• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

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Mensaje para la "izquierda": Inclusión no es multitud

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Es bueno preguntarse en qué medida la educación, la ciencia y la tecnología están vinculadas con el desarrollo económico y social actual y futuro de muchos países en el mundo.

Un simple ejemplo: En China el "Gaokao" es el gran examen de ingreso a la educación superior y cuando éste tiene lugar, son bloqueadas las calles alrededor de los edificios donde se realiza. También, se prohíben obras de construcción de noche para evitar el ruido y la interrupción del sueño de los jóvenes que asistirán a la prueba. Los medios de comunicación se dedican a informar sobre la organización y preparación al examen. Para esta prueba únicamente el 60% de los estudiantes ingresan a la universidad y de estos un pequeño porcentaje entra a las mejores. En Corea del Sur algo similar ocurre, el examen nacional de ingreso a las universidades es la agenda comunicacional del día. Mientras que se presenta el examen, la dinámica de la economía cambia; la  bolsa de valores de Seúl y las tiendas abren horas más tardes para no entorpecer el tráfico del día y los aeropuertos cercanos son cerrados para no entorpecer la concentración de los estudiantes.

Mientras en otros países esto ocurre,        buena parte de la izquierda latinoamericana luce sorprendida         por el progreso científico y tecnológico. Pareciera no saber qué hacer. La izquierda ha sido poca cuidadosa en su afán de transitar al territorio desconocido de la "utopía". Y también ha sido irresponsable por no haber querido acudir a la racionalidad necesaria de estos tiempos y en su lugar, ha preferido utilizar la política de la “multitud” y relacionarla con valores de la democracia: justicia, igualdad, diversidad e inclusión.

La izquierda es buena, dicen ellos, porque es humanista e inclusiva. La primera es una virtud moral y la segunda un derecho ciudadano. Tamaña simpleza ha servido para hacer políticas de Estado orientadas a la creación de conocimiento y en consecuencia ha evitado que la región abandone por buen camino la pobreza y el subdesarrollo.

 

La izquierda ha sido inefectiva como lo fue antes la derecha, cuando en perspectiva vemos como  la región ha sido victima de la radicalización del un "oscurantismo científico y tecnológico". Los ciudadanos hoy poseen muy poca cultura política y una pobre percepción sobre el valor de la ciencia y la tecnología. Existe una escasa valoración del rol de los estudiantes, profesores, académicos e investigadores en la construcción de una economía moderna.

La izquierda no ha cambiado el escenario: la región todavía posee más estudiantes en las carreras de ciencias sociales y humanidades (cerca del 60%) que las carreras de ciencias naturales, ingeniería y tecnología (cerca del 20%). Y no únicamente eso, paradójicamente se ha aumentado el número de investigadores y ha disminuido la producción científica.

Temas tan relevantes como estos han sido influenciados en el campo de las decisiones políticas. Allí han sido más importantes las propias evidencias políticas que las evidencias científicas. Así las cosas, el acceso a la sociedad del conocimiento, en clave de izquierda, se mide porque ahora hay más universidades y más estudiantes en la educación superior; o porque hay más familias de menos recursos que ahora tienen acceso al sistema educativo. Pero no se mide con el rigor que supone crear mejor infraestructura para la enseñanza y mayor capacidad científica y tecnológica. 

La "multitud" parece ser el principio orientador de la izquierda para atender la agenda de la exclusión y la desigualdad, sin evaluar sus efectos en el origen de un nuevo tipo de marginación y aislamiento de sus ciudadanos y de sus países. La diversidad, se ha convertido en atributo generador de nuevas tensiones y conflictos, abandonando su espacio de historicidad y descuidando una estrategia de homogeneidad cultural para la creación coherente de nuevo conocimiento.

Otro nuevo tipo de marginación ha producido la izquierda; se han creado otras  desventajas en sectores de la sociedad y se han debilitado las instituciones. No obstante, la multitud como estrategia, es su buena amiga y coquetea con el poder.