• Caracas (Venezuela)

Rafael Rodríguez Mudarra

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Jóvito: “Habla, ¡oh! padre, ante la universidad”

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Hace 108 años, el 23 de marzo de 1908, nació en Pampatar, estado Nueva Esparta Jóvito Villalba, el tribuno de más prestigio en Latinoamérica. Para los que estuvimos subordinados a su sabiduría y recurrimos a diario a las enseñanzas de este maestro de juventudes, de dignidad y civismo; quien  por acción propia se consideró “como primero entre sus iguales”, no más, nos toca honrar su memoria, y, consecuentes con sus principios, enarbolar sus banderas y marchar adelante para dejar de ser víctima del advenimiento de los desgobiernos de predominio militar.

A los que no han podido estar consustanciados con la trayectoria política del “maestro” Villalba, es significativo señalarle que estuvo indeclinablemente poseído por el dominio de las materias estudiadas, tanto en el orden jurídico e histórico, por la continuidad doctrinaria, programática y reformista, siendo verdad que todas los impulsos progresistas de la época lo tuvieron como abanderado, con iniciativas nacionalistas, con apego democrático e institucional, sin escatimar energías  para el logro de los esfuerzos progresistas.

Jóvito Villalba honró al país, se dedicó a la salvación de sus instituciones, teniendo el mérito de haber sido uno de los más decididos promotores de la democracia social; de la incompatibilidad de los poderes públicos; del respeto al Estado de Derecho como depositario de la soberanía nacional. En tal sentido en discurso pronunciado en sesión conjunta de las cámaras legislativas del 25 de junio de 1943, expresó: “La evolución política del país, nos plantea a nosotros y al gobierno de la República, la necesidad de transformar el ineficiente sistema de control legislativo que hoy existe y de substituirlo por un método de examen más en consonancia con las aspiraciones democráticas del país y con el espíritu democrático de la Constitución. Esa transformación de control de las cámaras sobre el Ejecutivo, me permito afirmar ante ustedes esta tarde, es el paso que tiene planteado ante sí en este momento, con rigor dialéctico, el progreso de la nación. Nosotros debemos en este momento, es nuestro deber para con Venezuela, es nuestro deber con los mejores principios, el crear a base de una transformación constitucional y política un nuevo sistema de control del Congreso sobre la obra de la administración pública…”.

En cuanto al verbo, dice Ramón Velásquez, a la atención que hubo de ponerse sobre el aspecto cualitativo de la oratoria de Villaba: “Su clima natural, su trinchera, es la oratoria. Una oratoria a la par conceptuosa y brillante. Sus discurso a diferencia  de las mayoría de las oraciones políticas, pueden someterse y salir airosos en la prueba de publicación, pues siempre desarrolla tesis de importancia…”.

Villaba, dirigente estudiantil para entonces, el 6 de febrero de de 1928 en el discurso pronunciado frente al Panteón Nacional, al inicio de la Semana del Estudiante, dice entre otras expresiones: ¡Ante la conciencia libre de América surge íntegro, encendido de fuerza, en grito de una protesta unánime, el mismo ideal de fraternidad latinoamericana que cien años antes cupo holgado en la mirada visionaria del Libertador. En tierras de Venezuela ha vuelto a sonar el momento del héroe que se revela como una campanada para esta tumba gloriosa en la inquietud de nosotros, que es la inquietud del gesto que ha de venir…!. Libertador, ha llegado de nuevo la hora de que tu acción coincida para nosotros en este momento de definirnos ante el destino y ante nosotros mismos… Habla, ¡oh! padre, ante la universidad, donde se forjó la patria hace años y pueda oírse otra vez tu voz rebelde de San Jacinto:¡Padre nuestro, Simón Bolívar, Libertador, cómo han puesto los esbirros tu Santiago de León!”.

Dada la fecha de la conmemoración del natalicio de este gran hombre, nuestro maestro, del que a ver de muchos es la expresión más consagrada de la fundación de la democracia; a los efectos de deslindar cualquier apreciación no imparcial, por parte de los que en el actuar político nos hemos sentido identificados, doctrinariamente con el pensamiento de tan importante líder; a manera de ilustración y objetivación de estudio, transcribo lo que sobre el particular aludido, escribió Simón Alberto Consalvi, copio:

“Jóvito Villalba debutó en la escena política venezolana en 1928, como uno de los protagonistas más relevantes de la Semana del Estudiante. Con su discurso pronunciado en el Panteón nacional perfiló la esencia de aquel movimiento histórico. Andaba como sus  otros compañeros, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Isaac J. Pardo; Pío Tamayo, Miguel Otero Silva, por los 20 años de edad. Muchos de ellos fueron a las cárceles o realizaron trabajos forzados en las carreteras por corto tiempo, y viajaron al exilio en el 28.

“Jóvito, en cambio, fue condenado a una prisión de seis años; recuperada la libertad en el 34 viajó a Trinidad hasta la muerte de Gómez. En 1936 volvió al primer plano como presidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela en los sucesos del 14 de febrero.

“Parlamentario, constitucionalista y orador de dotes excepcionales, Villalba  fue durante décadas representante al Congreso. Abogó siempre por aquellos avances que permitieran un sistema democrático igualitario y equitativo, la elección directa de los presidentes o la incompatibilidad de las funciones legislativas y ejecutivas. Fue uno de nuestros pocos políticos que sostuvo la tesis de la no reelección absoluta de los presidentes.

“El 30 de noviembre de 1952, su partido URD triunfó de manera avasallante en las elecciones para la asamblea constituyente. Los militares al mando de Marcos Pérez Jiménez dieron otro de sus golpes de Estado, alteraron los resultados y enviaron a Villalba al destierro junto con otros líderes de URD. Omar Pérez ha escrito una espléndida  biografía de Jóvito Villalba que es a la par, y en buena medida, una historia política de la era democrática”.

Inteligentemente optó Omar por resaltar el pensamiento de Villalba como constitucionalista, sus innumerables intervenciones en el Congreso, como el papel, en fin, que jugó en la construcción del sistema de partidos en Venezuela, sin que la fortuna coronara sus afanes.