• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

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Rafael Palacios

Good bye, el tsunami llegó

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Todo comenzó en Fukushima y no después. Según algunos expertos las causas estructurales de la disminución de los precios del petróleo, no se corresponden solamente con la desaceleración del crecimiento de China o las pugnas político-religiosas en el Medio Oriente. No, hay otra razón.

El tsunami de Japón en 2011 no sólo ha sido el mayor accidente nuclear desde Chernobil, también fue lo que originó un cambio en la política energética mundial.

Se produce en consecuencia un giro exponencial en los planes de energía nuclear para ser sustituida por la energía renovable. Muchos países cerraron sus reactores y cancelaron sus planes de generar por esta vía electricidad en el corto, mediano y largo plazo. Así las cosas, se dispara la demanda de precios del carbón y petróleo, pero sobre todo la del gas natural.

Una característica permanente del mercado energético mundial, ha sido que toda decisión política genera una respuesta científica.

La iniciativa de muchos países por extraer los combustible fósiles de la tierra nunca tuvo descanso, mucho menos en un escenario con precios altos. En Estados Unidos eran conocidas las grandes reservas de gas natural localizadas en las formaciones de esquisto, lo cual mantuvo el interés del mundo político y científico de buscar las formas para extraerlo.

Hoy, el fracking – en medio de innumerables críticas – ha podido trasformar la capacidad de producción de ese país y reducir el precio del gas natural.

Según la Agencia Internacional de Energía, con este descubrimiento y luego la extracción de gas y petróleo en los depósitos de esquisto en el Barnett en Texas, Haynesville en Louisiana y este de Texas y Marcellus en el noreste, ponen en la escena energética mundial a los Estados Unidos como productor de gas y mayor productor de petróleo del mundo.

Los expertos menos conservadores estiman que para 2016 la producción de petróleo de este país podría llegar a 12 millones de barriles diarios. Además, ha asegurado el suministro de gas doméstico para los próximos 100 años y ha estimado la contribución de este producto en su economía para 2015 en aproximadamente 118.000 millones de dólares.

Detrás del fracking, hay una historia sobre cómo el sistema científico de Estados Unidos actuó para obtener el descubrimiento. Fue una iniciativa emprendida por varios frentes; con iniciativas de la ExxonMobil y emprendimientos individuales.

ExxonMobil, desde la década de los setenta, había iniciado la contratación de ingenieros provenientes de las ciencias nucleares para emprender la investigación científica en plataformas de perforación con el fin de liberar y extraer el gas, luego George Mitchell (perforador independiente) de Barnett Shale, después de 20 años de ensayo y error, es quien logra desarrollar una fórmula para la fractura hidráulica con agua y arena combinada con la perforación.

Las empresas que fueron incluyéndose posteriormente en el desarrollo del fracking como Devon Energy, XTO Energy y ExxonMobil lograron a través de la investigación, combinar las técnicas anteriores de fractura hidráulica hasta aumentar la producción a mayores niveles.

Pero no todo queda allí, el sistema de producción de conocimiento que ha respaldado a la nueva tecnología, cuenta con la participación de la Agencia Central de Inteligencia y el Instituto Tecnológico de Massachusetts de los Estados Unidos. Allí, se viene evaluando el uso del fracking y promoviendo nuevas agendas de investigación para disminuir los riesgos de impacto ambiental.

El tsunami de Japón y el fracking han acelerado la carrera para explorar y encontrar gas y petróleo; se están generando enormes inversiones, que antes eran impensables.

Las 20 principales economías del mundo invierten enormes cantidades de dinero para financiar estas actividades. Los gobiernos subsidian miles de millones de dólares a sus empresas para tal fin: Reino Unido (1.200), Australia (3.500), Rusia (2.400), Noruega (229), China (9.000), Brasil (11.000), India (5.000) y Arabia Saudita (17.000). No menos importante es la inversión de ExxonMobil junto con Rosneft para explorar el Ártico y el Mar Negro con un monto inicial de 185.000 millones de dólares.

A esto hay que agregarle el auge exportador de la tecnología fracking de Estados Unidos hacia China con el objetivo de sustituir la energía proveniente del carbón y en donde participan las empresas: Chevron, ConocoPhillips, ExxonMobil y Halliburton. Se estima que los recursos de gas de esquisto de China son los más grandes del mundo (1,7 veces más que la de Estados Unidos); y ya se ha estimado bombear más de 230.000 millones de pies cúbicos de gas natural anualmente.

El mercado energético actual muestra las caras de dos modelos que venían enfrentándose: la de países que apostaron a la revolución tecnológica y la de quienes optaron por una política de seguridad de suministro con bajo desarrollo científico.

Los primeros fueron los que lograron crear enormes capacidades articuladas con las universidades, como es el caso del instituto de investigación de ciencias de la tierra en la Universidad de Oxford financiado por la Schell. También son estos países los que cuentan con grandes capacidades humanas en ingeniería; con una población activa de 25 ingenieros por cada 1.000 trabajadores y donde la actividad de investigación sólo en este campo, oscila entre 10% y 30%.

El tsunami llegó a Venezuela. Y llegó en condiciones adversas para enfrentarlo; con una de sus peores crisis económicas y un drástico deterioro de sus capacidades científicas y tecnológicas en la industria del gas y petróleo.

Difícilmente este deterioro no se asemeje al promedio de los países productores de petróleo de América Latina que poseen una estructura tecnológica básica comparable con la década de los noventa, una dependencia tecnológica extranjera por encima de 80%, volúmenes de producción con desarrollo científico de 3-10 veces inferior al de hace 20 años y un desgaste de infraestructura tecnológica básica que supera 80-85%

Ante este escenario, y por mucho que se intente negar dicha realidad, está a la vista que los esfuerzos de la industria nacional no fueron suficientes y no alcanzaron para fortalecer y elevar su capacidad tecnológica. Ya antes de 1999 estas capacidades eran bajas en comparación con las que poseían empresas como Pemex, Petrobras, YPF y Enarsa.

La política antimonopólica y de transferencia de tecnología que adoptó el gobierno en la Faja Petrolífera del Orinoco, abriendo la participación de 21 países en más de 30 bloques para la exploración y extracción, no se diferencia de las anteriores. Hoy somos más dependientes que nunca de la tecnología y la inversión extranjera, y esto ocurre en medio de una caída drástica de los precios del petróleo.

Bendita renta petrolera, good bye!