• Caracas (Venezuela)

Rafael Rodríguez Mudarra

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Rafael Rodríguez Mudarra

Régimen autoritario

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La democracia se concibe  como una forma de organización social que atribuye  la totalidad del poder al conjunto de la sociedad, es por lo tanto  una organización  del Estado en la cual las decisiones  son adoptadas por el pueblo mediante los mecanismos  de participación  directa  e indirecta  que confieren  legitimidad a sus representantes.

La Asamblea Nacional Constituyente conformada por parlamentarios de la mayor pluralidad política, presidida por el diputado  Luis Miquilena, al promulgar la Constitución del 30 de diciembre de 1999, lo hizo  sobre la base  de refundar la República para:“establecer una sociedad democrática, participativa  y protagónica , multiétnica y en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de libertad, de independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la  integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para ésta y las futuras generaciones”. Se atribuye al Estado como fines esenciales  la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático  de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y la garantía y deberes consagrados  en la Constitución.

Lo antedicho viene  a cuenta  en razón, sin entrar en otras consideraciones, que Nicolás Maduro, como designado sucesor  del ex presidente Hugo Chávez; y como lo he de repetir hoy, concurrió a las elecciones presidenciales, resultando electo  en conformidad con la Constitución para desempeñarse como el Presidente de los venezolanos.

No tiene discusión que la elección  del designado para  cumplir la voluntad  del finado “Comandante Eterno”, en participación en la competencia  por la presidencia  de la República, cumplió  las formalidades  constitucionales exigidas: venezolano por nacimiento, no  poseer otra nacionalidad, mayor de 30 años, de estado seglar y no estar sometido a condena  mediante sentencia definitivamente firme y cumplir  con  los demás requisitos  establecidos en la Carta Magna; pero no obstante,  una vez elegido, su desempeño en el ejercicio de la Presidencia en un  país como Venezuela colocado a la vanguardia  de la lucha por la defensa  de la libertad en la región y en el mundo, se ha hecho deleznable, sin acierto de gestión confiable; dentro de su confusa y decimonónica  concepción ideológica marxista, bolivariana, zamorana, chavista y castrista, con resucitación de periclitadas costumbres monárquicas, impregnado de nepotismo exuberante; lo que es más y para colmo de los desafortunados  desatinos, nuestro Presidente, simulando una invasión extranjera,  con desprecio innegable  por el  principio  constitucional, cual prevé  que  el gobierno de Venezuela será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, pluralista y de mandato revocable, en forma hegemónica en conjunción a  un militar activo advenido a legislador, asido de las manos del sector castrense, en presunta señal de lealtad a la “revolución” y  a “la patria” ,  actuando como le es costumbre por mandato del supremo comandante Chávez, llega a simular   una invasión extranjera, que causa hilaridad en el  sentimiento republicano nacional, facilitando que   el sector militar se constituya en elemento  de mando de   la Sociedad.

El régimen  en forma deliberada,   subestima la  institucionalidad de los poderes públicos e incentiva  la ausencia del sector no militar en la conducción de la Administración Pública ,es decir, en el increíble  e impertinente proceso, la decisión  “ civil” es inexistente, se evidencia  un marcado control  de las políticas inherentes al  Estado por ramas del ejercito con destacados puestos de dirección en todos los niveles de la convivencia pública: Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez, con expresión de delirios de grandeza   a través de reiteradas cadenas  transforman  la incitación al odio en  una expresión cultural, que acarrea el reproche categórico de tan desaguisado comportamiento. Vladimir Padrino, militar activo, actuando  como dirigente político deliberante, viola flagrantemente la Constitución; y a manera  de legislador, se atreve a decir en forma indecorosa: “la Fuerza Armada es revolucionaria, socialista y chavista”.

El presidente forma parte de una hegemonía impenetrable. El acaparamiento de la prensa escrita, la radio y televisión es casi total. Disentir de la desacertada política económica del gobierno, y del abuso de actuación incontrolada en los demás orden de la vida nacional, es exponerse al riesgo que en forma no tempestiva se le abra un procedimiento  judicial, con ausencia  de los elementos de juicio que sean menester para un debido proceso, sin respeto al derecho a la asistencia jurídica; y a la presunción de inocencia.

Como complemento al descalabro aludido cursa en paralelo: la inflación, la inseguridad; la corrupción galopante. El gobierno es antítesis de democracia y el progreso,  le obsesiona  ocultar el fracaso; y el culto  que le profesa a la personalidad  es inverosímil. La catástrofe económica  es inconmensurable. El autoritario y hegemónico gobierno que nos rige, reflejo de nuestro antepasado  liberal, resaca  del comunismo soviético, exige que los venezolanos, hastiados de tan incompatible, sectaria y antidemocrática conducción,  llevemos a cabo lo que constitucionalmente está a nuestro  alcance  para evitar que tan  insostenible situación  llegue  perpetuarse. Enmendar tan vergonzoso comportamiento gubernamental es de necesidad vital. Para ello se hace obligante la concurrencia  a las elecciones parlamentaria. Votar sin miedo, no permitir la abstención electoral. Vencer el ventajismo oficial. Debilitar la  derrochadora  campaña electoral  de la hegemonía Maduro- Cabello, constituye imperativo  que el  sector mayoritario del  conglomerado electoral  debe poner en marcha, mediante el mas estimulante ejercicio del sufragio, haciendo de la sindérisis  correctivo de honestidad  para  estrangular  el ego de algunos dirigentes ausentes de formación política; que los partidos minoritarios agrupados en al  MUD  o en cualquier Coalición que pueda surgir,  participen  en  el proceso de escogencia, sin autosuficiencia de  dirección. La elección parlamentaria  tiene su peculiaridad; su integración debe estar persuadida de la diversidad. Requiere de la participación de los mejores; de la querencia  en  sus jurisdicciones. Los parlamentarios  son expresiones de los vecinos de un Estado, no de agrupaciones en particular.