• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

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Falsas confesiones

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Tuvo que haber ocurrido una nueva crisis energética por los precios bajos del petróleo para que el gobierno se enterara, que es necesario diversificar la economía. Tuvo que volver de nuevo la sequía para que el mismo gobierno aceptara, que es necesario racionalizar la energía. Simples ejemplos, los cuales  denotan la debilidad (muy anormal) de la gestión gubernamental sobre los asuntos medulares que están cambiando la dinámica económica y social en el mundo, y está cambiando la vida de todos nosotros.

Ahora bien, no es tan dañino que el gobierno haya subestimado tamaña  realidad. Peor es, y también muy penoso, el hecho de que se intente justificar las consecuencias negativas de estos hechos. Primero, por una supuesta guerra energética propiciada y muy bien pensada por los Estados Unidos para debilitar la supuesta revolución recortando dramáticamente su capacidad financiera, y segundo por los efectos del cambio climático representado en el fenómeno de “El Niño” y que han impactado exponencialmente en el abastecimiento de agua.

Lamentable es, que no precisamente la sociedad venezolana a estas alturas sea inmune a tan débiles argumentos.

El gobierno pretende esconder que las emisiones de sustancias tóxicas al medio ambiente por parte de las empresas productoras de petróleo – y Pdvsa no es la excepción –  están también afectando a la economía mundial y lógicamente el cambio climático. Ya es sabido que 2016 será un año más caliente en comparación con 2015. Esconde que las consecuencias de esta realidad seguirán dictando las transformaciones en el campo energético abrazado del desarrollo científico y tecnológico. Patrones tecnológicos de la cuarta revolución industrial como la física, la biología y los dominios digitales serán desarrollados por países grandes y países pequeños para responder ante esta nueva dinámica. Esconde que el consumo de los combustibles fósiles en el mundo tienden a la baja y por lo tanto, afecta la demanda. Esconde que el actual enfrentamiento de los precios del petróleo entre Arabia Saudita y Estados Unidos de dominar el mercado se intensificará y en consecuencia, los precios del petróleo y del gas seguirán a la baja en un futuro previsible. Esconde que las energías renovables están estableciendo nuevos registros y esto lo demuestra el número de nuevos empleos que se están creando (6 millones en el 2012 a 8 millones en el 2014). China y Estados Unidos han generado una muy buena parte de estos empleos y luego Alemania con una cuota importante en la energía solar de más de 370 mil nuevos empleos. Esconde que después de la Cumbre Climática en París en el 2015 un grupo de 20 países incluyendo los Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, India, China y Brasil acordaron duplicar la inversión en energía renovable en $20 mil millones al año sin sumar la creación de un fondo (también de $20 mil millones) creado por empresarios como Bill Gates, Mark Zuckerberg, y Jeff Bezos con el propósito de respaldar la investigación científica en el campo de las energías renovables.

Así las cosas, no debiera extrañar que Suecia pretenda no consumir más petróleo para el 2050, ni siquiera para el funcionamiento de la industria pesada y la industria de transporte. Tampoco para el uso de la calefacción. Al contrario, el país se ha planteado sostener toda la demanda de electricidad a través de las fuentes energéticas renovables. De hecho, más de dos tercios de su electricidad se genera por este tipo de energía. Alemania, por su parte, importó combustible fósil en el 2014 con un valor de €80,5 millones en comparación con los €93,9 millones en el 2013, lo cual expresa claramente que el país se hace cada vez menos dependiente de ellos. Alemania ha reducido significativamente el consumo de energía a un 4,7%. Francia, emprende un proyecto de energía solar de mil kilómetros para abastecer de energía a más de cinco millones de habitantes. En general, Europa, hace importantes inversiones millonarias para mejorar la infraestructura energética y el desarrollo de energías renovables. En el caso de Estados Unidos, se ha intensificado el desarrollo de nuevas plantas solares. El proyecto solar Blythe Mesa en el desierto de California es un ejemplo de ello. Se trata, de una de las plantas solares más grandes del mundo que  desplegaría decenas de miles de paneles solares. China, quien se ha comprometido a utilizar combustibles no fósiles en 20% de su consumo de energía en el 2030 está aplicando políticas muy agresivas para reducir las emisiones de dióxido de carbono sin impedir el crecimiento económico en las venideras tres décadas. El país en su afán de lograr la “sociedad modestamente acomodada” en el 2050, es ya potencia mundial en la instalación de energía fotovoltaica. Su capacidad aumentó en 43,18 gigavatios a finales del 2015, más de un 50% que en el 2014.

Hasta los países menos desarrollados y con limitaciones elocuentes en sus finanzas como los del África están haciendo esfuerzos importantes. Allí la crisis energética y el cambio climático se están conformando en escenarios para avanzar en la producción energética baja en carbono y para ser aprovechados en la creación de nuevos patrones de crecimiento económico. Los préstamos, la colaboración internacional y la participación del sector privado están actuando como catalizadores para la infraestructura masiva y el aumento creciente de la demanda del consumo de energía renovable en los próximos diez años. Por lo tanto, no sorprende que Marruecos, país que importa aproximadamente el 97% de la energía que consume, se haya propuesto para el 2018 con ayuda del Banco Mundial, la construcción de la mayor planta solar termoeléctrica cerca de la ciudad de Ouarzazate y así abastecer a más de un millón de viviendas y reducir emisiones de carbono en 760 mil toneladas al año. Con el proyecto se espera aumentar la cuota de energía renovable en la generación total de la electricidad del 13% al 42%. Otro proyecto de gran impacto es el que realizan China y Pakistán, construyendo la planta solar más grande del mundo y la primera en Pakistán a través de la empresa Xinjiang SunOasis. El proyecto que concluiría en el 2017 alcanzaría 5,2 millones de células fotovoltaicas y produciría cerca de 1.000 MW de energía eléctrica, con lo cual se lograría abastecer a más de 320.000 familias. Con este proyecto se estaría desplazando cerca de 57.500 toneladas de carbón. En América Latina, a parte de los esfuerzos que particularmente Brasil viene realizando en este campo, destaca la reciente inversión del gobierno de Bolivia para construir en el Departamento Altiplánico de Oruro la planta de energía solar más grande de Bolivia con apoyo financiero del gobierno francés ($65,5 millones) y una donación de la Unión Europea ($10 millones de dólares).

Está claro, Venezuela está encerrada en el imaginario económico del siglo XX, y no ha podido darse cuenta que el declive de la industria energética nacional y la contaminación atmosférica bajo la ignorancia y la irresponsabilidad gubernamental están provocando un colapso sistémico en la sociedad. No sucumbir ante el gasto inefectivo del dinero público y evitar adaptarse a la lógica inexorable del valor social y económico del conocimiento, es inútil.