• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

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Los mitos del norte y del sur

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El pensamiento y desarrollo de la política actual sobre ciencia, tecnología e innovación tanto del norte como del sur, lamentablemente continúan muy relacionados con los mitos. Algo, que, por cierto, perjudica considerablemente la capacidad de creatividad y de descubrimiento de los países para avanzar hacia una etapa superior de "desarrollo" a la ya existente.

En este contexto, encontramos que los mitos tienen diferentes funciones: explicativa, pragmática y de significado. La primera, justifica la razón de ser de algún aspecto de la vida social que ejerce una fuerza preponderante para explicar por qué una sociedad se desarrolla de una forma y no de otra. La segunda, indica que los mitos son la base de ciertas estructuras sociales capaces hasta  de determinar quienes pueden o no gobernar. Y la tercera, que sirve para dar cuenta que los mitos no son sólo historias que explican cosas o justifican políticas, también ellos pueden consolar.

Los mitos son un asidero existencial.

Las agendas políticas sobre reducción de la pobreza, desarrollo sustentable y crecimiento económico y más particularmente la agenda de la ciencia internacional para el mundo menos desarrollado, pareciera que se establecen bajo esta combinación de funciones del mito.

Me refiero a los documentos recientemente elaborados por un grupo de científicos asesores de las Naciones Unidas, quienes con contundencia concluyeron, que es necesario cerrar la brecha de desarrollo entre países, pero antes se debe cerrar la brecha científica y tecnológica en ellos existente. Según este grupo asesor para poder alcanzar esta meta, es necesario que los países en desarrollo aumenten la inversión en I+D, y si es posible, hasta 3,5% de su PIB.

Eso es más que imposible y eso lo sabe la ONU.

No cabe duda que la inversión en educación de excelencia y en investigación básica son un punto de referencia para explicar, no solamente el actual crecimiento económico y social alcanzado por muchos países (Israel, Corea del Sur, Japón, Finlandia, Taiwán, China, Dinamarca, Suecia, Alemania, Austria, EE.UU, Brasil), también son un punto de partida para analizar cómo muchos de ellos han podido superar periodos de crisis y han incluso avanzado hacia una nueva etapa de crecimiento económico (Alemania, Estados Unidos, Japón. Corea del Sur, Brasil).

También, es posible verificar como el desbordamiento de la crisis económica ha sido causa de la reducción en la inversión en investigación y desarrollo (España, Grecia, Italia, Japón, Estados Unidos).

Pero, también, es cierto, que mayor inversión en investigación y desarrollo no es condición para reducir ni la brecha científica tecnológica ni la brecha de desarrollo entre países. Los países en desarrollo presentan debilidades de tipo estructural. En primer lugar, no poseen un sistema de producción de conocimiento localizado capaz de ser utilizado e incorporado rápidamente a nuevos patrones de crecimiento. Es decir, estos países no tienen capacidades tecnológicas y de innovación acumuladas suficientes que permitan un salto de la curva de descenso de madurez y obsolescencia tecnológica a otra de ascendencia basada en un nuevo paradigma tecnológico.

En segundo lugar, estos países continúan en su mayoría, desarrollando un patrón de intercambio tecnológico internacional caracterizado por la oferta para producir conocimiento y la demanda para recibir conocimiento. Esto sumado a las razones expuestas anteriormente no permite aprovechar las oportunidades que brinda la colaboración científica y la transferencia tecnológica. Muy por el contrario, lo que están arrojando es una radicalización de la dependencia tecnológica de estos países con el mundo desarrollado. Y ya eso está ocurriendo.

Se equivoca el norte.

Pero en el sur, especialmente en América Latina, apenas es cuando se comienza a concientizar sobre el valor de la ciencia, la tecnología y la innovación como fundamentos de un nuevo paradigma económico.

Allí acuden a los mitos y sin plan de largo plazo ni estrategias para aprovechar los resultados de investigación y articularlos con la demanda de los actores económicos, piensan que una mayor inversión en investigación científica tarde o temprano los llevará a un destino mejor que el actual.

No se plantean el desarrollo de nuevos patrones de crecimiento con el uso de determinadas tecnologías. A ello se le suma que muchos países no poseen una institucionalidad, ni políticas, ni políticos suficientemente capaces de darle un direccionamiento adecuado al sistema de producción de conocimiento que se requiere en el escenario de un nuevo paradigma tecnológico y del mercado.

En estos países todavía se debaten entre crear un ministerio de ciencia o dejar la institucionalidad que tienen. De la misma forma, crean nuevas universidades y aumentan la matricula universitaria sin mejorar la calidad académica y de investigación. Hay universidades inservibles.

En fin, estos países están ocupados quién es mejor con socialismo o capitalismo. No se han percatado que la ecuación es otra.