• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

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Rafael Palacios

“No me invadas por favor”

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Imperio: te confieso de país a país que no deseaba develar este sueño, pero ya te es sabido que aunque pequeño me sobra dignidad. Soñé que me invadías con marines. Fue toda una aventura. Me acompañaban los de uniformes verde oliva; estaban juntos con quienes te traen no precisamente gratos recuerdos por aquello de la Guerra Fría. Miles y miles de venezolanos me llevaban en sus hombros, gritándote e insultándote.

Como bien sabes, todo sueño culmina al despertar. La realidad me hizo caer en cuenta y observo que el mundo es otro; que nuestro continente no te causa las ansias  y los deseos de antes. También sé que entre nosotros hay como una relación de amor y odio. Nunca he  podido prescindir de ti, nos une una necesidad que está en el subsuelo, necesidad que ambos quisiéramos hacerla menor y aún no podemos.

No tan gratos recuerdos vienen a mí. No olvido al general de división del Cuerpo de Infantería de la Marina de tu país, Smertley Butler, quien una vez confesó haber sido por mucho tiempo pistolero del capitalismo, y no precisamente por tomar las armas. Más bien, optó por ser cómplice en facilitar grandes negocios que tú harías luego en México, Haití, Cuba, Nicaragua y República Dominicana. Y recordé que desde 1798 a 1954 hicieras no menos de 170 invasiones en todo el mundo, 82 de ellas en tierras de nuestro común continente. Es verdad, no todas fueron con marines y armas en la mano. Las hiciste al estilo del general Butler.

Te confieso: de este general heredamos su picardía.

Reconozco que ya no me es tan efectivo culparte de lo que me pasa. Poco a poco me estoy quedando sin argumentos. Ahora mismo soy víctima de las contradicciones de mi propio pueblo. No escuchan mis reclamos; les he pedido que me liberen de basta ignorancia; les he dicho que me siento enferma.

Quienes me habitan piensan que me transmiten fuerza cuando hablan bien de mí; cuando me transportan del presente al futuro diciendo lo que les he oído desde que nací: que tengo todo para ser grande.

Fíjate: todavía sigo en la pubertad.

Me siento en una sociedad de cómplices. Tú acabas de decretar que te soy una amenaza extraordinaria para tu seguridad, lo hiciste apoyándote en tu Ley de Emergencia Nacional y te atreviste a sancionar a funcionarios venezolanos por actos que calificas de inmorales. Con ello, nos has distraído y desataste otra locura; nos has confundido desde gobierno y oposición hasta periodistas y religiosos. Todos son ambiguos.

Has provocado que se evoque de nuevo el nacionalismo en defensa de mi nombre, sin que yo encuentre la razón objetiva.

Me llevaste a demostrarte mi poderío militar, el coraje de mis soldados y también los errores que ellos son capaces de cometer. Verificaste la gallardía de los civiles.

Espero haber justificado en qué y para qué invertí buena parte del dinero que he recibido durante todo este tiempo de bonanza petrolera.

A quienes me defienden, me gustaría darles las gracias por tan digno gesto, pero no puedo. Mi moral y mi ánimo no están en su mejor momento; me siento como descosida, como partida en partes. 

En estas circunstancias, ¿cómo desafiarte?

Yo debiera mostrarte una “migajita” de futuro en lugar de revivir los pensamientos de la época de Cipriano Castro; buscando a un Manuel Antonio Matos o queriendo invocar la “Diplomacia de las Cañoneras” hasta finalmente alzar una proclama semejante a aquellos tiempos: “La patria insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria”.

No me preocupé por incluir en mi historia antiimperialista las verdaderas armas que tú –adicionalmente a la fuerza militar con tu cara de policía y guardián del mundo– sí creaste con rapidez y esmero. Tienen mucha ciencia y mucha tecnología.

Invertiste mucho dinero público y ello te ha gratificado con 257 premios Nobel. Apostaste por tus físicos y matemáticos para abonar en los descubrimientos como el transistor, el láser, los circuitos integrados y semiconductores y la transmisión de la luz a través de la fibra óptica. Gracias a eso, que tú iniciaste, puedo yo ahora disfrutar de la revolución de la información. 

Eres capaz de tener 26 universidades entre las 50 mejores del mundo; formar a 36.000 doctores por año en ciencia e ingeniería; y darle a la National Science Foundation 7,3 mil millones de dólares para investigar. Por cada 100 millones de dólares puedes generar 25 patentes y adicionar más de 500 millones de dólares y reinvertirlos en investigación, yo en cambio, por ser fiel a mi ideología, las he prohibido. Eres líder mundial en publicaciones, mientras que a mí me llevan en picada y ahora Colombia y Ecuador me superan. Ya no estoy entre los primeros 5 países que más publican en Suramérica.

Has llegado muy lejos, has sido osado y le declaraste la guerra a la OPEP. Esperaste cerca de 30 años para descubrir el fracking; y lo iniciaste como si fuese una misión secreta, aprovechando inicialmente las ideas de George Mitchell (perforador independiente) de Barnett Shale.

Me has hecho una mala jugada. Mientras yo veo mis ingresos decaer y no logro producir más de 3 millones de barriles, tú, en cambio, estarías recibiendo en este 2015 cerca de 118.000 millones de dólares. Ahora te posicionas como uno de los mayores productores de gas y petróleo del mundo, capaz de producir cerca de 12 millones de barriles diarios. Supe que convenciste a los chinos; enviaste a ese país a la Chevron, la Conoco Phillips, la Exxon Mobil y la Halliburton para sacar esquisto. Allí te espera un gran negocio, ellos tienen 1,7 veces más esquisto que tú.

Imperio: te me hiciste inalcanzable.

Debo admitir que tú has transitado por diferentes revoluciones: agrícola, industrial, militar, microelectrónica y nanotecnología. Yo por mi parte parí la revolución bolivariana y dependo del petróleo como nunca antes.

Quise hacer realidad la siembra del petróleo y no pude. Fíjate: no he podido  hacerlo ni con revolución del conocimiento, ni con 3% del PIB en ciencia y tecnología. Tampoco con los casi 3 millones de estudiantes que ahora pueden acceder a la educación superior, ni con los más de 7.000 proyectos de investigación y los 16.000 investigadores científicos registrados en mi territorio.

¿Cómo creer que todo eso es verdad?

Hace poco, comenzando este 2015, viendo cómo los precios del petróleo marcaban mi destino, quien me gobierna intentó inyectarme una dosis de esperanza. Me dijo que esta sería la oportunidad para que yo fuera definitivamente productiva y menos dependiente del petróleo. Lo hizo invocando a Einstein y te confieso, casi me convenció.

Quise creerle hasta que dijo: “Dios proveerá”. En realidad no me engañó, hasta ahora no existe un plan nacional de industrialización que señale nuevos caminos diferentes al petróleo., claro, hasta que Dios provee.

Imperio: tengo la economía “patas arriba”. No duermo bien; me crea insomnio la baja productividad, el desabastecimiento, la escasez y la inflación. La lista es larga.

Debo decirte que me deja algo tranquila saber que, con todo y tu investidura de imperio y en medio de tu amenaza que hicieras por decreto, tienes ocupaciones más importantes que la de quitarles tiempo a tus marines a que desembarquen en mis costas. Tus ojos están por otros lados. Ucrania, el Medio Oriente, Rusia, China y Cuba, todos ellos te tienen bastante ocupado.  Pero también sé que me miras tímidamente.

¿No será que tienes otras cartas? Ya veremos...