• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

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Ecuador, la técnica de Shackleton y las malas noticias

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Hay casos en que el más incontestable de los éxitos sucede a la noción de un escandaloso fracaso. La gesta de sir Ernest Shackleton en 1914 con el buque Endurance fue un intento de alcanzar el objetivo de llevar a buen puerto la expedición más ambiciosa al Polo Sur. Se quiso hacer historia con una expedición pionera. Fue un ambicioso proyecto que no pudo conseguir siquiera alcanzar la costa antártica. Sin embargo, Shackleton demostró al mundo su mérito de mantener con vida a toda la tripulación y devolverlos a sus hogares en Inglaterra. Fueron sus magistrales estrategias de “adalid” (fundamentalmente la capacidad de adaptación) las que marcaron la diferencia entre la vida y la muerte.

La política de ciencia, tecnología e innovación del gobierno de Ecuador, ahora, indiscutiblemente, reimpulsada por una visión más consistente y sostenida, ha marcado una importante diferenciación en el contexto de los esfuerzos que en ese campo realizan el resto de los países de América Latina. Este país es observado con mucha atención por parte de académicos y políticos y ha despertado enormes expectativas sobre la posibilidad de que países subdesarrollados que han sobrevivido gracias a la exportación de materia prima, con pobre desempeño en innovación, poca capacidad científica y tecnológica y que han sido carentes en su contribución en la frontera científico-tecnológica ahora quieran transitar hacia un modelo económico basado en el “dominio del conocimiento”.

Los opinadores dentro y fuera de Ecuador parecen desbordados por la euforia, mostrando números y refiriendo con poco cuidado lo bueno de las políticas desarrolladas por el presidente Correa. Ciertamente, son esfuerzos importantes que desean suplantar un modelo económico que dependa más de las capacidades de innovación que de las fallas del mercado. No obstante, la historia de los países de la región, en el campo de la política de ciencia y tecnología, ha permitido constatar la enorme diferencia que existe entre éxito y optimismo. Incluso, en ambos casos, ha habido suficientes experiencias, que han dejado un muy mal sabor, políticas que han terminado siendo un gran fracaso.

¿Tiene Ecuador razones para decretar el éxito?

Sin contar aún con los datos de 2012-2014, los números oficiales de 2009 a 2011 muestran el esfuerzo que este país viene haciendo en el campo de la inversión en ciencia, investigación e innovación. La inversión se ubica en aproximadamente 1.210 millones de dólares; 269 millones de dólares a la actividad de investigación y desarrollo (I+D) y casi 43 millones de dólares a las de ciencia y tecnología. Otros 898 millones de dólares han sido para actividades propiamente de innovación. Esta inversión acerca Ecuador paulatinamente a 1,5% respecto a su PIB. Si nos referimos a los esfuerzos que ha hecho el país en cuanto a tipos de investigación encontramos que la investigación aplicada está cerca de 74%, la investigación básica, 18,4%,  y la investigación de desarrollo experimental un poco más de 8%. Asimismo, se destacan los esfuerzos en la inversión en I+D en áreas como las ciencias naturales y exactas, ingeniería y tecnología y ciencias agrícolas en 32,9%, 25% y 22,3%, respectivamente. El país posee 3.743 investigadores, sin sumar los casi 300 becarios y el resto del personal que se dedica a actividades de ciencia y tecnología, lo cual haría una suma cercana a 8.000 personas. Otros datos arrojan que las empresas ecuatorianas han generado un número importante de innovaciones (36,21% de producto, 36,88% de procesos, 21,35% de comercialización y 20,94% de tipo organizacional). El sector que más ha impactado la economía ha sido el sector servicio, que cuenta con importantes fuentes de inversión fundamentalmente del gobierno, el capital extranjero y la banca privada.

Otros esfuerzos a destacar son la creación del Parque Tecnológico Yachay, en un área de 4.270 hectáreas con una inversión de más de 20.000 millones de dólares. Este proyecto ha sido concebido como un centro piloto para promover la investigación científica y la generación y difusión del conocimiento. Asimismo, el Programa Prometeo ha permitido la colaboración científica internacional, que se ha venido desarrollando con un poco más de 950 proyectos aprobados (datos oficiales febrero 2015), dándole prioridad a las áreas de ciencia básica y producción e innovación. Con la educación superior los resultados en términos generales han sido relevantes; entre los años 2006-2013 se han invertido cerca de 7.348 millones de dólares. No menos importante ha sido el nuevo andamiaje institucional para fortalecer y orientar la política del conocimiento (Plan Nacional para el Buen Vivir, el Proyecto FLOK Society y el actual proyecto de ley Código Orgánico de la Economía Social de los Conocimientos, Creatividad e Innovación).

Este conjunto de logros coinciden ciertamente con una investigación reciente: El Estado de la Ciencia en Iberoamérica, la cual confirma que Ecuador es actualmente el país que mayores esfuerzos está haciendo en el campo de la investigación (325%) en comparación con países como Uruguay (81%), Colombia (74%), Argentina (47%), Chile (36%), Costa Rica (24%), México (22%) y Brasil (19%).

Si esto es así ¿hay razones para malas noticias? Lamentablemente, sí.

Lo primero es que la política de Ecuador no puede ser catalogada aún como exitosa. Las razones objetivas se imponen: el efecto de la inversión en I+D requiere de cierto tiempo para evaluar su real impacto. Tampoco es verdad que el correlato de un mayor esfuerzo en inversión en I+D generará más y mejores científicos, publicaciones y patentes. Es falso que una nueva adecuación del Sistema Nacional de Innovación y una nueva infraestructura legal disminuya el problema histórico de “demanda estructural del conocimiento” que se produce en las universidades; también lo es el que se piense que dicho sistema modifique adecuadamente y en la práctica el papel del Estado en la promoción y fomento de la innovación. El sistema tampoco asegura que habrá una retribución al Estado por su inversión.

Estos esfuerzos no significan que el país genere nuevos patrones de crecimiento y dependa menos de los que tiene, utilizando en el largo plazo la tecnología de frontera e integrando todos los tipos de investigación y renunciando a los modelos lineales de la innovación. Tampoco suponen que ocurrirá una sustitución del modelo convencional de transferencia tecnológica adoptado por estos países desde los años noventa, el cual ha impedido reconocer la necesidad de fomentar tipos específicos de capacidades científicas y tecnológicas y asimismo reducir la dependencia extranjera. Más importante aún es reconocer que existe una debilidad histórica en países como Ecuador, lo cual no les permite decretar el fin de una cultura tecnológica y el comienzo de otra. Eso no es posible.

Quizás la peor mala noticia no lo es tanto la dependencia del ingreso que da el precio de las materias primas. Más bien, es la brecha científica y tecnológica de nuestros países con los países más avanzados. Y ello no es un abstracto, es algo concreto y es real. Y esa brecha afectará por muy largo tiempo la competitividad de muestras economías y no evitará que seamos parte del final de la “cola”. Reducir esta brecha es un camino interminable y por lo tanto debe convertirse en política de Estado de muy largo plazo. Por lo tanto, es necesario crear y desplegar capacidades de investigación en el campo del pensamiento de la propia política del conocimiento.

La técnica de Shackleton tiene sentido. Formularend