• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

Al instante

Rafael Palacios

El espíritu de Schumpeter busca economista venezolano

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hace pocos días sucedió en el país un pronunciamiento que, a mi parecer, fue poco divulgado, por lo tanto, poco probable de ser valorado por los ciudadanos de a pie, víctimas de la crisis económica actual. Me refiero, a la propuesta hecha por los sesenta economistas venezolanos que llevaba como nombre: “La emergencia económica en Venezuela y la necesidad de una nueva política económica en 2015”.

No fue este pronunciamiento un acontecimiento que trastocara la agenda del día o siquiera inquietara a los actores políticos e intelectuales.

A decir verdad, no solo estos economistas, los cuales, no es un secreto, no comulgan con el gobierno, han sido los únicos que se han pronunciado en documentos públicos, también han habido unos pocos, adeptos al gobierno, que han manifestado su preocupación y han hecho igualmente otro tipo de propuestas para corregir la crisis actual de producción, escasez y desabastecimiento.

Ciertamente, es difícil pretender que el gobierno actual, después de haber desperdiciado la bonanza petrolera más larga que haya tenido el país y haber tenido la oportunidad –como gobierno alguno– de haber creado las bases para la tan deseada diversificación industrial, reconozca la ecuación capital-trabajo-conocimiento como epicentro del modelo económico que el país requiere. No, eso no es posible. Pero, que en momentos actuales se plantee una propuesta alternativa a la del gobierno que tampoco considere dicha ecuación, hace pensar que no existe claridad y mucho menos acuerdo entre los economistas.

Ya, esta falta de acuerdo, era más que notable en los documentos públicos que hicieran Fedecámaras y Conindustria el pasado 2014, donde proponían al país una especie de “hoja de ruta” a seguir para atender la crisis económica. En su momento, hice pública mis observaciones a esos documentos; dado que allí, una vez más, se desconocían las verdaderas causas de la crisis económica; y no se consideraba el progreso tecnológico en una proporción significativa comparable con la noción misma de economía de mercado dominada estrictamente por la oferta y la demanda. Tampoco, se desarrollaron allí propuestas concretas para la creación de nuevos mecanismos que permitieran fomentar la articulación entre universidades y centros de investigación con las empresas públicas y privadas; y mucho menos se realizaron observaciones orientadas a reformar la Ley de Ciencia Tecnología e Innovación con el fin de transformar, actualizar y hacer más eficiente este mecanismo legal, en el financiamiento para la creación y desarrollo de nuevas capacidades tecnológicas.

Menos comprensible aún, es que el documento elaborado por los sesenta economistas haya ignorado por completo el papel esencial de la ciencia y la tecnología en la productividad y sostenimiento de la economía; y que haya subestimado que la posibilidad de un mejor comportamiento de la productividad nacional depende del marco estratégico, programático y operativo con que se desarrolle la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación.

Y sorprende, mucho más, que en ese documento no exista una sola línea que mencione las palabras ciencia, tecnología e innovación.

Esto deja claro la gravedad del problema.

Que me disculpen los sesenta economistas, pero una interpretación del documento sería que, en lugar de ver el progreso tecnológico como reflejo del comportamiento actual de la economía, se está centrando la atención en las limitaciones del crecimiento económico generado por los controles de la economía estatal, asumiendo que liberándolos y flexibilizándolos se generaría un “alivio” a la productividad nacional, la escasez y el desabastecimiento. Pero, debo decir, la crisis, es más complicada que todo eso.

Esto me lleva a pensar que, en Venezuela, persiste también otra polarización, la “polarización económica”. Esta habita en el país y se expresa en el enfrentamiento entre las escuelas económicas: heterodoxa y neoclásica. La primera, que entiende la economía en términos de instituciones-historia y estructura social y la segunda, que la define en el espacio de la racionalidad-individualismo y equilibrio de los agentes económicos.

Los modelos económicos enfrentados, uno más que otro, no han caído en cuanta lo suficiente, que la economía venezolana es una economía “enferma”, fundamentalmente porque se le ha hecho un daño muy grande a la capacidad para investigar e innovar.

El sostenido aumento de las importaciones, la caída continua de la productividad, el nulo crecimiento del salario real, el inmenso déficit fiscal, el déficit persistente en cuenta corriente, los préstamos poniendo como garantía el petróleo, entre otros, son generados por la falta de un modelo económico que contrarreste la incapacidad del Estado y de los agentes económicos para enfrentar el cambio tecnológico y la innovación.

Como en la política, al parecer, en la economía, es necesario, que aparezca una tercera opción capaz de romper con la polarización económica. Y es que es impostergable el nacimiento de un modelo económico capaz de reducir la brecha de conocimiento existente y no debilitar más la soberanía nacional. Y por lo mismo, es necesario estudiar y discutir a profundidad el proceso schumpetereano de “destrucción creadora” y su aporte en la economía, para enfrentar y superar los problemas que habitan en el modelo social y económico de tipo rentista.

Es fundamental abordar el rezago tecnológico como elemento estructural de la problemática de producción e industrialización.

No es un secreto que este campo de la economía no ha sido explorado lo suficiente por los economistas venezolanos. Sin embargo, ello, no me hace dudar, en lo absoluto, de que estos sesenta economistas conozcan bien sobre los aportes de Shumpeter y de todos aquellos que revitalizaron su teoría como son los casos de Solow, Arrow y Romer, Aghion, Howit, Lichtenberg, Hall, Etzkowitz, Coe, Sutherland y mucho más reciente los aportes de Mazucatto.

Todos estos economistas han demostrado el fracaso de políticas correctivas convencionales; y en su lugar en mostrado argumentos sólidos, que explican el origen del progreso basado en el desarrollo endógeno y el uso del conocimiento científico y tecnológico para dar paso a la industrialización; utilizando de forma eficiente las instituciones, los incentivos, las regulaciones y el marco legal.

Finalmente, no deseo eludir el pronunciamiento hecho por los sesenta economistas para aprovechar en decir, que hemos retrocedido de forma alarmante en cultura política; que a estas alturas importa muchísimos menos lo que diga un gremio –correcto o no– sobre cómo salir de la crisis; pero si llama mucho la atención pública lo que diga el episcopado. También, pareciera, que importa muy poco a los académicos y científicos de la ciencia y la tecnología que hacen vida en las universidades, centros de investigación y gremios nacionales de la ciencia, lo que los economistas del país digan sobre cómo hacer frente a la crisis económica actual. Mala señal!

¿Será que habrá también que pensar sobre cómo despolarizar el pensamiento político sobre la ciencia?