelización de los medios escritos y radiodifundidos, no ha  podido galvanizar el alto contingente de voluntades que no comparten el autoritarismo gubernamental ansiosos de que se establezcan las responsabilidades que fueren menester para el juzgamiento de los que se han enriquecido ilícitamente con los dineros provenientes del  tesoro público, independientemente de que sean militares o civiles, haciendo  honor a la no prescripción de los delitos de peculado.

El proceso que impulsa la revolución marxista bolivariana ha perdido la brújula: de país abastecido en producción doméstica ha pasado a ser importador irresponsable ensacando comestibles en los puertos de Cuba. La escasez de alimentos y las colas que dan vueltas al país para la adquisición de  productos que le permitan subsistir se hacen continuas, el salario mínimo no le permite a un trabajador ingerir como límite alimentario una empanada diaria; todo debido en gran parte a que el que se ejercita como presidente de los venezolanos no ha tenido capacidad para analizar el compromiso social y permitir un desarrollo  que supere el sistema de conuco, hoy decimonónico, lo cual no le es dable, careciendo además de dotes para predicar como líder  populista en los países de la región, ni para manejar la economía petrolera ni ser factor importante en la política de mercadeo de la OPEP.

El presidente, nuestro presidente, no persigue otro fin que el de su reelección continua, no actúa como mandatario de los venezolanos, todas sus intervenciones, sin argumento razonable para la concepción socialista del siglo XXI, causan hilaridad por los irracionales argumentos esgrimidos, para ese despótico propósito cuenta con el apoyo del presidente de la Asamblea Nacional, capitán activo Diosdado, quien manejando los diputados que integran el Parlamento como si fuera una tropa, secuestra los poderes que integran el poder público nacional, colocándolos al servicios de sus intereses personales.

Nicolás Maduro para su antojo autoritario de continuación en el ejercicio  de la Presidencia de la  República, como bien lo ha dicho en uno de sus editoriales El Nacional, “no permite  debatir la condición que ha adquirido la cúpula de le Fuerza Armada Nacional Bolivariana en la vida pública del país, respondiendo los agentes de gobierno con el argumento de que hay una campaña en contra de esa institución”. Pero también es cierto, como expresa el editorial de marra, lo cual es obvio compartir: “La cúpula de la de la FANB no es equivalente al pueblo. Si alguna vez fue ‘representativa’ del pueblo, ya no. Al contrario, esa cúpula está cada vez más alejada del pueblo con sus padecimientos cotidianos. Se ha transformado en una corte, hinchada de su poderío  militar, político y económico”.

El autoritarismo del presidente es indudable, su perpetuación reeleccionista  carece de discusión; pero como todo mal tiene su medicina, existe una de aplicación inmediata, la cual no es otra que la concurrencia a las elecciones para integrar el Parlamento, anunciada para fecha próxima. La partición en la escogencias de los diputados y diputadas a la Asamblea Nacional es la gran oportunidad para evitar las fechorías que los agentes del oficialismo, con acompañamientos ocultos, han escenificado de manera perversa en la escogencia de rectores del CNE, de integrantes del Poder Moral y de magistrados al Tribunal Supremos de Justicia.

Los sectores adversos al gobiernos que son muchos, deben torcerle el cuello a la prédica abstencionista, pero también deben ser conscientes de que para tal fin debe conformarse un gran frente de unidad nacional, sin prejuicios de vanidades engreídas, con capacidad de lucha política, con experiencia en la preparación de las jornadas cívicas. Ninguna integración de grupos minoritarios, sin mayoría pertinente de dirección, puede osar a través de cálculos  de aritmética erigirse en representantes del inmenso conglomerado  que le es adverso al actual régimen militar-cívico. Atribuirse la representación de otros es más que un abuso. En Venezuela se ejercitó por muchos años una prestigiosa publicidad, de  nombre ARS, cuya motivo publicitario decía: “Permítame pensar por usted”, esto hoy es imposible.