• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

Al instante

La ocurrencia es buena, pero no es seria

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Sobre el reciente anuncio del presidente Maduro de crear la Comisión de Alto Nivel Científica y Tecnológica para sustituir las importaciones del país, debo decir que: la ocurrencia es buena pero no es seria, la idea es desordenada, el enfoque es utópico y los principales interlocutores no están capacitados.

Digo que se trata de una “ocurrencia” porque tal propuesta surge en el contexto de una profunda crisis económica y social y en donde muchos asuntos delicados de interés nacional han sido abordados claramente de forma improvisada. La creación de la comisión no surge como una propuesta producto de un diagnóstico del estado actual de la ciencia y su articulación con la economía. Tampoco es una propuesta “institucionalizada”. Además, no se observa enmarcada de manera clara en un proyecto de desarrollo nacional. A decir verdad, la propuesta no es seria.

La ciencia, la tecnología y la innovación son pilares de la estabilidad democrática y del bienestar socioeconómico de cualquier país del mundo. Por eso, la ocurrencia de la creación de una comisión adscrita a la Presidencia de la República es buena. Y es así, porque una comisión de esta naturaleza es hoy en día un instrumento esencial para asesorar a los decisores políticos. Tal es el ejemplo en América Latina de países como México, Chile y Costa Rica, entre otros.

Pero, sobre todo, es una instancia que limitaría el control absoluto de la política gubernamental en manos de ministros y viceministros. En Venezuela, la política científica, tecnológica y de innovación pareciera como “secuestrada” por el poder político de turno. Las decisiones políticas no son tomadas en conjunto con todos los actores y sectores de la sociedad. Al contrario, ellas son tomadas por un pequeño grupo de poder, que sin preparación y experticia suficiente asumió el control de estas decisiones. Ya vemos los resultados.

La idea es “desordenada” porque el gobierno se coloca en una actitud defensiva, coloca el tema con alto sesgo político y no reconoce las causas reales de los problemas que los mismos decisores políticos han originado. Hoy, Venezuela, padece de un alto nivel de dependencia científica y tecnológica nunca visto en la etapa democrática del país. Así es apreciado lector y ello ha ocurrido en un período en el que paradójicamente se ha invertido como nunca antes en este campo.

También es negativo promover esta comisión sin antes rectificar sobre la permanencia de concepciones del pasado, las cuales han sido altamente imprudentes. Así se ha venido deteriorando la producción de conocimiento en las universidades y centros de investigación del país, y también ha aumentado la indiferencia del sector empresarial público y privado para utilizar el poco conocimiento que allí se produce. La oferta y demanda de conocimiento es un problema estructural de la economía venezolana y no reconocerlo sería un fracaso para cualquier pretensión relacionada con el desarrollo económico nacional.

El enfoque es “utópico” y no está alineado mínimamente a los desafíos de los países de América Latina, que como Venezuela desean disminuir la dependencia tecnológica y la simple producción y exportación de materia prima, y colocar a la innovación como motor del desarrollo productivo nacional. Ni el país más desarrollado científica y tecnológicamente de la región, ni los que le siguen se han planteado en este siglo, en el nivel de las estrategias políticas, sustituir las importaciones, mucho menos profundizar ese proceso. El presente obliga a contextualizar las intenciones y los errores del pasado. Quiero pensar que el presidente de la República tomó estas palabras con la intención de decir que el país debe importar menos. Pero eso es otra cosa. Lo que temo es que el “heroísmo” y la “arrogancia” de los actuales políticos no les permitan ver que de lo que se trata es de lo segundo y no de lo primero, y en consecuencia quieran insistir en crear una comisión con la pretensión de “profundizar la sustitución de importaciones”.

La Comisión de Ciencia y Tecnología que funciona en países como Chile y México se ha propuesto objetivos más realistas, que van desde modernizar la institucionalidad vigente de la ciencia, la tecnología y la innovación, convertir la investigación científica en un pilar del progreso local e insertarla en el ámbito internacional hasta darle un mayor impulso a la ciencia básica y aplicada y también promover la cultura científica y de innovación. No menos importante ha sido el objetivo de proponer los principales componentes de una nueva institucionalidad para enfrentar el cambio y el desarrollo tecnológico. En el caso de Costa Rica esta comisión ha tenido como objetivo estratégico orientar la competitividad de las pymes.

Ahora bien, ninguno de esos objetivos se han desarrollado, ni se han discutido abiertamente en Venezuela. Pero, además, el enfoque propuesto por el presidente de la República presenta otro problema, y es creer que todavía Pdvsa, CVG y Cantv poseen un patrimonio de conocimiento acumulado “que se pierde de vista”. Es verdad que eso es difícil saberlo con exactitud, cuando no se tiene un estudio de diagnóstico serio y detallado sobre las actuales capacidades científicas y tecnológicas de esas empresas. Eso se hacía y ya no se hace. Sin embargo, no pueden ocultarse los niveles dramáticos de obsolescencia tecnológica y la casi carente capacidad por parte de estas empresas para transferir, adaptar y difundir los conocimientos y las tecnologías, mucho menos se observa capacidad para hacer investigación de excelencia. Todo ello se puede verificar en los resultados que han arrojado los proyectos financiados por la Comisión Mixta de Alto Nivel China-Venezuela. Allí, no puede ocultarse que la dependencia tecnológica con China ha aumentado y no parece tener límites. Y este tipo de dependencia es comparable con la que el país ya tenía antes de 1999.

Los “interlocutores no están capacitados” para orientar y hacer que impacte el trabajo de la comisión. El actual vicepresidente de Planificación y Conocimiento y el ministro de Economía, Finanzas y Banca Pública, al igual que parte de sus equipos, no cuentan con la experiencia internacional y tampoco con el tipo de conocimiento que se requiere para abordar la complejidad del tema científico y tecnológico dentro de una política económica de largo plazo. Sobre todo, no cuentan con los conocimientos para abordar este problema sumado a la obsolescencia tecnológica y dependencia casi absoluta de importaciones que presenta el país. No se trata de no querer reconocer las aptitudes de estos servidores públicos, las cuales pueden ser útiles para otras cosas, pero para enfrentar estos problemas, ellos no son los interlocutores adecuados. Lo mismo ocurre con el talento humano que aún permanece en las empresas del Estado. Allí, en la actualidad, hay muy poca capacidad humana para darle definición y cuerpo a nuevas estrategias tecnológicas en esas empresas. Los trabajadores de un tiempo para acá se han desactualizado hasta el punto de que son muy pocos los ingenieros que tienen conocimientos sobre los factores estratégicos para la transferencia tecnológica internacional y no cuentan con una formación de calidad en la gestión de innovación. No solo eso, tampoco este recurso humano desarrolla de forma masiva investigación científica. Y esto no es una suposición y mucho menos es una sospecha. Esto es verdad.

Adicionalmente y si tomáramos como referencia a la actual comunidad científica nacional, no todos están calificados para ellos y los que están, o no participan por lo general en este tipo de propuestas o simplemente no se encuentran en el país. Una comisión de este tipo debe ser plural y exigente;  incorporar a todos los actores de la sociedad, debe poseer vasta experticia del tema tecnológico. Sobre todo, debe poseer una alta disposición de contextualizar la política científica y tecnológica nacional en el lugar correcto. Asunto este que no es nada sencillo.

Estos intentos de constituir una comisión lo suficientemente capaz los han hecho países como Chile. La Comisión Asesora de Ciencia y Tecnología de la presidente Michelle Bachelet está integrada por 35 representantes de los ámbitos de la ciencia y servicio público. Allí 25 son académicos y científicos reconocidos dentro y fuera del país. También cabe destacar que alrededor de 10 mujeres forman parte de dicha comisión.

Si en verdad se desea pensar el desarrollo del país a la mano del conocimiento, deben ser otros los interlocutores para que así las ocurrencias, las ideas y los enfoques sean también otros.