• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

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Más de 12% del PIB nacional podría venir de la ciencia

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Los informes que provienen de los organismos internacionales especializados, coinciden en el impacto que podría tener la ciencia en la economía en los países en vía de desarrollo. Con la ciencia se enfrentarían las actuales crisis económicas y se les haría un inmenso favor a estos países para sustituir el “falso crecimiento” por el crecimiento sostenido.

Venezuela es un país atrapado por una economía rentista, dependiente casi en su totalidad de los ingresos petroleros y con una ínfima diversificación industrial. Es un país sumergido en una crisis económica –casi sin precedentes– caracterizada por la masiva importación de productos de consumo y de materia prima para la fabricación con pocos dólares. Los bajos precios del petróleo reducen el margen de maniobra del gobierno para la inversión social y también atentan contra proyectos de inversión económica con vista al futuro, como lo es la faja petrolífera del Orinoco.

Además, la economía está amenazada por la tendencia a la baja de la demanda de combustible fósil, con el adicional de que la industria petrolera nacional debe adaptarse rápidamente a las nuevas regulaciones ambientales, las cuales han sido determinadas en la reciente Cumbre de Cambio Climático en París. Y esto no es un tema menor, cuando se trata de la única industria nacional que alimenta la economía y que además no atraviesa por sus mejores momentos, debido al actual desgaste de su infraestructura tecnológica básica en comparación con el volumen de producción actual.

No obstante, no es por esto que el país debe ahora tomar cuanto antes la decisión de generar las bases para crear nuevos patrones de crecimiento. El país debió desde hace tiempo facilitar localmente los stocks y flujos del conocimiento y debió consolidar políticas económicas que permitiera el desarrollo de nuevos sectores industriales. Se debió reconocer la ciencia y la innovación como motor fundamental de la productividad capaz de ofrecer resultados económicos, sociales y ambientales altamente significativos. No, pero así no fue.

Salvar la economía en países con estas características no se hace con acciones de inmediatez para aumentar la producción nacional. Tampoco será suficiente avanzar un poco más articulando la política científica del gobierno con el sector privado. Y menos alcanza pensando a la ciencia como un complemento de la política económica.

El país requiere reconocer a la ciencia como imperativo nacional como motor del crecimiento económico sostenido.

Todavía no están las condiciones, pero el país podría desde ya ir sembrando las bases para que la ciencia (toda) contribuya en más de 45.000 millones de dólares a la economía todos los años, y que contribuya directa e indirectamente entre 5% a 13% del PIB. La ciencia podría emplear a más de 300.000 personas y una parte importante de estos empleos podrían crearse en el sector de energías renovables; en donde actualmente algunos países están creando la mayor fuente de empleo actual (Estados Unidos, China y Alemania). Con la ciencia se flexibilizaría el flujo de conocimiento en nuevos sectores industriales, lo cual permitiría descargar la nómina de empleados de la industria petrolera nacional y de empleados públicos para trasladarlos a estos nuevos sectores.

Ciencias como la física, la química, la matemática y la biología han sido subestimadas en su contribución al futuro de la economía. Estas ciencias son fundamentales, porque a partir de ellas se elaboran nuevos productos que ahorran gastos y porque ellas también inciden en la productividad y la inclusión social. En países como Australia estas ciencias proporcionan a la economía un valor aproximado de 74.000 millones de dólares al año y representan 28% de las exportaciones de bienes de Australia. Se  trata de ciencias que están empleando cientos de miles de personas en el mundo y que están generando un impacto importante en la disminución del déficit comercial. Un ejemplo de ello lo es la disminución del déficit en salud en áreas como infraestructura y fármacos. 

En cuanto a la producción de petróleo y de gas en el país, no precisamente ella se caracteriza por el aporte del valor bruto añadido a la industria a través de los conocimientos científicos. Paradójicamente, países que no son potencias productoras de petróleo logran obtener este aporte en más de 50%. En la situación actual y la tendencia del mercado petrolero muy pocas posibilidades tendrá la industria nacional de sostener los márgenes de producción; en un país que no llega a 0,8% en actividades de investigación en el área de ingeniería del promedio actual de 1,5% que posee América Latina y de 10% a 30% que promedian los países desarrollados. Por lo tanto, no es casualidad que la industria petrolera nacional implemente un volumen de compra de tecnología actual que podría estar en más de 90% y aporte poco desarrollo científico a la producción de petróleo (cerca de 3 a 10 veces menos que hace 20 años). Cambiar esto podría darle al país en el futuro, que más de 30% de la fuerza laboral en investigación nacional se empleara en la industria petrolera y sectores conexos.

Pero el escenario luce desafiante. Si bien es cierto que en la actualidad la ausencia de profesionales calificados (más de 1,6 millones) que se encuentra en el exterior afecta a la economía, también lo es el hecho de que existe un importante porcentaje de jóvenes mayores de 15 años que no son digitalmente competentes, y tienen deficiencias para resolver problemas. Se calcula que 75% de los empleos futuros en el mundo requerirán de conocimientos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y 90% requerirá de alfabetización digital.

Ya existen muchos datos y suficientes hechos que sirven para escoger entre más pasado o algo de futuro.

Los economistas tienen la palabra...