• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

Al instante

¿Volverán?

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El 6-D en Venezuela fue en definitiva el principio del fin de muchas cosas, entre ellas destaca –y de esto se ha dicho poco– que el debate izquierda-derecha ha dejado de tener sentido teórico y hasta práctico en el discurso político. Quiere decir esto que la demanda de la sociedad venezolana se está orientando más hacia gobiernos que puedan ser eficientes y que puedan atender los problemas que le toca la carne y los huesos. El problema se ha reducido a la economía.

La nueva AN, ahora con mayoría de los factores de oposición, no la tiene nada fácil. Sobre todo, si se parte del hecho de que ciertamente el problema es el modelo ideológico-económico que se ha impuesto desde el pasado. Es decir, desde 1999 hasta el presente. La posibilidad de cambiar ese modelo desde la AN, resulta un camino muy empinado por no decir poco probable. No obstante, se pueden construir las bases para el futuro inmediato.

La AN enfrentará las expectativas de una sociedad que reclama normal acceso a la salud, a los medicamentos y a la compra de alimentos. Otra parte de la sociedad demanda urgentemente reformas legales para enfrentar los problemas macroeconómicos, los cuales impiden generar las condiciones básicas para obtener y comercializar los productos.

Ahora bien, estos cambios tampoco son visibles en ausencia de capacidades y conocimientos de las venezolanas y los venezolanos.

Para sanar esta economía y crear las bases de una nueva, no se hace suficiente el recurso humano que actualmente se encuentra en el país. No solo es un problema de cantidad, también es un problema de calidad que se traduce en escasez de trabajadores calificados. Y es que el sistema de producción actual de sectores como la agricultura y otros sectores tradicionales de producción, y asimismo los que se articulan con la industria energética y las industrias básicas de Guayana requieren, como nunca antes, de un conjunto de conocimientos especializados que no se tienen, y que tampoco están siendo creados ni transferidos en el país.

En estas condiciones no habrá crecimiento sostenido, no alcanzará el salario de los trabajadores y no se crearán nuevos puestos de trabajo.

De manera que se requiere del concurso y la colaboración del recurso humano venezolano que se encuentra en el exterior. Especialistas nacionales e internacionales sobre el tema coinciden en que aproximadamente más de un millón y medio de venezolanos calificados han abandonado el país en los últimos años. Y más dramático es el hecho de que una porción muy importante de ellos están vinculados al área de ingeniería y poseen estudios universitarios a nivel de posgrado.

Esta realidad no puede enfrentarse solo con la intención y el deseo político de que vuelvan al país, argumentando la llegada de una transición política que abrirá nuevas oportunidades, como parece ser el caso de la recién elegida AN.

Eso todavía no los atrae.

Podríamos decir a estas alturas que no ha sido tanto dañino la fuga del talento venezolano, como la incapacidad del gobierno para ofrecer qué hacer con ellos teniéndolos en el país. Y es por ello que a esta nueva AN –así no se lo demande expresamente la sociedad– está obligada, primero, a debatir junto a las evidencias científicas la dimensión del problema y de todas sus limitaciones para plantear una oferta política atractiva que aborde su solución. 

Esta nueva AN debe armar el rompecabezas para comprender los factores reales que inciden en la disminución del crecimiento de la productividad y también requerirá confrontar el pensamiento económico actual de heterodoxos y neoclásicos, quienes desde los propios partidos políticos y de manera incomprensible insisten en ser leales a la tradición del pensamiento económico del siglo pasado, el cual no es más capaz de generar crecimiento económico real sostenido y no puede hacer al país menos dependiente de la exportación de petróleo.

Muchos economistas continúan con la terquedad y no terminan de reconocer que el cambio tecnológico le explotó en la cara a la economía. Y mucho menos aceptan que la pobreza de hoy se debe mucho a eso.

No se puede seguir dilatando y limitando el debate de este problema, porque es solo a partir de su comprensión que nace la posibilidad de elaborar leyes eficientes y modernas; orientadas al uso del conocimiento del capital humano venezolano nacional e internacional y poder limitar la fuga de cerebro. Antes que una política, se amerita urgentemente de una ley que promueva la repatriación y que establezca garantías económicas para los venezolanos  en el exterior.

Y antes que todo eso pueda ocurrir, es imprescindible que se fomente un “pacto nacional” para desarrollar la ciencia y la investigación, que son los pilares del futuro económico del país. Es tarde sí, pero ya es hora de que se justifique la existencia y se mida la contribución en el PIB nacional de las universidades, los centros de investigación y el sector privado. Sin venezolanos calificados eso será sencillamente imposible.