• Caracas (Venezuela)

Rafael Rattia

Al instante

La “revolución” contra el periodismo

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En los últimos tres quinquenios en Venezuela el ejercicio de la profesión ha devenido la praxis profesional más riesgosa y extremadamente peligrosa.

Buscar la verdad en “revolución”, escribir la verdad bajo el “socialismo” es poner, literalmente, la vida en peligro. Cuántos periodistas y comunicadores sociales han “caído” bajo las balas asesinas del Moloch estatocrático revolucionario en la era del protectorado sino-cubano y cuántos han tenido que emigrar y adoptar el triste estatus de exiliados producto de las persecuciones y hostigamientos políticos del Estado “cívico-militar” bolivariano.

No cabe duda: el Estado neoestalinista y filotiránico que ha entronizado su perversa lógica sectaria y ominosamente excluyente ha mostrado su naturaleza intrínseca: la vocación de mando cuartelario revestida de una profusa y sistemática propagandización ideológica al más puro estilo goebbeliano (Joseph Goebbels): “Repetir cada mentira mil veces hasta trocarla en una ‘verdad’ oficial” a través de la entelequia seudopolítica denominada “sistema nacional de medios públicos”, eufemísticamente llamado Sibci.

En Venezuela el comunicador social que osa o se atreve a ejercer con dignidad y honestidad su profesión, ¡oh Sancho, con el tinglado jurídico-institucional coactivo y coercitivo ha de topar!

Cuesta un ojo y parte del otro a un periodista conseguir una información proveniente de fuentes oficiales; un dato, una estadística, una relación porcentual sobre temas sensibles que le conciernen a la sociedad venezolana. A guisa de ejemplo: es prácticamente imposible que el Estado autorice, conforme a la ley, a un periodista realizar una entrevista a un preso político; en cualquier parte del mundo, ¿es necesario decir civilizado y democrático?  es perfectamente legal y apegado a derecho que el periodista entreviste al prisionero político o de conciencia; en Venezuela este derecho constitucional está confiscado y vedado discrecionalmente por el gran Moloch del ogro populista filantrópico que esgrime hipócritamente los derechos humanos desconociéndolos y violentándolos de modo flagrante y sin escrúpulos.

Los constantes y arteros zarpazos a la libertad de expresión y al libre ejercicio de la libre circulación de las ideas en Venezuela son tristes y malas noticias de la vida cotidiana en el país donde la prensa debería ser “la artillería del pensamiento”. Obviamente, un “periodismo” mercenario y por encargo prolifera desde las altas esferas gubernativas sin el más mínimo respeto y observancia a la decencia y al código de ética del periodista. “Periodistas” tarifados y pagados por la nómina del ministerio o de la gobernación o de la alcaldía o del instituto u organismo público que cubren únicamente la fuente del despacho oficial que le cancela sus canonjías o becas salariales. “Periodistas-sicarios” (propagandistas de la ignominia) que jamás informan de una manifestación de protesta ni de una tranca de una arteria vial por falta de agua o energía eléctrica. Son los “periodistas” que doran la píldora de la realidad agreste y hostil de las colas que mantienen en vilo al ciudadano. Esos “periodistas” militantes de la canalla y del partido único son los que envilecen y degradan la profesión, valga decirlo de paso, una de las más elevadas y enaltecedoras que la especie sapiens se ha dado a sí misma para orgullo de su estatuto homínidae. “Periodistas” camaleones, apologetas del desasosiego, edulcorantes de la infamia y la escasez, justificadores del ideologema del odio clasista y vergonzante lamesuela del poder despótico, siervos inmorales de la “nueva gleba” socialista. El colmo es llamarse “periodista” para no serlo.