• Caracas (Venezuela)

Rafael Rodríguez Mudarra

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Asamblea Nacional. Su independencia

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Como he referido en oportunidades anteriores, lo cual es menester repetir por insistencia terca para la restauración  de la independencia de los poderes que integran el Poder Público Nacional; desde hace más de quince años, Venezuela dejó de ser en la región latinoamericana y en el mundo el Estado social, de derecho, propulsora de la defensa de la persona y el respeto al ejercicio democrático de la voluntad popular, para convertiré en nación asiento de la arbitrariedad gubernamental, donde el nepotismo; el autoritarismo; el culto a la figura del superhombre y el personalismo exorbitante de los que ejercen funciones públicas, en forma caprichosa sin respeto a la ley, se han hecho posesos de la soberanía y la voluntad ciudadana.

Producto de la entronización en el poder, de un gobierno con estirpe de cabida  mayoritariamente militar e ineficaz, donde el latrocinio goza de impunidad encubierta; la pobreza al incrementarse nos presenta cuadro de ostensible miseria y la madre de la corrupción da constancia evidente, que implica a funcionarios civiles y militares como poseedores de inmensas e incontrolables riquezas súbitas, lo que ha forzado a calificados dirigentes del partido oficial a sostener en reuniones autocríticas: “El que la situación seguirá agravándose en el año 2017; que lo mejor es informar a la población sobre las causas y magnitudes del problema”.

Sin temor a equivocarnos, la situación de crisis estriba en que los llamados nuevos ricos “mafia de los corruptos”, a expensas del tesoro nacional han envilecido el bolívar, haciendo inalcanzable el dólar; como inalcanzable lo que hemos dejado de producir.

La profundización del fracasado proceso “charlatán”, liderado en principio, por el ex presidente fallecido, continuado por el albacea designado, incrementa la pobreza a diario, llegando a convertirse en la mayor tarea de supervivencia, con marcada tendencia de permanencia por la falta de capacidad y experiencia, que crea tensiones y conflictos; a la vez que rechaza el desempeño nefasto de Nicolás Maduro y sus ministros en el ejercicio de las funciones públicas.

Tan insostenible situación política, económica, social contrasta con la austeridad y el desarrollo que hubo de consolidarse en los mandatos precedentes al actual gobierno, los que a partir de 1958, sucedida la caída de lo que dio en llamarse nuestra última dictadura, cumplieron con la obligación de asegurar la integridad de la Constitución de manera inexorable.

El socialismo “demodé” del siglo XXI, en forma atípica, contrarrevolucionaria, ha ganado la batalla de profundizar la desunión en la familia venezolana. Su dirigencia ausente de sindéresis, sin dialéctica alguna, en forma autoritaria se niega a entender que en el Estado de Derecho pautado en la Constitución, el que preside el Poder Ejecutivo no puede estar por encima de los ciudadanos, que lo han elegido, gobernado sin ningún otro poder que pueda hacerle CONTRAPESO, indiferente a lo prescrito en la carta magna, de la cual han hecho uso flagrante, olvidando que es: “La norma suprema y el fundamento del ordenamiento jurídico” por mandato de nuestra última Asamblea Nacional Constituyente.

Parejo al Estado de Derecho surge la división de los  poderes, anteriormente  en forma clásica constituida por: Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial; extendidos actualmente a cinco con la inclusión del Poder Ciudadano y el Poder Electoral, lo que se llevó a cabo por expresa voluntad de evitar la concentración excesiva de poder en una sola persona o grupo. Tal evolución de nuestra normativa constitucional se apoya en el concepto de democracia, íntimamente ligado al Estado de Derecho, que nos hace comprender como ha venido sucediendo por fortuna, que el pueblo tiene el poder y lo ejerce mediante elecciones cuando elige a sus representantes, lo cual no admite otra interpretación conceptual, que no sea el de la intangibilidad de los poderes públicos.

La  inefable e infortuna intransigencia, de los que persisten en imponerle a los venezolanos una supuesta conformación ideológica de “desechos fascistas” para perpetuar el fracaso, es indolente y torpe al no querer comprender, como han comprendido en otras partes del mundo, sectores que habían sido irreconciliables, que las condiciones que configuran la democracia, para que sea efectiva, requiere el contrapeso entre posiciones que puedan sucederse; que le exige a sus protagonistas luchar por los cambios institucionales que fueren imprescindibles; así como entender la vigencia del consenso es el producto de actitudes divergente.

Lo anteriormente expresado, no ha sido obedecido por nuestro presidente; “por mala leche” durante un tiempo bastante largo, la Asamblea Nacional dirigida por un capitán perteneciente a la “burocracia militar” advenido a la política, dejó de ser la institución parlamentaria y deliberante que era antes de la llegada al poder del actual e incompetente régimen, cediendo la facultad de hacer leyes, las cuales vienen siendo elaboradas por Maduro, mediante la habilitación continua.

Empero la situación se ha revertido; la subordinación a Maduro y Diosdado ha dejado de continuar, los opositores al oficialismo, cuentan con mayoría calificada, siéndole posible imponer los cambios necesarios que permitan avanzar, recuperar las autonomía de las instituciones, hacer las leyes y también modificarlas, facultad que implica la posibilidad de regular en nombre del pueblo los derechos y obligaciones de sus habitantes en concordancia con los principios pautados en la Constitución; y, el FACTOR GOBIERNO, representado también en el hemiciclo parlamentario por un importante número de diputados, debe prestar su compromiso bolivariano con la colaboración necesaria y pulcra para que se ejerzan funciones de control mediante la interpelación, declarar la responsabilidad política y solicitar las acciones a que haya lugar para hacer efectiva la responsabilidad; como la de no olvidar que dentro de las condiciones sociales que configuran la democracia, se encuentra el derecho a DISENTIR, para el alcance del CONSENSO.

 

Abogado, político, presidente de URD, 1rodriguezmudarra. Gmail.com; ramudarra.