• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

Al instante

El país en el paredón

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No hay duda de que buena parte del mundo se ha sostenido gracias a principios elementales que han dado vida al desarrollo de la civilización, el futuro. Ello no ha sido conjetura o especulación, no ha sido algo que solo distrae para ocupar el tiempo. Considerando el futuro, muchos países han podido anticipar, postular, teorizar y hasta calcular posibles situaciones. Es así como esa parte del mundo ha optado por construir futuros alternativos y ha evitado su derrumbe económico.

En otras palabras, lo que viene es el futuro, pero no el construido por fenómenos metafísicos o  mágico-religiosos.

El país, desde hace rato, dejó de oler a futuro, la polarización política se adueñó del pasado y el presente para hacerlas combatir permanentemente. La agenda política gobierno-oposición ha venido funcionando bajo el principio “ataque-defensa”. No es casual, entonces, que el futuro en manos de nuevos actores no sea otro que el de “remendar” el presente; “coser” de nuevo para desaparecer los abusos de poder y “ponerle los parches” a los desvíos de la economía, ya no en clave heterodoxa pero sí en clave neoclásica.

La realidad que se esconde detrás de la polarización es la de un país en donde el pensamiento y la creatividad poco a poco se duermen; en donde el Estado y sus instituciones han optado por un futuro único, casi monolítico, el del rentismo petrolero. Un país que amanece día a día con menos conocimiento y menos juventud, su auténtica materia prima.

Si hablamos de la economía, ya sabemos que la del socialismo del siglo XXI es perjudicial. Pero la economía neoclásica a la venezolana no supera el mito del futuro de la vida cíclica del mercado; arreglar sus fallas  y “abracadabra”. Según los neoclásicos así se diversificará la economía, habrá empleo, se disminuirá la pobreza, habrá dólares para importar y se creará el escenario para hacer innovadoras y competitivas las empresas venezolanas. Parece que así se dependerá menos del petróleo.

¿Quién podría negar que seguimos caminando entre mitos?

Las elecciones parlamentarias debieran ser un escenario para que al país se le proponga una agenda política sí, pero también una agenda estratégica y programática sobre las cuestiones centrales que nos mantienen sumergidos en el subdesarrollo y en la pobreza material e intelectual.

Los venezolanos merecen una agenda política mucho más atractiva; una agenda que marque el futuro del país en el mediano y largo plazo. También, son dignos de que salgan a la escena actores políticos bien formados y capaces de considerar las evidencias científicas, para evaluar y cambiar la realidad económica y social del presente.

Hay necesidad de una agenda parlamentaria que establezca que, sin depender del petróleo y a través del conocimiento, es posible contribuir al crecimiento del PIB con miles de millones de dólares. Hay ejemplos de países que han aumentado su PIB cerca de 145.000 millones de dólares; y con ciencias como la física, química, matemática y ciencias de la tierra han aumentado exponencialmente su productividad. Se trata de países que a través de la ciencia han intensificado sus exportaciones con un valor aproximado de 74.000 millones de dólares al año. Hablamos de países donde 50% del conocimiento científico y tecnológico generado en las industrias de gas y petróleo se corresponde a “valor añadido”. Son países que han sido capaces de avizorar la biotecnología como una de las industrias creadoras de nuevos puestos de trabajo, y donde la colaboración universidad-empresa ha empleado a casi 4 millones de personas.

Es tiempo de escuchar ofertas políticas que nos digan otras cosas; que planteen repensar y transformar el papel del sector público y que renuncien a los mitos del Estado de solamente administrar, corregir y regular. Y es que hemos legitimado a lo largo de la democracia un Estado que se ha “entrometido” en todo; un Estado que no arriesga y que no apuesta por la inversión para la innovación. Somos parte de un Estado que se ha negado a avanzar en la formación de la transformación económica con otros códigos.

El país quiere ver a actores políticos que como en otras latitudes andan ahora buscando y regulando el apoyo electoral; planteando una agenda en la que la ciencia es el fundamento de la economía moderna, capaz de contrarrestar los rendimientos decrecientes y la dependencia de la exportación de materia prima. Son actores políticos que tienen una enorme presión de los problemas presentes en la comunidad científica y académica y estos problemas son percibidos por la mayoría de la sociedad. En consecuencia, los actores políticos están obligados a plantear otros temas centrales en su agenda, como por ejemplo: la adecuación y actualización de las universidades a la economía y aumentar de manera efectiva las inversiones en ciencia y en investigación y desarrollo.

Venezuela necesita una agenda parlamentaria, sí, para “remendar” el presente, pero también para darnos un poquito de futuro.