• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

Al instante

¿Mejor privatizar?

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Si algo ha sido una característica del subdesarrollo, y asimismo de las crisis económicas que no dejan de ser cíclicas, es la ineficacia del Estado. Pero no solamente eso, también lo ha sido la simpleza con que se presentan las ideas para cambiar las cosas. En Venezuela, los antónimos parecen haber indicado la estructura del cambio para atender los problemas. Allí lo malo se borra si se pone lo bueno, y lo que pinte de negro mejor se pone de blanco. Vale decir, si el socialismo fracasó entonces impongamos el capitalismo, mejor el que ya conocíamos. Si el intervencionismo del Estado ha sido una estafa entonces volvamos al libre mercado y dejemos tranquilo al sector privado, él sabe hacer lo que el Estado no hizo bien. Si los economistas heterodoxos fracasaron buscando la utopía, entonces pongamos a los que parecen tener los pies sobre la tierra, a los neoclásicos.

Este menú es el que se ha puesto sobre la mesa por décadas convirtiéndose en la visión orientadora de los gobiernos de turno.

Por suerte, hablar hoy de privatización frente al intervencionismo ineficiente de los gobiernos de izquierda ya no resulta tan incómodo, ya no es un secreto. Tampoco lo es para los propios “gobiernos de izquierda”. Ellos sutilmente acarician la privatización y la ejecutan en proyectos de desarrollo conjunto con empresas internacionales, claro está, bajo otros principios; los de cooperar, compartir, colaborar y ayudar. Así las cosas, la izquierda se ha visto obligada a convivir con las prácticas de la economía del mercado, lo quieran o no. En todo caso, todo parece indicar que la privatización no es necesariamente una política errada y aquí las cuestiones de fondo continúan siendo el por qué y el para qué privatizar.

El nuevo dinamismo de la economía mundial y, naturalmente, considerando el marco de las opciones que Venezuela tendría para superar la crisis económica que enfrenta, no necesariamente plantea que deba existir un menor intervencionismo por parte del Estado. Por consiguiente, se renueva la discusión sobre si ante la ineficiencia del Estado en el manejo de las empresas públicas se justifica la privatización. Y es que muchas cosas han cambiado, ya el papel del Estado en la economía moderna caracterizada por la innovación no se limita por ejemplo al de negociar aranceles. Hoy, el Estado es capaz de intervenir eficientemente en la creación de normas reglamentarias para el comercio, derecho de propiedad intelectual de las empresas públicas y privadas, privacidad de datos y protección de inversiones, entre muchas otras cosas más.

Muchos opinadores e intelectuales que en Venezuela defienden la privatización olvidan que la situación actual que enfrentan tanto las empresas básicas de Guayana como Petróleos de Venezuela, no se debe fundamentalmente a la falta de inversión pública o al descuido en la gestión productiva, no. Tampoco se debe a que el Estado no haya tenido la capacidad suficiente de administrar el negocio de los productos que allí se generan, no. La razón  fundamental es otra. Al no existir en estas empresas una visión estratégica de mediano y largo plazo sobre el papel del Estado en el desarrollo tecnológico y la capacidad innovativa, no es posible reducir el rezago tecnológico y el recurrente abastecimiento de tecnología. Vale decir, no es posible garantizar el consumo interno y el despliegue dinámico y competitivo internacional. Nada de eso ocurrió aún y cuando el Estado contó –como nunca antes– con fondos para financiar y beneficiarse de la transferencia de tecnología, tanto de empresas internacionales como de la actividad de cooperación científica y tecnológica con otros países. En estas empresas la función científica y tecnológica fue prácticamente desmantelada.

El éxito económico que están experimentando actualmente muchos países radica en que el fortalecimiento y el desarrollo de sectores industriales está pudiendo ser garantizado principalmente por la intervención del Estado en cuanto al suministro, control y desarrollo de las capacidades de investigación y desarrollo tecnológico. Son innumerables los casos que han demostrado que el sector privado sin el acompañamiento del Estado no tiene la fortaleza ni la fuerza suficiente para promover y desarrollar tecnología.

En Venezuela otro intervencionismo estatal es necesario, no valen ni el de antes ni mucho menos el de ahora. Se requiere de un intervencionismo para la efectiva inversión pública en investigación y desarrollo, creación de nuevas áreas competitivas articulando al conocimiento de frontera, incentivos adecuados para la inversión privada y para la creación de puestos de trabajos bien remunerados.

Otro tipo de intervencionismo no es lo que se escucha. En el debate sobre un nuevo modelo económico no puede estar ausente el de la transición hacia el verdadero Estado que se requiere y en consecuencia responder a la pregunta: ¿cuál es el sector privado que necesitamos? Y esto es ya.