• Caracas (Venezuela)

Rafael Rattia

Al instante

Para qué poetas en tiempos de indigencia

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La élite tecnoburocrática gubernativa insiste en ver para otro lado y hacerse la loca ante la debacle nacional que lleva a Venezuela al farallón de la muerte colectiva.

William Osuna, Freddy Ñáñez, Hernández Montoya, et al, insisten inútilmente en seguir mirando el dedo que señala las negras nubes que traen la tormenta social. No quieren aceptar el infierno que crece y se democratiza aquí abajo en la tierra de Bello, Pérez Bonalde, Pablo Rojas Guardia, Francisco Pérez Perdomo, Elí Galindo, Montejo, Cadenas, y tantos otros que pulieron el linaje de procera estirpe del más puro lenguaje poético.

Parecen enajenados, como escindidos de sí mismos, semejan a esos loquitos de carretera que uno se detiene para darle un aventón hasta más adelante y nos dice: “No, gracias, voy rápido”.

En verdad se empeñan en continuar seducidos por los  cantos de sirena de la hecatombe social que se abate sobre los venezolanos. Si al menos fueran consecuentes con su delirante praxis seudoestética tendría que escribir y leer poemas a las morgues, a las emergencias de hospitales, a los diezmados por el cáncer por falta de quimioterapias; pues, la materia prima del poema de este tiempo histórico es la hórrida realidad signada por la ausencia…

Un tiempo vendrá en que se sacarán cuentas y se leerán los saldos de este devenir social y político. No cabe duda, el país que lee e interpreta los signos vitales del cuerpo social exhausto y casi inane de la nación está siguiendo la evolución de lo que a todas luces marcha inexorablemente hacia su fenecimiento. Algo está muriendo en Venezuela, pero al mismo tiempo algo pugna por nacer y justamente ello es lo que los “poetas gubernamentales” no quieren ver lo evidente que estalla ante los ojos y narices de todos. Siguen ahí, impertérritos, imperturbables, con sus canonjías y sus viáticos para gigolear las arcas del erario público como si de una cantina se tratara. Se relamen los labios y salivan por la inminencia de sus rituales ceremoniales en el festival mundial de poesía compromisaria. La poesía del dazibao y del pasquín panfletario siempre en hagiógrafas poses de homenaje a los muertos que, según ellos, gozan de buena “salud”. Con el próximo festival de poetas a realizarse en Caracas a fines de junio, quedará patentizado, indubitablemente, hacia dónde caminan los poetas filotiránicos de la revolución bolivariana, cuál camino eligieron transitar los bardos del hambre y la miseria. Aquellos nubarrones de la desdicha trajeron estos lodos pestilentes de la discordia y el antagonismo irreconciliable. ¡Sigan, sigan cantando y más cantando, poetas del ditirambo apocalíptico y de los cementerios ambulantes! ¡Canten sus últimas oraciones en la hora de este juicio final que después no habrá perdón ni olvido para ustedes, papanatas de la trapa!