• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

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Rafael Palacios

Las medidas que no serán anunciadas

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Hay que decirlo, el gobierno parece haber olvidado, ¿qué es la economía?. Se olvidó que un país se sostiene si produce, intercambia, distribuye y consume bienes y servicios. Y se olvidó que la sociedad existe, sólo si en ella se crea la base material para su existencia.

No es sólo ideología.

Venezuela, viene, desde hace algunos años, acelerando la enfermedad de la economía; acumulando errores tras errores y dilatando las decisiones para enmendar los mismos. Según el gobierno, antes como ahora, el responsable de la enfermedad es la burguesía y la oposición venezolana.

En la transición al socialismo y con lo que el gobierno ha llamado el “empoderamiento del poder popular”, curiosamente se ha radicalizado la dependencia de la sociedad venezolana con el Estado y se ha destruido de manera alarmante la clase media.

Hoy, encontramos un país más rentista y más dependiente del petróleo que antes; con un Estado más burocrático y más ineficiente; y como si fuera poco, con muy poca capacidad productiva en todos los sectores de la economía.

Hay demasiados indicios que hacen ver que el Presidente Maduro con su táctica política de la “guerra económica” – que, sin duda, le sirvió de margen de maniobra -, ha empeorado la enfermedad y ha radicalizado la crisis de desabastecimiento y escasez de productos.

Queda ahora corregir cuanto antes e irremediablemente los errores acumulados. No obstante, esto no ocurrirá, si antes, el Presidente, no reconoce que la guerra económica, como táctica política, tiene fecha de termino, y no hacerlo impedirá tomar las medidas que aunque difíciles, son necesarias. Y lo son, no precisamente por que es la opción que daría una agenda económica neoliberal, sino, más, bien, porque son el resultado de la falta de capacidad y el poco interés gubernamental para haber cambiado desde 1999 hasta la fecha, el único patrón de crecimiento económico que ha imperado en el país, el petróleo.

No reconocer el fracaso de la guerra económica dilatará tomar medidas para atacar la enfermedad. Ya algunos economistas lo han anunciado, se hace impostergable el aumento de la gasolina, la unificación cambiaria, la flexibilización del control de precios, la recuperación de las empresas públicas y la paralización de la impresión de dinero inorgánico.

Pero, todo ello, no es suficiente para abordar el problema estructural. El país tiene como antes, un alto grado de subdesarrollo y una enorme dependencia económica internacional.

Por lo tanto, se requiere replantear y hasta reinventar un nuevo proceso de industrialización; con nuevos patrones de crecimiento y desarrollando políticas que incorporen nuevas trayectorias tecnológicas.

El poder gubernamental tendría que partir de la aceptación de dos cosas:

Primero, que estamos en presencia de un nuevo paradigma energético, el cual no hará más sostenible la economía venezolana sólo por el aumento de la producción y la exportación de petróleo. Como lo indican ya expertos en el campo de la energía, no habrá, por algunos años, un precio del barril en 100 dólares.

Y segundo, que son la investigación científica y el desarrollo tecnológico los factores que directamente inciden en la recuperación real de la producción y en la creación de nuevos patrones de crecimiento. Ya no es cierto, que la economía mundial, sea de derecha o de izquierda, camina bajo la relación capital-trabajo, hoy, se suma a ella el conocimiento.

Por tales razones, es necesario un reacoplamiento del Estado y de sus instituciones para pensar la industrialización, articulando el sistema de producción de conocimiento nacional.

No renunciar a la “guerra económica” evitaría tomar medidas como las siguientes: a) transformar la economía nacional y fortalecer la producción generando capacidades científicas y tecnológicas “específicas”, b) redefinir el rol y los alcances del Estado en el desarrollo científico y tecnológico, c) reorientar el sistema de producción de conocimiento actual y articularlo con el sector empresarial público y privado, d) reorientar los problemas de “demanda estructural del conocimiento”, e) reformar la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI) y ponerla en sintonía con la  industrialización f) elaborar de forma separada un Plan Nacional de Ciencia y Tecnología y otro de Innovación, g) diseñar políticas para el aprovechamiento de los conocimientos adquiridos por profesionales y científicos venezolanos en el exterior, h) reorientar la política de inclusión del conocimiento y evitar que ella, contrariamente fomente la exclusión del mismo, i) atender el deterioro de los centros de investigación nacionales recuperando y fortaleciendo sus capacidades científicas, j) diseñar un plan nacional de formación para la  capacitación técnica, científica y tecnológica, k) evitar transformar las universidades en instituciones de corto plazo y en su lugar fortalecer su infraestructura y capacidades para articularlas con el plan económico nacional, l) fortalecer e incrementar la investigación básica como opción estratégica de largo plazo y unirla con el desarrollo de nuevas trayectorias científicas y tecnológicas, ll) evitar las políticas convencionales de transferencia y disminuir la dependencia y brecha tecnológica que ellas ocasionan, m) replantear la política exterior y la operatividad de la diplomacia para flexibilizar y garantizar la cooperación internacional científica y tecnológica.

Y finalmente, se necesita de una gran alianza nacional, incorporando a todos los sectores productivos del país, porque sólo así sería posible reconocer el estado y los antídotos que se requieren para superar esta enfermedad, ésta que nos ha dejado, lo aceptemos o no, el socialismo.