• Caracas (Venezuela)

Rafael Rattia

Al instante

Estética de la podredumbre

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Desde que se instauró en Venezuela la revolución bolivariana, en 1999, posteriormente autoproclamada “socialista” y pacífica pero armada, sus más connotados artífices portaestandartes de una ilusoria revolución cultural comenzaron a vilipendiar y anatematizar con los peores adjetivos y dicterios a quienes se opusieron argumentativamente al feroz proceso de demolición de las más preciadas bases de la identidad republicana de nuestra venezolanidad. Recuerdo nítidamente, cuando el intelectual filotiránico Luis Britto García viajaba en avión, con todos los gastos pagos a Mérida a las bienales de literatura y se alojaba en hoteles cinco estrellas con piscinas y vista a las cumbres andinas con cargos al erario de la Universidad de los Andes. Eran tiempos de la denostada cúpula puntofijista, el Conac le pagaba puntualmente sus honorarios profesionales por escribir sus conferencias y era decentemente reconocido como exponente digno del pensamiento ensayístico venezolano y nadie lo demeritaba ni lo exponía al escarnio público como hacen los Robertos en VTV con los artistas y escritores disidentes auténticamente democráticos que osan decir, urbi et orbi, sus cosmovisiones artísticas y literarias dentro del país o fuera de él.

Recuerdo igualmente, cuando esa otra “vaca sagrada” de la palabra adocenada, Gustavo Pereira (para algunos, su poesía es comparable a un saco de mocos) andaba por el oriente venezolano dando conferencias y realizando conversatorios poéticos sobre los grupos literarios irreverentes e insurgentes Sol cuello cortado, Apocalipsis, y otras heterodoxias devenidas en bufonerías de la corte palaciega bolivariana con barril de petróleo a 100 dólares. Fue muy fácil escribir en El Nacional contra el novelista cubano muerto en el exilio londinense y tildarlo de “cabrera infanta”. ¿Quién sabe en el universo mundo anglosajón y europeo quién es y qué ha escrito el chamán totémico de la poesía chavista autor del Preámbulo de la Constitución más “avanzada” de toda la bolita del mundo? Mientras el país asiste al calamitoso derrumbe de “la revolución latinoamericana” inspirada en el ideario de Simón Bolívar, las más prestigiosas casas editoriales del mundo occidental editan y reeditan la inmarcesible e imperecedera obra narrativa del cubano más universal que ha dado el siglo XX, Guillermo Cabrera Infante, y los centros académicos y de investigación más respetados del mundo estudian los aciertos y originalidades lingüísticas del autor de La Habana para un infante difunto el tristemente célebre poeta de la revolución bolivariana solo va quedando para asesorar a un fulano “Estado Mayor de la Cultura” que no se sabe qué diablos podría hacer con la demagogia populista en tiempos en que la cultura no posee medio en la bolsa dadivosa y clientelar a que estuvo supeditada durante los últimos tres lustros de paternalismo tutelar irresponsable. De antiguo heraldo de la disidencia del espíritu el aeda cívico-militar devino arlequín cortesano del socialismo fracasado.

Y no olvido, ¿cómo olvidarlo?, aquel mozalbete de tan solo 18 años que se paraba en las escaleras del Rectorado de la Universidad de los Andes, megáfono en mano, con “incendiario” verbo antisistema a quien sus compañeros de lucha apodábamos cariñosamente “Kaboul” en las refriegas del primer Comité Nacional de Bachilleres Sin Cupo, hoy trocado, por obra y gracias del birlibirloque seudoretórico del marxismo burocrático, en defensor del pueblo que es tanto como decir en defensor de la razón despótica-totalitaria del gobierno de facto que pomposamente se autoproclama “socialista”, “humanista”, “revolucionario”.

De aquellos idílicos y quiméricos polvos vinieron estos charcos y estos barriales cenagosos; de aquellas utopías de la ignominia vinieron estos sargazos de la perfidia y la desesperanza. ¿Quién traicionó a quién? De perseguido por las vilipendiadas cúpulas podridas del nunca suficientemente denostado pacto de Puntofijo a exégeta y apologeta del enclave poscolonial de la ínsula Barataria del castrismo converso pitiyanqui  había más que un doblar la esquina de la historia al revés de la Internacional Latinoamericana y caribeña del marxismo-leninismo, pensamiento Iosef Stalin; también conocido como marxismo de silicón. Los prestigios y honores en la revolución cultural también se transmiten vía parentela familiar, al más rancio modo kimilsungniano. El poeta “mayor” siempre hizo galas de tutor del “poeta menor”; aquel fue el “maestro” y este su discípulo. De tal palo tal astilla, dice el dicho popular. Y así por el estilo… va marchando a la deriva la navis stultisfera del “Estado Mayor de la Cultura” y el alma del hombre nuevo bajo el socialismo, al garete, aguas abajo en el terco morir contra vivir.